Como todo el mundo
sabe el tiempo para los viejos corre de manera inclemente. Ayer mismo fui a una
consulta médica en busca de alivio para la vagancia creciente de mis
articulaciones y me encontré con que el médico, cincuentón de largo, había sido
alumno mío en su adolescencia; salí con las rodillas en las mismas condiciones
pero con un principio de depresión. Ítem más, no hemos tenido tiempo de cerrar
la boca en la discusión sobre la necesidad de cambiar la ley electoral, cuando
ya nadie recuerda que alguna vez se hablara de tal cosa. El argumento menor era
que la habían hecho las Cortes franquistas de lo que se deducían toda clase de
trampas alevosas; luego, mil y una invectivas contra la ley Dhont, las
circunscripciones, las listas cerradas ¡qué se yo! Lo cierto es que todo el
mundo, o casi, estaba en que era la responsable del blindaje del bipartidismo
que, según parecía, era objeto de abominación universal. El caso es que las
últimas elecciones han demostrado que sí se puede, con perdón, que bastaba con
que la gente dejara de votar a los dos de siempre. ¡Tiene bemoles el asunto! ¡Si
lo hubiéramos imaginado!
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16 jun 2016
20 may 2015
Moviendo los muebles
Todo el mundo da por hecho que se ha acabado el
bipartidismo. Eso parece; sin embargo, para un cambio tan importante, sólo hizo
falta que los ciudadanos se pusieran las pilas. Sin cambios constitucionales,
ni siquiera de la ley electoral.
Una virtud innegable que tuvo el 15M fue concienciar políticamente
a multitud de jóvenes… y menos jóvenes; el motor primero: la crisis (financiera
→ económica). Las democracias, por imperfectas que nos
parezcan, tienen recursos autorregeneradores que se ponen en marcha con sólo
que los ciudadanos tomen conciencia del protagonismo que les otorga el sistema
y con la única condición de que ningún poder fáctico (económico, militar,
religioso… etc.) haya aprovechado el dormitar o el despiste ciudadano para
arraigar con demasiada consistencia en las grietas del sistema. Otra cosa es el
diagnóstico que se haga sobre la capacidad de tales fuerzas para condicionar el
proceso político, lo que dependerá de posicionamientos ideológicos, es decir,
de decisiones previas en las que nunca sabremos cuanto había de emoción y
cuanto de razón. Quizás no importe en absoluto.
16 abr 2015
Política fashion
No sé cuál es el mecanismo psicológico que nos encadena a la
moda pero debe ser poderoso a juzgar por los resultados: no hay humano que se
resista a la fuerza gravitatoria de lo que se lleva. Es especialmente visible
en los trapos y aditamentos con que protegemos y adornamos nuestro cuerpo
serrano, también es donde más velozmente puede variar y donde se ha instituido
todo un ritual de cambio en cada temporada (año o estación); pero alcanza a todos
los aspectos de la actividad humana, desde los más frívolos a los más serios, desde
la pública a la más recóndita e íntima. A la política también.
1 feb 2014
Una gráfica reveladora
Del blog
de Alberto Garzón, diputado de IU por Málaga he extraido la gráfica histórica de
intención de voto que inserto bajo este párrafo y cuya fuente es el CIS. La
serie abarca de enero del 96 a julio del 2013 y como podemos ver resulta muy reveladora.
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