30 mar 2016
Pecados originales
7 ene 2013
El conflicto eterno
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12 abr 2012
Lo que hay que decir

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor...
digo lo que hay que decir.
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.
25 feb 2011
EE.UU. e Israel
He colocado como ilustración de este artículo una pintura de John Gast, artista americano del XIX, que representa a Columbia, imagen idealizada de mujer que, como la Marianne francesa en el país galo, ésta simboliza a la nación americana avanzando hacia el O., sembrando la civilización y el progreso (colonos, telégrafo, ferrocarril) y empujando hacia las tinieblas a los animales salvajes y a los indios. Es la apoteosis del destino manifiesto teoría de raíces religiosas por la que los norteamericanos han sido señalados por el dedo divino para civilizar América y ocupar como pueblo elegido todo el solar continental desplazando a las razas inferiores, entre las que además de los amerindios están los latinos. El paralelismo con el Israel bíblico es evidente y a los piadosos americanos no se les escapa.
El proceso que en Palestina se ha llevado a cabo durante el siglo XX de penetración de colonos judíos primero y ocupación masiva y militar después, desplazando a la población palestina hasta la penosa y trágica situación actual, es vista por una parte sustancial de la ciudadanía americana, imbuida del mensaje bíblico, como la consecuencia natural y deseable de una situación aberrante, como la consumación del deseo divino para con el pueblo elegido. Además, ¿acaso ellos no han protagonizado en sus orígenes el mismo episodio, repitiendo, como en un ritual, el protagonizado por los primitivos hebreos?
Sin duda los grupos judíos en USA controlan algunas posiciones clave en la economía, la cultura y la sociedad americanas formando un lobby influyente; también es verdad que el antisemitismo es una realidad en una sociedad tan racista como la americana, lo que pugna en sentido contrario; pero, este sentimiento que he tratado de explicar arriba y que tiene su origen en los inicios de la nación americana, transformados en relato mítico, es a mi juicio la única explicación al extraño fenómeno del compromiso inconmovible del Estado americano con Israel frente a los palestinos. La falta de una explicación lógica para tan conmovedora solidaridad se debe a que las razones son de carácter místico, pertenecen a la categoría de los mitos, de las creencias religiosas, en una amalgama que mezcla el nacionalismo con el fundamentalismo religioso y que genera simpatía hacia un pueblo en el que históricamente se miraron como en un espejo: «Ninguna nación tiene el derecho de expulsar a otra, si no es por un designio especial del cielo como el que tuvieron los israelitas[…] En este caso tendrán derecho a entablar, legalmente, una guerra con ellos así como a someterlos», escribía el pastor puritano John Cotton aleccionando a sus compatriotas colonos en 1630.
2 may 2009
Del sueño a la pesadilla
En 1909, hace ahora un siglo, un grupo de jóvenes judíos inmigrantes se establecieron y desecaron pantanos cerca de Hedera donde fundaron el primer kibutz (en hebreo «grupo» o «agrupación», término modesto que encierra el significado más apropiado de «comuna»). Les movían dos utopías: el sionismo (creían regresar a la «tierra prometida») y el socialismo (aspiraban a crear una nueva sociedad bajo el principio: «de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades». El kibutz Degania, ese era su nombre, fue pionero en un movimiento que creció con rapidez; hacia la Segunda Guerra Mundial había en Palestina más de 30 de estas comunidades. Fueron uno de los instrumentos más eficaces en el nacimiento de Israel, estableciéndose en lo que serían las fronteras del nuevo Estado y sirviendo de catalizadores de la inmigración sionista. Eran portadores de un sueño compartido por millones de judíos: dotarse de un nuevo hogar y una nueva sociedad construida bajo los principios de la igualdad, la cooperación y la justicia. Pero en el sueño anidaba el germen de una pesadilla: el paraíso previsto ignoraba por completo a los palestinos, entre los que se insertaban, y a cuyos terratenientes compraban las tierras con dinero procedente del sionismo internacional. No es un punto de vista, son los hechos.
