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26 ene 2019

La historia y el mito. El Islam

El mito es un recurso cognitivo para hacer fácilmente comprensible aquello que es complejo y difícil de entender. Pese al actual dominio y prestigio de la ciencia y sus métodos seguimos fabricando mitos o recurriendo a los que continúan disponibles, a veces desde tiempo ancestral, disimulados por el entorno mental del momento y protegidos por la rutina, o quién sabe qué otras necesidades. Pero los mitos no sólo son un instrumento interpretativo de la realidad compleja, también juegan un papel social fundamental creando y permitiendo la permanencia y cohesión de grupos humanos amplios: tribus, pueblos, castas, naciones, iglesias…, uniéndolos, cementándolos y disciplinándolos en tanto sus componentes comparten las mismas fábulas, elevadas a la condición de historia, creencias o valores.

Con frecuencia la difícil tarea de los historiadores consiste en identificar y arrancar del camino de la investigación mitos y adherencias indeseables, que  perduran siglos. Una labor sólo comparable a la de Sísifo, que, castigado por los dioses a causa de su impiedad se vio obligado a empujar por una montaña una roca que, antes de llegar a la cima, volvía a rodar hacia abajo para tener que subirla de nuevo. Al fin y al cabo la fabulación es tan inseparable de la condición humana que puede constituir la diferencia fundamental respecto a la animalidad, el catalizador que hace posible la creación de cultura y, por ende, de la historia(1).

Desde que en algún momento irrumpió en nuestra mente la razón, el mandato de empujar la roca hasta la cima, no hacemos sino desbrozar el camino de fábulas, si bien es verdad que crecen otras nuevas casi al mismo ritmo. Seguramente sólo hemos expurgado aquellas más evidentes, elementales o envejecidas que comienzan a despertar incredulidad y por tanto ineficaces ya (la eficacia del mito se basa en su aceptación general); así pues el fenómeno al que se refiere el cuento de Sísifo, significará que la identificación y voladura de los mitos es tarea inacabable. Asumámoslo. Al fin y al cabo, eso sí, somos convictos y confesos de impiedad.

Precisamente uno de los mitos históricos que comienza a ser puesto en cuestión es el modo cómo se cuenta el nacimiento y expansión del islam y, lógicamente, la invasión (711) y conquista de la península ibérica. Al respecto dice la hispanista francesa Rachel Arié que «el relato de la conquista del noroeste de África y de España pertenece más a la tradición religiosa que a la historia»(2), evidenciando su carácter legendario. En palabras del arabista González Ferrín(3) ‒el investigador que ha planteado más claramente la necesidad de una revisión completa‒ encontramos mayores precisiones sobre las dudas que plantea la versión tradicional: «No resulta convincente ‒al no haber pruebas al respecto‒ que el Islam ‒civilización‒ se expandiese por el Mediterráneo a requerimiento, o en paralelo, al islam ‒religión‒ por la fuerza de las armas y a las órdenes de determinados califas. En este punto se centra nuestra visión historiológica de la cuestión, que pretende desestimar el concepto clásico de conquista. Sin embargo, y dado que tanto el Islam como el islam se expandieron desde Europa ‒Al-Andalus y Sicilia‒ hasta, al menos, Indonesia, forzoso resulta plantear una explicación alternativa, dado que la mera negación del procedimiento comúnmente asumido no conlleva en sí una explicación plausible. Negando, no explicamos. Otra cosa es que tengamos siempre las de perder, ya que la explicación mítica siempre resulta más clara ‒para eso surge un mito, precisamente‒»

La casi inexistencia de fuentes primarias de un periodo especialmente oscuro y complejísimo ha permitido que la historiografía tradicional haya recurrido y aceptado en lo fundamental el relato simple de la expansión militar impulsada por la nueva fe que cuentan las fuentes (secundarias) árabes ‒aunque tengan más de apologética religiosa que de crónica histórica‒, después de haber sido expurgadas de fantasías flagrantes que repugnaban al espíritu más científico de los historiadores occidentales; con todo, ninguna de ellas se acerca menos de un siglo a los hechos y todas tienen el mismo aspecto de instrumento propagandístico, de un arma más en la lucha expansiva del islam, justificando la increíble facilidad en la conquista por el favor de Dios. Narración no más creíble que aquella bíblica en la que un fantasmal pueblo judío sale del desierto por donde había vagado cuarenta años para masacrar y ocupar las tierras de Canaán, derribando las murallas de sus ciudades a golpes de trompeta por la gracia del Señor y para cumplir su promesa. Ficción asumida como historia por millones de seres durante milenios, y que aún hoy sirve de mito fundacional al Estado de Israel y de justificación a sus política genocidas contra los palestinos.

Es más, las escasísimas fuentes primarias tampoco confirman la tesis tradicional. Un ejemplo significativo: Juan Damasceno (+750) intelectual y escritor en griego, perteneciente a la elite de Damasco en el momento en que supuestamente es la capital del imperio omeya «no acierta a reconocer al Islam como tal, ni siquiera sabe qué pueda ser el Corán, por más que sabe quién es Mahoma, al que incluye en su relación de herejías destacadas, en el libro La fuente del conocimiento»(4). Cita el libro de la Vaca, que como sabemos es una sura del Corán, como uno de sus numerosos(?) escritos, lo que indicaría que la compilación del texto sagrado islámico no estaba concluida aún en 750. Todo eso cuando, según las fuentes árabes, los musulmanes habían llegado triunfantes a los Pirineos después de engullir todo el norte de África y la Península Ibérica y se había enfrentado al Reino Franco en Poitiers, supuestamente bajo el mando de los califas de Damasco y la guía del Corán.

