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8 mar 2019

UNA FEMINISTA DE AYER

Olympe de Geouges
El primer feminismo nace con la Ilustración en el siglo XVIII, antes de que se inventara el apelativo con el que lo designamos hoy. Su primera manifestación espectacular y dramática fue protagonizada por Olympe de Geouges, una burguesa de Montauban, establecida en París con su hijo, después de haber enviudado. Allí se dio a conocer en los salones literarios, pero por sus convicciones abolicionistas, escribió varias obras contra la esclavitud, fue encarcelada en la Bastilla mediante una letre de cachet (instrumento discrecional de que se valía la monarquía absoluta para reprimir la oposición política al sistema). Al fin pudo ser liberada por las gestiones de sus amigos. Iniciada la revolución publicó una Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791), parafraseando la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada por la Asamblea Constituyente en 1789. La de Olympia comenzaba con una pregunta provocadora:
Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te hace esta pregunta.
El articulado de su Declaración rezaba así:
I. La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos.

II. El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.

III. El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos.

IV. La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer solo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.

V. Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y divinas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.

VI. La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos.

VII. Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.

VIII. La Ley solo debe establecer penas estrictas y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.
 
IX. Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.

X. Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.

XI. La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece, sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.

XII. La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.

XIII. Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.

XIV. Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no solo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.

XV. La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.

XVI. Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.

XVII. Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.
EPÍLOGO. Mujer, despierta; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación. El hombre esclavo ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las tuyas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres! ¡Mujeres! ¿Cuando dejaréis de estar ciegas? ¿Qué ventajas habéis obtenido de la revolución? Un desprecio más marcado, un desdén más visible. [...] Cualesquiera sean los obstáculos que os opongan, podéis superarlos; os basta con desearlo.

Fue una activa revolucionaria que simpatizó con los girondinos, opción moderada y federalista propia de la burguesía liberal que abundaba en las grandes ciudades portuarias de Francia. Durante el Periodo de la Convención Nacional su defensa de los girondinos, sometidos a la represión jacobina, y su oposición a la ejecución del rey le valió la cárcel, esta vez por orden del Comité de Salvación Pública que dirigía Robespierre, y la guillotina inmediatamente después (1793). Sólo hacía dos años que había publicado su famosa Declaración. 


Los intentos de apropiación del movimiento feminista, tan exultante hoy, por las diversas tribus políticas resultan ridículos si se mira hacia atrás.

25 jun 2018

Manadas y jaurías


En las numerosas y contundentes protestas contra la sentencia y el auto de excarcelación de los componentes del grupo de energúmenos autodenominado “la manada”, se ha puesto en entredicho la actuación de los magistrados, al sistema judicial entero y a la legislación vigente sobre delitos sexuales. De pronto descubrimos que hay que poner patas arriba el Código Penal, la formación de los magistrados y no sé cuántas cosas más. Sin embargo, sorprendentemente, apenas si se oye a nadie reclamar que se cambie la ley de jurado para que la ciudadanía, por intermedio de esa institución, pueda entender en delitos contra la libertad sexual, que hoy no figuran entre los que son de su competencia.

El derecho de los ciudadanos a participar en la administración de la justicia está reconocido en la Constitución; sin embargo, no se desarrolló hasta la tardía fecha de1995, lo que da fe de la dificultad de aggiornamento que padeció la justicia española en la Transición. Recuerdo —recurro a mi memoria porque no tengo a mano otras pruebas que aportar— que en el debate que se generó se discutió sobre la conveniencia de sustraerle los delitos sexuales por la emocionalidad que generan, lo que sería un grave obstáculo para la objetividad y ecuanimidad que deben campear en la justicia. El resultado fue que, junto con ciertos delitos económicos complejos, los sexuales quedaron excluidos. En cambio, el homicidio sí que se incluyó sin discusión desde el primer momento, seguramente porque no escandaliza tanto, digo yo ‒al fin y al cabo somos herederos de los que, en los dramas calderonianos, mataban por la honra familiar, aquella que solía residir bajo las faldas de las mujeres.

Naturalmente no han faltado los problemas porque no es infrecuente que homicidio y agresión sexual se den unidos en el tiempo, el espacio y la intención: en el caso Carcaño el instructor descartó el jurado porque entendió que la intención principal fue la agresión sexual, coincidiendo con los deseos de la defensa, que entendía que el jurado estaría lastrado por la carga emocional que ya pesaba sobre la sociedad por las circunstancias y la difusión del caso —es posible que el reo se autoinculpara de violación precisamente para lograr esta decisión del juez—; en el proceso contra “el Chicle”, en cambio, se ha optado por el jurado porque ya previamente ha habido un pronunciamiento del Tribunal Supremo favorable a su competencia en estos casos de coincidencia delictiva.

Volviendo a la cuestión inicial, es evidente que nos habríamos ahorrado descalificaciones generalizadas sobre la justicia así como presiones intolerables y agresiones a la integridad moral de los miembros del tribunal si la sentencia hubiera sido emitida por nueve ciudadanos constituidos en jurado, de los que la mitad, más o menos, hubieran sido mujeres. Seguramente los que estén de acuerdo con que los delitos contra la libertad sexual permanezcan fuera de las competencias del jurado alegarán el clima de exaltación emocional que se ha generado como argumento suficiente para desechar un cambio; pero ¿Podemos descartar que esa emotividad haya afectado a la imparcialidad de los magistrados y va a seguir sin perturbar a los que resuelvan los recursos? ¿No se ha agravado el rechazo social después de conocerse la sentencia? ¿No es demasiado fácil, y hasta casi tentador para algunos, tildar de machistas, y hasta de prevaricadores —un grupo feminista ha adelantado que se querellará contra los magistrados—, a tres miembros de un tribunal que siempre podrán ser culpados de no conectar con el sentir del pueblo desde su atalaya institucional?

