Desde hace algún tiempo las informaciones sobre el
empobrecimiento progresivo del país suelen presentarnos la pobreza troceada: pobreza
femenina, pobreza infantil... El asunto me llama la atención y no puedo evitar
sospechas sobre alguna segunda intención oculta. Quizás como en otras ocasiónes es que simplemente los dedos se me antojan huéspedes, como solían decir
los antiguos que no se manejaban demasiado bien con términos como paranoia, conspiración o el híbrido de moda, que me
resisto a escribir.
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22 abr 2014
27 abr 2013
La iglesia, la caridad y la justicia
Una cosa es amar a los
pobres y otra detestar la pobreza. Se puede practicar la caridad tratando de
mitigar el sufrimiento que la pobreza genera en las personas: amor a los
pobres; y se pueden crear, apoyar, exigir las medidas estructurales de cambio
social que permitan erradicar la desigualdad, el dominio económico de unos
sobre otros: repudio de la pobreza. Nadie duda que la iglesia practique y promueva el amor a los pobres. Los
ejemplos son múltiples en la historia y en el presente. No seré yo quien le quite
ese mérito. También es cierto que la bendita práctica ha sido utilizada más
veces de las deseables con fines espurios: bien para el proselitismo, o bien para
desarmar actitudes de rebeldía potencialmente peligrosas para la conservación
del statu quo social. Pero ese es otro debate. Lo que suscita dudas, por
decirlo con suavidad, es que la prédica del amor a los pobres se complemente con
la condena de la pobreza, y mucho menos con la acción positiva por su
erradicación definitiva.
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