Obviamente esta historia no está escrita aún o hay que escribirla de nuevo.
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(1)Noah Harari, Sapiens. De animales a dioses. Debate. Madrid, 2014
(2)Arié, Rachel (1984), España musulmana (siglos VIII-XV). Barcelona: Labor, Historia de España III.
(3)Emilio González Ferrín, 711 – Historiología de una conquista. Aparte este pequeño trabajo es en Historia general de Al-Andalus. Almuzara, 2006 y en La angustia de Abraham. Almuzara, 2013 donde expone sus tesis con amplitud.
(4)Ibid.

22 mar 2017

Progresando hacia atrrás


Establece la sharia (ley islámica) que la mujer debe estar bajo la tutela del pariente masculino más cercano, padre, hermano, esposo o hijo; que cuando se case su marido puede golpearla si le desobedece sin otro límite que su buen criterio y deseable moderación, repudiarla en cualquier momento o casarse con hasta otras tres mujeres; que cuando herede reciba la mitad que sus hermanos varones y que su testimonio ante los tribunales valga la mitad que el de un varón. Muchos islamitas consideran que tales preceptos pretendían y consiguieron proteger a la mujer, que en el ámbito preislámico de Oriente Medio eran auténticas esclavas, su testimonio no era válido y en lugar de recibir herencia alguna eran parte de la herencia de los varones. Podemos admitir esta versión, pero resulta infumable entonces que los musulmanes no hayan sido capaces en catorce siglos de seguir dando pasos adelante si es cierto y son conscientes de que tenían el ejemplo de un Mahoma rompedor de la tradición. Es más, en las últimas décadas se han dado pasos de gigante pero hacia atrás.

17 nov 2015

Guerra de religión

Quizás sea cierto lo que dicen responsables políticos y algunos progres a la violeta, esta vez de acuerdo, sobre que la religión no es el móvil de los crímenes del yihadismo; pero, al menos, es la coartada, y hasta es lícito preguntarse si no está ahí para serlo. No hay acción humana que tenga una sola motivación. La complejidad de la conciencia y de la sociedad, su estructura y su evolución, lo impiden. Pero no quitemos importancia al protagonismo que los propios ejecutores de las fechorías dan a los gestos religiosos.

19 jul 2015

Cuando oigo la palabra religión

«Cuando oigo la palabra cultura echo mano a la pistola» es una conocida frase cuya autoría se disputa entre varios fachas ilustres, desde Millán Astray a Goebels (por patriotismo yo se la adjudicaría al nuestro). Lo comprendo muy bien, es un movimiento reflejo de defensa, y no es nada raro que haya mucho prócer, especialmente si está uniformado, que se sienta amenazado por la cultura. Yo, por ejemplo, cada vez que oigo la palabra religión reprimo con dificultad el grito de cuerpo a tierra y si no me lanzo al suelo es por temor a confundirme con fieles postrados.

15 ene 2015

¿Con el amor y la paz o a sangre y fuego?

El pacifismo es una ideología moderna. Al menos se ha convertido en un valor de civilización en tiempos recientes. Las religiones del libro, como las llama el islam (judaísmo, cristianismo, islamismo), se formaron entre el 700 a.d.C y el 700 d.C, época durante la que la violencia era asumida como una actitud saludable y necesaria, se ejerciera sobre individuos o sobre colectivos. Ninguna de las tres la rechazó de forma explícita e inequívoca ni en sus textos fundacionales ni en la práctica. Desde el punto de vista de la racionalidad histórica esto no tiene nada de extraordinario ya que las religiones son fenómenos culturales que emanan de una sociedad concreta que aporta los materiales con los que se construyen y que las preceden. Otra cosa es que su pretensión de trascendencia y universalidad (todos los monoteísmos la tienen) las lleve a ejercer en nichos socioculturales con los que entran en contradicción, lo que conduce a torsiones y tensiones que hacen inevitable el travestismo.

30 jun 2014

Ayunos

Comienza el Ramadán para los musulmanes. Implica treinta días de ayuno riguroso de sol a sol. Siempre me sorprendió la inclinación de las religiones (o las iglesias) a establecer tabúes alimentarios, regulaciones a veces prolijas sobre los hábitos en la alimentación, como ayunos, abstinencia de determinados alimentos de forma temporal o permanente, y hasta las técnicas en la manipulación y preparación de los permitidos.

El ayuno es, y sobre todo ha sido, una práctica común. En el mundo cristiano ha ido perdiendo vigencia hasta casi desaparecer, pero en la Edad Media llegó a ocupar ritualmente, junto con la abstinencia de la carne, bastante más de cien días al año. Esporádicamente el ayuno ha sido utilizado por gentes piadosas como práctica penitencial y también como método de purificación: la escisión de la persona humana en dos entidades, espiritual y corporal (presente en todas las religiones), ha llevado a los creyentes a fantasear un conflicto o antagonismo entre cuerpo y alma en el que aquel ha llevado las de perder por sus necesidades materiales, que se presumen de baja condición. La idea recurrente es que el ayuno ayuda a meterlo en cintura. Leña al mono. Al fin y al cabo el cuerpo forma parte del reino animal.

16 may 2014

Del Corán y de los derechos humanos

El asesinato es universal. Que una secta política o religiosa, o ambas cosas a la vez, lo practique para sembrar el terror, puede decirse, con las reservas que se quiera, que entra dentro de la normalidad. De sobra estamos ‘acostumbrados’ a ello. Todos los terroristas del mundo lo hacen, con las variantes o con la ligereza o contención que marquen las circunstancias. Sin embargo el terror también tiene límites. Los impone la cultura, entendida como el conjunto de convenciones que una sociedad se impone, fruto de su experiencia histórica. Ni el más loco de los terroristas osaría violarlos, so pena de perder todo apoyo, incluso el condicionado por el terror.