El jurado siempre podrá ser sospechoso de no actuar con la precisión exigible de un tribunal, cuando los casos trasciendan el ámbito de los implicados y de los lugares en los que se sustancien, pero quizás sea el tributo a pagar por tener la fiesta en paz; aunque, no me engaño, nunca nos liberaremos del todo ni de manadas ni de jaurías.

2 jun 2016

El cardenal que regresó del pasado

Cañizares dixit: "esto [la familia, la vida] es lo que destruye la ideología más insidiosa y destructora de la humanidad de toda la historia, que es la ideología de género, que tratan de imponernos poderes mundiales (feminismo, ‘imperio gay’ que dice en otro lugar) más o menos solapadamente con legislaciones inicuas, que no hay que obedecer"

De quien se ha educado en la creencia de que unos textos escritos hace entre dos mil setecientos y dos mil años constituyen la guía básica e irrefutable para la humanidad en su comportamiento moral y organización social, no puede decirse que esté al loro sobre los caminos de la sociedad moderna y, mucho menos, esperar que los acepte alegremente. Todo ello sin entrar a considerar el bosque de contradicciones que tales textos presentan (múltiples autores movidos por intereses diversos y condicionados por circunstancias variadísimas surgidas a lo largo de casi un milenio), y su imposible traslado a la mentalidad contemporánea, cuadratura del círculo en la que se empeñan los mil y un credos de esa raíz que pululan por el mundo. El señor Cañizares, Arzobispo de Valencia y cardenal, se encuentra en esa tesitura.

16 may 2014

Del Corán y de los derechos humanos

El asesinato es universal. Que una secta política o religiosa, o ambas cosas a la vez, lo practique para sembrar el terror, puede decirse, con las reservas que se quiera, que entra dentro de la normalidad. De sobra estamos ‘acostumbrados’ a ello. Todos los terroristas del mundo lo hacen, con las variantes o con la ligereza o contención que marquen las circunstancias. Sin embargo el terror también tiene límites. Los impone la cultura, entendida como el conjunto de convenciones que una sociedad se impone, fruto de su experiencia histórica. Ni el más loco de los terroristas osaría violarlos, so pena de perder todo apoyo, incluso el condicionado por el terror.

13 ene 2014

¿Mujeres o hembras?

En el ámbito rural, la generación anterior a la mía usaba con frecuencia “hembra” y “macho” (los hombres a veces eran "varones") para designar a las niñas y niños que una madre había engendrado (“he tenido tres hembras y un varón”). Quizás la costumbre era producto de la convivencia con los animales domésticos. Lo cierto es que esos términos hacen referencia al sexo de los animales, entre los que se incluye al hombre. Pero para los seres humanos la lengua tiene términos específicos: mujer y hombre o varón porque hombre se usa como genérico de la especie sin distinción de sexo o género; niños y niñas, etc.

¿Qué diferencia a una hembra de una mujer? Justamente lo que va de un animal a un ser humano. El hecho de que la mujer, como humana, es un sujeto moral. Y eso ¿qué significa?

6 ene 2014

A propósito de la futura (¿penúltima?) ley del aborto

Las sociedades patriarcales antiguas reducían el papel de la mujer en la procreación a una función instrumental, mero recipiente donde se contenía y formaba la nueva criatura. Después se encargaba de los cuidados necesarios hasta que el niño conseguía una cierta autonomía, en torno a los siete años, que pasaba al cuidado del padre. Naturalmente me refiero a los varones, las niñas nunca abandonaban el gineceo porque su papel social, como mujeres, no se consideraba relevante. Con variantes, esto es válido para todas las sociedades patriarcales, es decir, todas si fuera cierto que la sociedad matriarcal ha sido más una construcción intelectual que una realidad.

25 may 2013

Sexismo y violencia de género

        Cultura es un término con varias acepciones. Una de ellas nos permite entenderla como el conjunto de creencias, modos de vida y valores de un pueblo, de una época, en fin, de un grupo humano. A veces ese acervo puede ser percibido desde afuera como incultura, en el sentido de falta de conocimientos y estrechez de miras que dificultan un pensamiento crítico, racional, libre.
Lo insoportable que hoy nos parece la violencia de género constituye el caso típico de una práctica nacida de una cultura que agoniza a la que observamos desde nuevos valores y creencias. Como ambos fenómenos, la violencia y el escándalo que produce, se generan en la misma sociedad, entre contemporáneos, cabe deducir que conviven valores y creencias contrapuestos, que los nuevos no acaban de sustituir a los antiguos y por eso el conflicto se manifiesta entre individuos o en el seno de la conciencia de cada uno.

26 nov 2009

La mujer ¿nace o se hace?

La mujer ¿nace o se hace? Simone de Beauvoir ya había contestado mucho antes de que se nos ocurriera preguntarlo, nada menos que medio siglo atrás: «No nacemos mujeres, llegamos a serlo»; y no era una hipérbole o cualquier otro recurso literario, sino que su valor semántico era justo el que enunciaba. Todavía hoy a la inmensa mayoría le parecerá absurda la pregunta; las parejas que van a tener descendencia lo primero que saben de su vástago es el sexo, si es niño o niña ¿cómo no considerar estúpida la cuestión? Quiero aclarar antes de seguir adelante que la demanda podría hacerse igual respecto de un hombre, solo que desde ese parámetro nadie se planteó el asunto ¿por qué será?