Los kibutzim (plural de kibutz) eran sociedades cooperativas donde no existía la propiedad privada, sus miembros recibían igual salario independientemente de la labor que realizaran, y pretendían ser autosuficientes, dotándose de los servicios necesarios, educación , sanidad etc. El Estado de Israel, nacido en 1948, no entró en contradicción con ellos, antes bien, consciente de su deuda, apoyó y estimuló su creación y consolidación; algunos de los grandes estadistas de la primera época fueron kibutzianos, como Golda Meir o Ben Gurión; además, el socialismo era una sólida corriente política en aquellos primeros tiempos de la nueva nación.
Los kibutzim, asentados en un ambiente de agricultura tradicional de subsistencia, pero aislados de él y con un fortísimo anhelo de innovación, estimulados por la conciencia de estar creando algo nuevo, desarrollaron con rapidez técnicas modernas que se pusieron a la cabeza de la agronomía mundial en muchos aspectos. Produjeron la sensación de estar transformando un desierto en un vergel y se convirtieron en exportadores de sistemas, utensilios y productos de las nuevas técnicas y de sus campos. En el mundo de los años sesenta, consumidor de tantas utopías, ésta no fue de las menos estimulantes.
En los años ochenta la crisis económica (la inflación israelí superó el 400%) arruinó y liquidó a muchos kibutzim, pero además, el declive del socialismo con la debacle de la URSS, que, por cierto, se había alineado con los países árabes en la confrontación araboisraelí, quebró una de las patas en que se asentaba el movimiento. A la vez el Estado de Israel derivaba hacia posiciones más derechistas y conservadoras siguiendo el impulso de los tiempos y el empuje creciente de los movimientos religiosos. Los kibutzim desaparecían por docenas o se transformaban radicalmente.
Hoy el kibutz Degania es una empresa privada, otros muchos son simples asentamientos de colonos de los miles que han proliferado como hongos en tierras palestinas arrebatadas por la guerra y la expulsión violenta a sus moradores palestinos, cuyas casas (25.000) han sido voladas. En su oferta al exterior Israel también ha cambiado: los artilugios para el riego, que antes vendía, han sido sustituidos por otros de guerra o de represión policial (60% del valor de sus exportaciones); los sistemas de explotación agrícola y los métodos de industrialización local, que eran observados e imitados en medio mundo, suplantados por las tácticas de guerra en ambientes densamente poblados y procedimientos eficaces de apartheid.
Aquello fue un sueño, esto una pesadilla.
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En la ilustración los fundadores del kibutz Degania, 1910.
28 ene 2009
Palestina, tres testimonios y un mapa

"El alto comisionado británico para Palestina, John Chancellor, reinició la suspensión total de la inmigración y de la compra de tierras por parte de judíos para proteger a la agricultura árabe. Dijo que 'toda la tierra cultivable está ocupada; que ninguna tierra cultivable en posesión actual de la población indígena, puede ser vendida a los judíos sin crear una clase de agricultores árabes sin tierra'... La Oficina Colonial rechazó la recomendación."
2) Ghandi habla sobre el Conflicto Palestino en 1938
Mahatma Ghandi, citado en Un país para dos pueblos, ed. Mendes-Flohr.
3) Ben Gurión se expresa sin ambages sobre el significado de la ocupación.
"En 1936-9 los árabes palestinos realizaron un levantamiento nacionalista... David Ben-Gurión, eminentemente realista, reconoció su naturaleza. En la discusión interna, indicó que «en nuestra argumentación política en el exterior, minimizamos la oposición árabe contra nosotros», pero exhortó a que, «no ignoremos la verdad entre nosotros mismos». La verdad era que «políticamente somos los agresores y ellos se defienden... El país es suyo, porque ellos lo habitan, mientras que nosotros queremos venir aquí e implantarnos, y desde su punto de vista nosotros queremos arrebatarles su país, mientras aún estamos en el exterior...» La sublevación fue aplastada por los británicos, con considerable brutalidad."
Noam Chomsky: El triángulo fatídico.
4) El mapa.

25 ene 2009
Origen del conflicto palestino

Foreign Office,
2 de noviembre de 1917.
Estimado Lord Rothschild:
Tengo el placer de dirigirle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él.
«El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina ni los derechos y el estatuto político de que gocen los judíos en cualquier otro país.»
Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista.
Sinceramente suyo,
Arthur James Balfour.