En la última mitad de siglo se han tambaleado muchos de los principios en que basábamos nuestra cultura, uno de los últimos es la propia identidad sexual. El movimiento queer la niega rotundamente: las identidades de género, hombre, mujer, homosexual, lesbiana, no son más que constructos sociohistóricos sin fundamento biológico o “natural”.

Cuando sufrimos con más dureza que nunca –seguramente porque somos más conscientes que nunca– los terribles efectos del machismo en su último esfuerzo por salvar el chiringuito patriarcal del naufragio evidente, se nos anuncia, bien adobado con artilugios científicos, que ser macho o hembra es humo; se nos propone la abolición de los sexos. Como solución radical al problema no tiene precio: ¿qué será del machismo si se pone en cuestión la existencia de los machos? Sin embargo la teoría queer va más allá de la preocupación por este problema, que es sólo un síntoma del patriarcalismo; lo que pretende es borrar los límites, los artificiosos (¿?) perfiles,dicen, que nos encasillan forzadamente en una identidad, programándonos en nuestro comportamiento social y arrebatándonos la libertad, las riquísimas posibilidades que como humanos contaríamos desde el nacimiento. El efecto secundario sería la desaparición de los conflictos de género. No es poco, macho… digo… colega.

Si se decretara la abolición de machos, hembras, homosexuales, lesbianas y demás especímenes de la parafernalia sexoidentitaria reinante, yo de acuerdo; al fin y a la postre la edad me ha conferido ya el papel de espectador del circo nuestro de cada día. Por cierto, volviendo a las mujeres, que es con las que empecé, para ser un invento tampoco han estado tan mal ¿o sí?

13 nov 2009

Machismo femenino

Cuando hablamos de machismo no siempre somos conscientes de que es una emanación de la organización patriarcal, que, a su vez, tiene su origen en el sexismo, ideología que sostiene la radical diferencia de sexos, diferentes capacidades y, por tanto, diferentes funciones para cada uno de ellos. Muchas personas que repudian el machismo, se muestran en cambio, quizás sin advertirlo, sexistas, con lo que anulan sus esfuerzos, bien intencionados, pero lastrados por ese otro prejuicio. Muchas mujeres son víctimas de este error, en otros momentos históricos y en el presente; incluso muchas formas de feminismo adolecen de un pensamiento y unas actitudes sexistas.

No comparto la idea de que el machismo sea una especie de perversión de la condición masculina, sino la de que es una ideología que sostiene la forma social que llamamos patriarcal, que es responsabilidad de la sociedad en su conjunto, no de hombres o mujeres por separado. Podemos concluir que sin combatir el sexismo nunca acabaremos con el machismo, todo lo más lo sustituiremos por otra forma de discriminación.

En la página de Amnistía Internacional de Cataluña he encontrado una recopilación de reflexiones sobre la mujer que recoge Anna Caballé en su Una breve historia de la misoginia (Ed. Lumen, Barcelona 2006). De ellas he seleccionado las que corresponden a las mujeres –las de los hombres son muchísimo más numerosas, claro está–, todas ellas cultas y distinguidas, unas escritoras, alguna política y hasta una reina. Una modesta muestra de hasta qué punto el sexismo y el machismo son prejuicios compartidos:



"Soy mujer y aborrezco a todas las que pretenden ser inteligentes, igualándose a los hombres, pues lo creo impropio de nuestro sexo."
María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV. 1804

"El juicio en la mujer es una cualidad tan rara como la sensibilidad en un hombre."
Carolina Coronado. Galería de poetisas españolas contemporáneas. La discusión, 1-5-1857

"La instrucción de la mujer debe estar reducida únicamente a
sentir, amar a su esposo y a sus hijos y a saber educar a sus hijas para que sean lo que ellas deben ser: buenas esposa y buenas madres. (...) Es una verdad innegable que la mujer recibe su segunda educación de su esposo. Una joven de dieciocho años no puede tener, al casarse, ideas fijas, ni aún formado su carácter, y muchas mujeres que se enlazan de treinta, lo tienen tan pueril como una niña de dieciséis."

María del Pilar Sinués. El ángel del hogar. 1859

"¡Ah!, no seré yo la que clame por la emancipación de la mujer; no seré yo quien apoye con mi pluma la independencia del sexo, por la que abogan algunas ilusas soñadoras sin fe y sin creencias. El matrimonio es el árbol sagrado que nos cobija; bendito sea su amoroso yugo, que nos da la dicha; bendita sea la autoridad marital, que protege y ampara nuestra débil naturaleza, nuestra inexperta juventud. El someterse al imperio del marido no degrada, no rebaja ni abate el orgullo ni las atribuciones de la mujer, antes es una gloria."
Faustina Sáez de Melgar. Deberes de la mujer: colección de artículos sobre la educación. 1866.

"Es indudable que todavía ninguna escritora, es posible que nunca ninguna escritora, llegue a la altura y profundidad, a la vez, de un gran escritor."
María Antonia Vidal. Prólogo de Cien años de poesíafemenina. 1943

"Las mujeres nunca descubren nada. Les falta, desde luego, el talento creador reservado por Dios para inteligencias varoniles; nosotras no podemos hacer nada más que interpretar mejor o peor lo que los hombres han hecho."
Pilar Primo de Rivera. Primer Congreso Nacional del SEM. 1943

La intención de Anna Caballé al hacer esta recopilación no tiene por qué coincidir con la mía al escribir este post. De hecho no he leído su libro y de antemano le pido disculpas por si yo la hubiera utilizado para sostener una tesis que puede no compartir.

29 abr 2009

Una cuestión ideológica


Decir que la postura ante las leyes despenalizadoras del aborto es una cuestión ideológica es una perogrullada, y sin embargo, nada más necesario en este momento en que de nuevo renace la polémica ante la decisión del gobierno de hacer, por fin, la ley que debieron redactar en el primer momento. Pero no hablaré de la ley, sino de cómo y por qué las posturas son irreconciliables, y el debate, ya tan recurrente y manoseado, ocioso. No hay nadie a quien convencer, nadie se va a convertir, ni en una dirección ni en otra; por eso la discusión carece de sentido, a no ser que unos y otros lo que pretendan de verdad sea encontrar argumentos sólidos que justifiquen su postura ante sí mismos, que no es poco.
Una buena parte de los antiabortistas han adoptado el activismo, lo que no es entendido desde la otra parte que considera que bastaría con que no se acogieran a la ley y no abortaran, si es que no lo aceptan. La cosa no es tan simple, puesto que si se considera al aborto un crimen, la postura correcta sería la de tratar de impedirlo, cualesquiera que fueran sus protagonistas y las circunstancias. La cuestión está en determinar en qué momento de la gestación podemos situar el comienzo de la vida. ¿Podrá aclararlo la ciencia? Pues ocurre que, cuando los científicos se manifiestan, sus posturas son un calco de lo que ocurre en el resto de la sociedad y la unanimidad es inexistente.
Scott F. Gilbert, biólogo autor de Developmental biology, aporta las claves para entender la falta de consenso: depende de los aspectos de la vida que se consideren más importantes, y ahí la ideología es determinante. Si consideramos que lo más importante son los genes, la vida comenzará con la fecundación, momento en que se forma el material genético del futuro individuo; si damos mayor importancia a la capacidad de pensar y de sentir emociones situaremos el comienzo cuando el desarrollo del cerebro haya adquirido la capacidad de desplegar esas funciones, cuando un encefalograma muestre actividad cerebral, en torno a la semana 27 –en el polo opuesto, la falta de actividad cerebral es la señal que nos permite afirmar la muerte–. Gilbert muestra una tipología de hasta siete posiciones diferentes desde la primera que considera vivos a los espermatozoides y los óvulos como cualquier organismo, hasta la séptima que considera que la vida comienza cuando se alcanza la autonomía en el sistema respiratorio, circulatorio y alimentario, es decir en el momento del nacimiento cuando se corta el cordón umbilical. Son posiciones intermedias las expuestas en primer lugar y algunas otras. Todos ellos son puntos de vista igualmente científicos y optar por uno o por otro es sólo cuestión de preferencias que, en todo caso, estarán marcadas por la ideología.
En este, como en tantos casos, la solución no puede venir más que por el escrupuloso respeto a la mayoría democrática; la ciencia aporta datos pero no la solución al problema. Dar a conocer la opinión que expresen en un momento dado algún colectivo de científicos, sea en el sentido que sea, y presentarlo como la opinión de la ciencia, como ha ocurrido recientemente, no pasa de ser un engaño.

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El enlace conduce a una página en ingles con el texto integro del libro de Scott Gilbert.

16 abr 2009

Los males de la escuela


De nuevo escribe en El País Losé Luis Barbería un artículo sobre educación, tocando un tema muy interesante: la influencia del genero en los resultados escolares y, por tanto, en el fracaso escolar. En realidad, por muy de actualidad que esté el asunto, el trabajo concluye sin aportar algo nuevo o positivo. Todos los profesores hemos tenido la percepción desde hace mucho tiempo de que en la educación secundaria el éxito de las chicas es superior. Por otra parte, los datos estadísticos recientes, conocidos por todos los que nos interesamos en estas cuestiones, revelan con claridad que el fracaso escolar es básicamente masculino y que las mujeres están ganando la partida de la formación, en la secundaria y en la universidad. La cuestión es saber por qué. En el artículo de Barbería, interesante por muchas cuestiones, no se aporta ninguna hipótesis novedosa, ni que se aparte de la manida idea de la diferente evolución de las facultades intelectuales de chicas y chicos y, por esa vía, llegar a insinuar la también manoseada además de retrógrada y peligrosa idea de la separación de sexos en la escuela, como solución al fracaso masculino.
Este verano tuve la suerte de leer un trabajo de Daniel Gabarró titulado “Transformar a los hombres: un reto social”, que, bajo mi punto de vista, daba en la diana al explicar el fenómeno por la presencia del machismo en los escolares adolescentes. Poco después escribí un post sobre la cuestión: ¡La escuela es una mariconada! Machismo y fracaso escolar, al que os remito. En él, glosando a Gabarró, explicaba cómo el modelo de hombre que han construido los escolares, extraído de la concepción socialmente dominante, no encaja en el ámbito dialogante y cooperador que es la escuela, a la que perciben como un espacio femenino, por esas características y porque el profesorado es también mayoritariamente femenino. De modo que reaccionan haciendo suya la “cultura del patio”, como espacio de libertad, en el que las cualidades pretendidamente masculinas, competición, agresividad, tienen mejor desarrollo, y se oponen con resentimiento y tenacidad a la “cultura del aula”, percibida como un ámbito que no les es propio. El rechazo de tantos adolescentes a los valores que se cultivan en la escuela, y a la escuela misma, por tanto, tiene una raíz ideológica: es consecuencia de la asunción por aquellos de los valores del machismo más rancio, que flotan por todas partes y que ellos captan con fina intuición y los hacen suyos extremándolos.
Las posibles soluciones, de ser esto cierto, trascienden a la escuela porque habrían de apuntar a la sociedad en su conjunto, ya que tienen que ver con la formación de los modelos que ofrecemos a nuestros jóvenes, y, por tanto, las acciones que la tengan como único objetivo no darían resultados aceptables. Se trata de un fenómeno social, y, desde luego, más amplio de lo que a primera vista parece ya que alcanza un ámbito casi universal, la preocupación no sólo es nuestra: recientemente apareció un trabajo de colaboración entre educadores australianos, británicos y estadounidenses titulado “Qué les pasa a los chicos” (What about the boys?) que abunda en estas ideas y que demuestra que no es un asunto local.
En el ámbito familiar, en la oferta de estereotipos que presenta el cine, la televisión y los medios de difusión de ideas en general, en todos los ambientes en los que los jóvenes se socializan, no en la escuela, es donde se contagian del virus que luego les hará fracasar en las aulas. El machismo es una ideología cuyos componentes, sexismo, patriarcalismo y heterosexismo, informan de manera más o menos difusa a toda la sociedad y a nuestros propios comportamientos, por mucho que rechacemos indignados sus manifestaciones más brutales, lo que hace sumamente difícil su erradicación, ya que las más de las veces, ni los identificamos como machistas, ni percibimos su malignidad.
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El estudio de Gabarró se puede encontrar en su página web: http://danielgabarro.cat/