¿Cuál era la situación en este momento? ¿Por qué esta carta? ¿Por qué la decisión del gobierno británico?
En noviembre de 1917, fecha de la carta, faltaba justo un año para que terminara la Gran Guerra con la capitulación alemana, y la derrota de Austria Hungría y de Turquía. Hacía sólo unos meses –desde abril– que EE.UU. había entrado en el conflicto. Alemania y Francia aspiraban a hacerse con las provincias turcas de Oriente Medio, entre ellas Palestina; de hecho existían contactos franco británicos para el reparto de toda la zona –en contra de las promesas a los árabes por intermedio del general Allemby y su subordinado “Lawrence de Arabia”.
En la primavera de 1917 "Londres informaba a los sionistas que su toma de posición en favor de un mandato británico en Palestina sería muy apreciada". Los contactos entre Balfour, secretario del Foreing Ofice, y destacados sionistas (Waizman, Rostchild) fueron intensos y numerosos, pero tardaron en cuajar por la dura oposición de otros judíos no sionistas (Montagut, también ministro británico) que veían más problemas que ventajas en el proyecto de Palestina. La actitud filobritánica de la mayoría, o lo más destacado, del movimiento sionista indujo la respuesta del gobierno de Lloyd George, otorgando la declaración Balfour –con algún párrafo (no se hará nada… que pueda perjudicar…) debido a la oposición Montagut.
Pero ¿qué esperaba sacar Gran Bretaña de este compromiso exactamente? Dos cuestiones fundamentalmente: 1) de modo inmediato se trataba de "conseguir el apoyo del pueblo judío, de otras naciones en lucha y de países neutrales, como Estados Unidos, a la causa aliada durante la I Guerra Mundial "–cuestión que no dejaría de tener importancia en la deriva antisemita de la Alemania de posguerra–; 2) como objetivo a largo plazo se trataba de la importancia estratégica de Palestina en las rutas marítimas y terrestres hacia la India, vital para Gran Bretaña, y su posible utilización como terminal de los oleoductos procedentes de los campos petrolíferos de Oriente Próximo, que en esta fecha ya apuntaban su inmenso valor futuro.
El 24 de julio de 1922 la Sociedad de Naciones (precedente de la ONU) incluyó la declaración en el mandato por el que se establecían las condiciones con las que se confiaba al Reino Unido la administración temporal de este territorio en nombre de árabes y judíos. En esa fecha la población del territorio era multiétnica, con mayoría absoluta árabe; los judíos, cuya número había aumentado considerablemente desde finales del s. XIX por la inmigración desde comunidades de Europa oriental, era del 11%. Desde entonces esta proporción no hizo más que cambiar a favor de los judíos, por un doble proceso de adquisición de tierras, de las que se expulsaba a sus cultivadores palestinos, y el asentamiento de colonos judíos. La revuelta árabe de 1936 no logró detener el proceso. En 1948 se declaró la independencia del Estado de Israel, consecuencia directa de la declaración Balfour, y terminó el mandato británico.
9 ene 2009
La ceguera en Palestina

Es una evidencia que el gran error originario fue la creación del Estado de Israel y el traslado de millones de personas desde todas partes del mundo a la nueva tierra prometida, cumpliendo el deseo de los ultras sionistas, que ellos mismos imaginaban utópico, arrinconando, en el mejor de los casos, a la población palestina, y todo por el sentimiento de culpa de occidente en el trato histórico con los judíos. Pero no quiero referirme a esto. El Estado de Israel existe, es ya un hecho sin vuelta atrás. Partiendo de ahí, habría que haber desarrollado políticas que hicieran posible a los palestinos y a los musulmanes del entorno asimilar la nueva situación; pero ha ocurrido todo lo contrario: se ha abusado hasta la nausea de la fuerza bruta y las políticas que la han acompañado han sido de una torpeza increíble, con el resultado de una progresiva radicalización del conflicto y de las actitudes de unos y otros.