3 mar 2009

Hombres por la igualdad.

«[…]
A los hombres, el papel e identidad de género asignados, nos ha otorgado una posición de privilegio sobre la mujer. Esta situación ha generado un modelo de masculinidad predominante, que llamamos tradicional, patriarcal o hegemónica, que está basada en los valores de poder, fuerza, exigencia, competencia, rivalidad e imposición. Se trata de un modelo de persona en el que lo afectivo-emocional está devaluado y el mundo exterior a la persona, lo político-social, sobredimensionado. Generación tras generación, y mediante lo que hoy conocemos como proceso de socialización de género, esta situación se ha reproducido e, incluso, consolidado. Esto ha determinado nuestra forma de ver el mundo y a nosotros mismos.
[...]
Los hombres contemporáneos, si bien no somos culpables del sexismo, la discriminación y la violencia sufrida por las mujeres durante miles de años, sí hemos de asumir nuestra responsabilidad histórica ante esta situación, tanto a título individual como colectivo.»


El texto precedente ha sido extraído de los materiales de AHIGE (Asociación de Hombres por la Igualdad de Género). Hace tiempo que tengo in mente dedicar un post a esta asociación de origen malagueño, pero hoy ya de ámbito nacional, y al verla citada en el artículo de Rosa Montero de El País de hoy, me he puesto a la tarea.

La construcción histórica de estructuras patriarcales ha sido lo común en las organizaciones sociales humanas. El por qué esto ha sido así es materia de estudio para la antropología; lo cierto es que la psicología individual, tanto de hombres como de mujeres, se ha ido adaptando durante milenios a ese modelo. Hoy somos conscientes de la necesidad de superar esa condición del mismo modo que se han superado otros atavismos; pero, sería estúpido, aparte de injusto, considerar que, puesto que se trata fundamentalmente de recuperar sus derechos, esa es una cuestión de las mujeres. Y lo cierto es que, hasta ahora, han sido ellas las protagonistas de la lucha por la igualdad, sostenidas, eso sí, con la actitud más o menos benevolente de los hombres, que no se sentían plenamente implicados.

Hoy la patética evidencia del maltrato y los crímenes de género, que persisten con indomable terquedad pese a las medidas represivas y preventivas, nos está gritando la necesidad de abrir más frentes en la lucha. El que parece imprescindible es el de convencer a los hombres de que su papel debe ser otro; que el modelo patriarcal se ha superado; que hay que encontrar la plenitud en otros comportamientos y actitudes acordes con la igualdad; que se precisa su protagonismo en la tarea del cambio. Es en ese terreno en el que han empezado a trabajar hombres como los que han puesto en marcha AHIGE.

Como para muestra basta un botón, transcribo su decálogo del hombre por la igualdad:

1. Se acepta a sí mismo como producto de su tiempo y cultura.
2. Ha iniciado un camino personal de búsqueda y replanteamiento interno de sus
valores, esquemas, mecanismos, conductas y pensamientos.
3. Mantiene una actitud de cambio en sus relaciones con las mujeres, en las que ya no tolera ningún tipo de desigualdad en razón del sexo.
4. Apoya activamente las justas reivindicaciones de las mujeres contra el sexismo. Comprende que no basta con las palabras y que es necesario que los hombres se posicionen activa y públicamente sobre el tema.
5. Está aprendiendo a verse como un ser sensible, afectivo y, sobre todo, vulnerable. además, está intentando superar su tradicional aislamiento emocional.
6. Ha iniciado un proceso de replanteamiento de la relación con sus hijos e hijas. más completa, aprendiendo a implicarse directamente con ellos y ellas.
7. Intenta ir superando el miedo y el rechazo ante situaciones de cercanía y complicidad con otros hombres. Comprende que la compañía y la ayuda de otros hombres le es necesaria para su desarrollo vital. Acepta su apoyo y está aprendiendo a no verlos como competidores.
8. Avanza en un proceso de renovación de su sexualidad, intentando vivirla de forma más natural y plena, sin los determinantes que el modelo tradicional masculino le ha
impuesto.
9. Ha comenzado a cambiar su actitud hacia la homosexualidad, reconociendo que las personas homosexuales sufren una situación de discriminación que ha de ser combatida activamente. Analiza su relación personal
con este tema.
10. Y, por supuesto, ha adoptado una actitud de tolerancia cero hacia la violencia de género que ejercen los hombres sobre las mujeres. Ha comprendido que “el silencio nos hace cómplices”.

Creo que es bastante elocuente, pero si queréis una información completa y de primera mano esta es su dirección: http://www.ahige.org/

15 sept 2008

¡La escuela es una mariconada! Machismo y fracaso escolar.

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Cuando hablamos de machismo pensamos siempre en las nefastas consecuencias que tiene para las mujeres, pero pocas veces nos paramos a evaluar el posible daño en los mismos hombres o en la sociedad en general. La sociología y la psicología modernas muestran como el machismo es conflictivo y genera trastornos sociales indeseables; la escuela es uno de ellos. Fijémonos en algunos datos de la realidad española, pero perfectamente extrapolables a todos los países de nuestro entorno cultural[1]:

· De los jóvenes españoles entre 16 y 35 años el 41’5% de los varones no han logrado pasar de los estudios primarios; las mujeres en la misma situación son sólo el 28’3%.
· Un 23% de las chicas dejan la secundaria en la primera etapa. Los chicos un 34’2%
· Últimamente un 50% de las mujeres han obtenido un título universitario frente a tan sólo un 36’6% de los hombres.
· De cada diez personas que acaban una licenciatura seis son mujeres.

Las cifras son elocuentes y disipan cualquier duda: el fracaso escolar es masculino; no es que no se de en las mujeres sino que la diferencia que sacan los varones es apabullante: “hoy día ser chico en el sistema educativo obligatorio es un indicador de fracaso escolar de igual importancia que pertenecer a un grupo marginal”. A lo que hay que añadir que la mayoría de alumnos con problemas de convivencia –disciplina decíamos hace unos años– son chicos, principales protagonistas de conductas disruptivas –tecnicismo que designa comportamientos díscolos que entorpecen la marcha del proceso educativo.

Lo que caracteriza a la adolescencia es el deseo de ser adultos, en el caso de los chicos, ser “un hombre de verdad”; pero ¿qué encierra esta expresión en su mente? ¿Cuál es el modelo de hombre socialmente dominante? Si nos movemos a nivel de las concepciones hegemónicas habremos de reconocer que nuestra sociedad es sexista, patriarcal y heterosexista, y estas son las claves con las que se construye el modelo. El sexismo implica que los hombres son diferentes de las mujeres, lo cual biológicamente es obvio, pero no socialmente. El patriarcalismo conduce a considerar al hombre superior a la mujer, reservándole la dirección, las decisiones y también las tareas de proveer y proteger, generando una dominación masculina que lo impregna todo. El heterosexismo no es sólo la manifestación de una orientación sexual sino una ideología represora de todo lo que escape al estándar sexual.

De esta sociedad así conformada se extraen los valores que dibujan la identidad masculina con la que el adolescente construirá su modelo. La competitividad, el recuso a procedimientos expeditivos –violencia– para imponer intereses y criterio propios; la minusvaloración del diálogo, la negociación y la cooperación; el sentimiento de humillación ante deseos o comportamientos que se consideran femeninos, son algunas de las actitudes con las que se aproxima al comportamiento del “hombre de verdad” que tiene en su mente.

El medio escolar se le antoja un ámbito femenino porque en él aprecia una mayoría abrumadora de profesoras, primacía de la cooperación sobre la competencia, valoración del diálogo y la negociación, primacía de la palabra sobre la acción. En resumidas cuentas, optará por priorizar la “cultura del patio” –espacio donde reinan los “valores masculinos”– sobre la “cultura del aula”, percibida como espacio femenino. El resultado será la automarginación y el fracaso.

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No he hecho en esta entrada más que condensar, y quizas estropear, parte del excelente trabajo de Daniel Gabarró: Transformar a los hombres: un reto social, al que podéis acceder si os preocupa el tema del machismo en http://www.danielgabarro.cat/ Las ideas, los datos y las expresiones y frases entrecomilladas le pertenecen.

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[1] What about the boys? (¿Qué les pasa a los chicos?) se titula un conocido trabajo elaborado por V. Foster de Australia, M.Kimmel de EE.UU. y Ch. Skelton del Reino Unido, que profundizan en la cuestión y nos demuestra que no estamos ante un asunto local

30 ago 2008

Nuevos y viejos valores. La violencia machista

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Para algunos filósofos lo único permanente es el cambio (Heráclito de Éfeso: “Todo cambia, nada permanece”). En lo que a la sociedad humana se refiere esto es un hecho, si tenemos historia es porque hay cambio, evolución permanente. Nuestra capacidad de aprender y transmitir conocimientos nos permite acumular sabidurías e incrementar indefinidamente nuestras capacidades, como individuos y como sociedad, generando mutaciones continuas.