El tándem Israel-USA ha logrado, usando del Mossad y de la CIA –reputados como los mejores servicios secretos del mundo–, sustituir a un interlocutor laico, racional, duro, pero dispuesto al dialogo, por dos movimientos pétreos en su fundamentalismo, incapaces de negociar porque Dios sólo tiene una palabra y al parecer ya la pronunció hace unos mil cuatrocientos años. Una y otra vez el mismo error, nada más despuntar un movimiento laico en el mundo árabe todos, incluidos occidentales poderosos, parecen ponerse a trabajar para sustituirlo por algo religioso y fundamentalista: Jomeini en Irán –con qué satisfacción contempló USA la matanza de los izquierdistas que habían colaborado en la revuelta contra el Sha –; el apoyo a los talibanes contra la URSS, que sostenía un régimen comunista en Afganistán; la guerra de Irak que ha derribado uno de los pocos regímenes laicos de la zona –ya no queda más que Siria–; y el caso de Fatah.
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En la fotografía: Isaac Rabín, Bill Clinton y Yasir Arafat en las negociaciones de paz de 1993.
3 ene 2009
El interregno
El rey ha muerto, viva el rey. He aquí la fórmula con la que el ordenamiento británico describe la necesidad de que la corona no quede vacante tan siquiera un momento. A todo lo largo de la historia hay infinidad de ejemplos de lo temibles que pueden ser estos periodos, entre la desaparición del soberano y la llegada del nuevo rey. Por eso se prefería entronizar a un niño, si es que el heredero no había alcanzado la edad requerida, antes que dejar el trono vacante. El vacío de poder traía toda suerte de amenazas y males.
En los estados modernos, en los que prevalece el derecho, cuya fuente es el pueblo soberano, no el rey, la ley prevé estos casos, permitiendo una sucesión ordenada. Aún así, siempre se procura que ese periodo sea lo más corto posible, porque el mandatario saliente, ya en funciones, carece de la autoridad necesaria para hacer frente a problemas que no sean de trámite.
Estados Unidos tiene, en cambio, un modo de hacer el relevo muy diferente. El texto constitucional, elaborado en el XVIII, contempla una transición que va de primeros de noviembre a finales de enero, ¡casi tres meses!. Sin duda en las fechas en que se redactó era un procedimiento funcional, en un país de enormes distancias que inauguraba una república, a cuyo mandato podía acceder cualquier ciudadano libre. Era preciso dar tiempo suficiente para que el elegido se deshiciera de sus obligaciones habituales y se instalara en la capital, quizás a miles de kilómetros. Hoy es un absurdo.
Cuando Franco agonizaba, pero ni él ni sus allegados estaban dispuestos a que cediera el omnímodo poder que ostentaba, Hasan II aprovechó para organizar la Marcha Verde sobre el Sahara Occidental a sabiendas de la escasa capacidad de respuesta de España en ese momento. Los interregnos son momentos ideales para este tipo de oportunistas.
El brutal ataque a Gaza ordenado por el gobierno israelí tiene sin duda ese componente. Hay por supuesto otros, como la proximidad de las elecciones en Israel y la necesidad del actual gobierno de no ceder votos en manos de los fundamentalistas; pero el interregno americano ha ofrecido, según todos los indicios, la oportunidad de oro. La ola de protestas desatada en el mundo importa poco en Tel Aviv, están acostumbrados a oponerse a la mayoría de la opinión mundial, a hacer caso omiso de los mandatos de la ONU, etc. Lo único que podría frenarles sería una actitud firme de EE.UU. y, en este momento, tienen garantizada su inacción. Obama tendrá que enfrentarse a unos hechos consumados y a un grave problema nada más comenzar su mandato.
Claro que también hay quién dice que le han hecho un favor con haber lanzado el ataque ahora y no cuando ya estuviera en la Casa Blanca. Los peor pensados hasta especulan con que el nuevo mandatario podría haber aceptado implícitamente esta solución como la mejor porque lo deja libre de sospechas de colaboración y podría dar comienzo a su mandato con la gestión de la paz o, al menos, de cese de hostilidades. De hecho lo que más se ha oído estos días, sobre el ruido bestial de la guerra, es el estruendoso silencio de Obama.
Seamos mal o bien pensados, lo objetivo es que los interregnos son peligrosos, como siempre se supo. Si no existiera el americano, o hubiera sido más corto, es posible que todavía vivieran los cuatrocientos palestinos masacrados. Quizás eso no importe a nadie.