El materialismo histórico afirma que los cambios se inician en las técnicas, los avances tecnológicos dan lugar a nuevos modos de producción, que generan nuevas relaciones de trabajo a las que corresponderá una determinada estructura social, en función de la cual cristalizará una superestructura política, jurídica, cultural, artística, ideológica… que responde a los intereses del grupo que detenta la hegemonía en ese momento histórico (“La ideología dominante es la ideología de la clase dominante”) y que tiende a congelar el proceso. La prioridad de los cambios en la base es la causa de que, con frecuencia, las mentalidades, último escalón de la mudanza, parezcan no encajar con la realidad económica o social del momento; ha cambiado todo pero la mentalidad, los valores, que responden a una situación anterior, se resisten a ser sustituidos, precisamente por la función que tienen de “conservantes” de la estructura social.

Valores que hoy consideramos universales porque entendemos que son válidos en todas partes y en todo tiempo, no resisten un análisis histórico mínimamente cuidadoso. Por ejemplo, hoy entendemos que el trabajo dignifica a la persona. A los niños se les educa para el trabajo y en la moral del trabajo. Nuestros logros en la vida laboral son nuestros triunfos, el hombre que prospera y se abre caminos gracias a su trabajo es un héroe, un modelo a seguir. Los que no trabajan lo disimulan. Nadie pone en cuestión las virtudes y la necesidad del trabajo. Pero no siempre fue así.

Hace tan sólo unos siglos el trabajo era la ocupación de los villanos, el trabajo envilecía. La nobleza, cuya actividad era la guerra, repudiaba el trabajo como algo propio de gentes sin calidad. En la España del XVI y el XVII llegó a estar legalmente prohibido para los nobles aunque fueran de baja condición, como los hidalgos, que eran bastante numerosos –todos tenemos presente al hidalgo de El Lazarillo de Tormes que prefería el hambre contra la que luchaba mendigando o con recursos picarescos para lo que se valía de su criado, Lázaro–. Tal mentalidad perduró en España más que en otros lugares de Europa porque aquí no prosperó tanto ni tan pronto la burguesía, clase que rescató al trabajo del infierno y lo elevó a la categoría de valor. En Europa la burguesía acabó dominando la economía y paulatinamente fue imponiendo su moral del esfuerzo personal y de la dignidad del trabajo. La revolución protestante, que no inició la burguesía pero que sí se la apropió, y la revolución liberal, que fue su entrada en la política, acabaron de completar los cambios en la superestructura, política, jurídica e ideológica. No cabe duda de que hoy nuestro concepto del trabajo y de su valor es radicalmente opuesto al de hace unos siglos; el hidalgo de El Lazarillo no entendería nada de este mundo.

Como en otros tiempos el trabajo, hoy han entrado en crisis otros valores. La familia nuclear de carácter patriarcal que fue la base de la sociedad burguesa, se debate ahora ante la evidencia de su desaparición. La idea de dominio paterno y de subsidiariedad e inferioridad de la mujer y de los hijos, amparada legalmente hasta hace muy poco entre nosotros (vigente en otras sociedades), ya no se sostiene. Han desaparecido de la ley las relaciones de dominio en la familia –hoy decimos en la pareja, porque lo individual se impone sobre el concepto colectivo de familia– pero las mentes siguen en parte estructuradas según los viejos conceptos. Muchos hombres sienten como una humillación intolerable la autonomía de sus mujeres –como a aquel hidalgo le resultaba intolerable la humillante necesidad de trabajar– y recurren a la violencia, hundiéndose más aún en el pasado, como el último recurso que salve su dignidad aunque les cueste la libertad o, a veces, la vida.

El alumbramiento de nuevos valores, en este caso el de la libertad individual con independencia del sexo, nunca han sido fáciles. Ideologías e instituciones ancladas en el pasado lo dificultan. El conservadurismo y las ideas religiosas que mantienen, en el mejor de los casos, actitudes ambiguas, nada propicias al cambio, pueden ser, de hecho lo son, coartadas para los que se resisten usando de la agresión. No se acabará con la lacra sangrienta del maltrato doméstico con la simple condena de la violencia; es necesario abrir las mentes a los cambios, erradicar el vértigo que produce lo nuevo. Para eso no podemos contar ni con el conservadurismo ni con la Iglesia porque ambos padecen del mismo vértigo.

Sin merma de otras medidas preventivas y punitivas es fundamental la educación. En la escuela pública, me consta, se hacen esfuerzos en esa dirección, pero hemos de tener en cuenta que un alto porcentaje de la educación se genera en el seno de la familia, en el medio social, mediante la adquisición de modelos que ofrecen al niño aquellos que le son próximos y que pocas veces están a la altura de las circunstancias. Me temo que para superar esta situación necesitaremos más de una generación y eso sin desmayar en el esfuerzo.

28 jun 2008

Caperucita, el lobo y el Tribunal Constitucional

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Dicen que la capacidad de asombro es garantía de juventud. Pues, ¡cualquiera diría que haya abandonado la adolescencia hace medio siglo! No salgo de uno y ya estoy en otro. No me he recuperado de la sorpresa que nos ha proporcionado nuestro gobierno socialista con el asunto de la retención de inmigrantes ilegales, cuando me encuentro con un artículo sugerentemente titulado “María Emilia y el lobo” en el que un profesor y una profesora de la Pompeu Fabra defienden a la presidenta del TC por considerar que pecó de ingenua al atender a una particular presunta victima de malos tratos que al final resultó ser presunta asesina de su marido.

Yo también considero que la presidenta actuó de buena fe, movida por un sentimiento noble y loable en cualquier persona, en ella también. Lo que no comparto en absoluto es el tipo de argumentos que se emplean, porque son sexistas. El fin que buscan, la exculpación moral de Dª María Emilia, es aceptable para el común de las gentes de buena fe; los medios, en cambio, me parecen reprobables.

En el artículo en cuestión se pueden encontrar argumentos como estos: “las mujeres, que desde niñas han recibido el mensaje de ser buenas, en su vida adulta siguen queriendo responder a lo que se espera de ellas” ; y “la sumisión, históricamente necesaria para conseguir la protección del varón, parece haber quedado escrita en la memoria genética de las mujeres y llevarlas a orientar su actividad a la búsqueda de los afectos, de la aceptación, por encima de sus intereses”; o este otro, “muchas mujeres suelen mostrar un único registro, la complicidad, especialmente si es otra mujer quien les plantea un problema para el que están sensibilizadas”.

Los hombres son retratados como seres capaces de una estrategia –despojado el vocablo de matices peyorativos– por encima de complicidades afectivas y de compasiones.

Si lo que buscaban era defender a las mujeres con altas responsabilidades y más concretamente a la presidenta del TC, lo que consiguen es justamente lo contrario, porque nos las presentan como ingenuas caperucitas a merced de las fauces de cualquier lobo, y eso por el simple hecho de ser mujeres –conviene señalar además que en este caso particular el lobo era loba–.

Tanto me irrita el buenismo, que con bastante frecuencia se aplica hoy a las mujeres, como lo contrario. Ambos comportamientos son formas diferentes del discurso sexista. Lo bueno sería que se analizase el comportamiento de quien ostente tan alta magistratura sin que aparezca por ningún lado, ni para agravar ni para exculpar, su condición sexual o de género, que se dice ahora.

En otro reciente artículo de El País la escritora Luisa Castro abogaba, hace tan sólo unos días, en contra de la custodia compartida y a favor de que, por defecto, le sea adjudicada a la madre, con el original razonamiento de que es ella quien ha parido a los hijos. Si utilizáramos éste y los argumentos expuestos arriba para defender las tesis contrarias, es decir que quien debe ocuparse de los hijos en el hogar es la madre y que las mujeres tienen dificultades biológicas o psicológicas para desempeñar altas responsabilidades, se nos tacharía de machistas y de utilizar un argumentario sexista, con toda razón. ¿Por qué no concluir lo mismo en este caso por mucho que los que escriban lo hagan bajo el marchamo de expertos, progresistas o feministas?

Ni el lobo ni caperucita deberían tener ya sitio en esta sociedad.

14 jun 2008

La lengua de las ministras


Yan Huanyi viuda de un granjero chino que murió en 2004 a los 98 años de edad fue la última mujer que conocía el Nushu, escritura que sólo utilizaban mujeres en la provincia de Hunan y zonas del sur de China. Ignoro si hay casos parecidos en otros lugares, pero está claro que la situación social de las mujeres ha tenido que ver con el lenguaje. Éste es un caso extremo porque era extrema la opresión que sufrían las chinas de esa zona, separadas de sus familias cuando las casaban con un desconocido, con el cual habrían de convivir el resto de sus días, encerradas en la casa y sin que se les permitiera siquiera el conocimiento de la escritura. Naturalmente el nan shu (escritura de hombres), que no es sino el sistema ideográfico normal chino y que estaba vedado a las mujeres, no era el responsable de la opresión femenina sino uno de sus instrumentos. Cuando cambiaron las condiciones sociales el nushu desapareció.

La lengua es un instrumento de comunicación pero a veces la complejidad de la mente humana lo ha transmutado en útil herramienta de segregación, de aislamiento de incomunicación y confrontación. El mito bíblico de Babel hace referencia a esta función negativa. Por todas partes existen lenguas o jergas mantenidas o creadas para impedir que individuos ajenos al grupo accedan a información reservada a sus miembros. Convivimos a diario con la infame caligrafía de los médicos o la críptica expresión de los juristas, que son otros tantos medios para impedir el acceso de profanos a su mundo. Luego están las lenguas utilizadas como banderas o como armas por los nacionalistas de toda clase, porque constituyen el único elemento diferenciador a que agarrarse. Evidentemente la lengua es un arma social y política.

En la Inglaterra victoriana un aristócrata británico podía hablar en inglés durante horas sin que la gente del pueblo entendiera una palabra, bastaba con que usara vocablos y expresiones de origen latino, numerosísimas en su idioma pero fuera del alcance del pueblo inculto. La lucha de clases ha tenido siempre un reflejo en la lengua; pero, hubiera sido inútil intentar la igualdad social modificándola; y, sin embargo, intentos ha habido: en los primeros años de la revolución cubana se habló de simplificar la ortografía que se consideró un instrumento de los poderosos (cultos) para poner trabas y dificultades a los pobres que por su incultura no tenían acceso a sus secretos; sólo quedó en algunas cómicas invectivas.

La intervención de la miembra del Gobierno, Bibiana Aido, me ha recordado aquellos discursos de Castro contra la hache y el uso de la ce y la ese. El sentido común debe dictar aquí también acciones comedidas so pena de no obtener los resultados buscados o de caer en el ridículo. Si la lengua de la ministra evoluciona demasiado rápidamente de aquí a poco no la entenderemos. Charlot, en la película que citaba en mi post anterior, se incorporó a una manifestación y entusiasmado se colocó a su cabeza, pero tan ensimismado y ardoroso marchaba que acabó distanciándose de la cabecera. Cuando miró atrás no supo si dirigía la marcha o lo perseguían los manifestantes. Optó por echar a correr.

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Fuente de la imagen: http://elteacher.com/FEULE/espanol/imagenes/LogoCaal3.jpg