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13 nov 2014
Política naif
1 mar 2014
Fundamentos éticos de la Renta Básica
La
sociedad humana a lo largo de los milenios de su existencia ha acumulado un
patrimonio colectivo cuyos beneficios corresponden a todos y cada uno de sus
componentes. Sin interferencias injustificadas ese legado debería bastar para garantizar
una existencia digna a todo humano allí donde resida y proceda del grupo que
proceda.
La civilización, o la cultura, es un proceso acumulativo y
dado que todos los humanos que hoy pueblan el Mundo proceden de ancestros comunes,
los herederos de todos los logros de la raza humana hasta el día de hoy son
todos sus miembros, no sólo los más poderosos, que, de hecho, han monopolizado
esos bienes y se esfuerzan por asegurárselos para el futuro. Cualquier progreso
tecnológico o científico de hoy, por muy bien que esté identificado su autor,
no sería posible sin los millones de pequeños o grandes pero anónimos avances
sucesivos y acumulativos que ha generado la humanidad desde el principio de los
siglos. Cualquier propiedad sobre cualesquiera bienes sólo es posible porque lo
permiten unas leyes que derivan de una coyuntura sociopolítica concreta,
siempre susceptibles de ser abolidas en nombre de otros principios más justos.
24 mar 2013
Una alternativa
Lo que hemos dado en llamar Estado del bienestar es el desarrollo de políticas,
con cargo a impuestos o tasas de diverso tipo, encaminadas a librar subsidios y
generalizar servicios gratuitos (sanidad, enseñanza…) que permita a los
ciudadanos que no cuentan con el respaldo de una gran renta, hacer frente con
dignidad a sus necesidades básicas y contingencias vitales. No entraré ahora en
el debate de qué parte corresponde a un movimiento defensivo del capitalismo
ante las amenazas del socialismo revolucionario y cual a las conquistas del
movimiento obrero en sus frentes político y sindical; aunque, no estaría de más
considerar que la inflexión a la baja, en la que estamos, tiene su origen en
los años 80, la misma década en que se produjo el crack político de los países
llamados de socialismo real. En cualquier caso es el resultado de luchas
seculares, muchas veces traumáticas.
25 jun 2009
La Renta Básica de Ciudadanía
Hay pobres porque hay ricos; o, lo que es lo mismo, la riqueza necesita de la pobreza para existir. Los ricos lo saben porque no son imbéciles y, cuando lo son, lo presienten; por eso les huele a chamusquina cualquier política de promoción social, por eso son de derechas. Adam Smith, el apóstol del liberalismo, mil veces prostituido por los suyos, calculó con afán científico la cantidad de pobres que se necesitaban para sostener la existencia de un rico propietario: «Cuando hay grandes propiedades hay grandes desigualdades. Por cada hombre muy rico debe haber al menos quinientos pobres» (La riqueza de las naciones, 1776). No sé si la proporción habrá cambiado, pero sí sé que la relación entre los salarios altos (hoy muchos ricos son asalariados) y los bajos rebasan esa cifra de quinientos.

Que la pobreza es una situación de injusticia no necesita argumentos, aunque haya aún algunos apegados a la explicación (muy americana, por cierto) del fracaso personal, del perdedor. No cabe duda tampoco de que los países que en la segunda mitad del siglo pasado construyeron el Estado de bienestar estuvieron más cerca que nunca nadie de erradicarla. Sin embargo, jamás se ha ido más allá de leyes protectoras, de subsidiar determinadas situaciones, de proporcionar servicios básicos gratuitos, etc. Hoy, después de la ridícula debacle del neoliberalismo, necesitamos dar un paso adelante, no ya recuperar el Estado de bienestar, sino algo más. Se trataría de reconocer el derecho de todo ciudadano a percibir una renta incondicional, independiente de su género, estado civil, situación familiar, riqueza o cualquier otra consideración; una renta de subsistencia que, en la máxima situación de desamparo en que pudiera caer, le permita subsistir dignamente. Hay que contemplarla como un derecho, no como un subsidio o una ayuda para pobres o desvalidos de algún tipo, por eso deben percibirla todos sin ninguna condición de edad o de situación socioeconómica.
Existen muchas críticas a esta propuesta, que no es tan nueva como podría creerse (las primeras formulaciones datan del S.XVIII), pero la que más interesa desmontar es la que asegura que es económicamente inviable. Existen varios estudios, uno de ellos el que realizaron en 2005 ARCARONS, J., BOSO, À., NOGUERA, J.A. y RAVENTÓS, D., a propósito de su viabilidad en Cataluña. Según ellos mediante una reforma en profundidad del IRPF, que establezca un tipo único (57,5%) y la exención de un tramo hasta alcanzar la cuantía de la Renta Básica, se podrían garantizar 5.400 € para los adultos y 2.700 € para los menores, manteniendo un nivel similar de cotización al de hoy salvo para las rentas más altas, que se elevaría algo[i]. Naturalmente la Renta Básica sustituiría a cualquier otra renta, subsidio o pensión pública inferior a ella.
Otra crítica que surge a primera vista, casi de modo automático, es que pocos estarían interesados en trabajar. Conviene cuidar de que no la hacemos desde el prejuicio, no sea que nos ocurra como a Trichet, Ordoñez y tantos altos ejecutivos, que sienten y manifiestan, un día sí y otro también, la necesidad de flexibilizar el mercado laboral, desde sus empleos blindados con leyes o millones de euros y sin que se les mueva un músculo de la cara; o como a muchos burgueses decimonónicos que les costaba pensar que subir los salarios a los obreros sirviera para otra cosa que para que pasaran más tiempo en la taberna o el prostíbulo. Lo cierto es que en el Estado de Alaska existe ya, financiada con un fondo soberano que se alimenta de los excedentes de la explotación de hidrocarburos, y no ocurrió nada de eso. De todos modos pienso que seguramente habría que soportar un cierto nivel de holgazanería por algunos individuos, pero nada que no hayamos visto y tolerado desde siempre entre los ricos.
La Renta Básica de Ciudadanía sería el primer intento serio de erradicación de la pobreza desde la dignidad republicana (seguramente también de la riqueza excesiva). En suma, un paso en la dirección de la justicia. No me extenderé en analizar los múltiples beneficios que aportaría, por ejemplo para la autonomía de los jóvenes y las mujeres, por no hacer interminable este post. Os dejo a vosotros la tarea como un buen ejercicio de imaginación solidaria.

Que la pobreza es una situación de injusticia no necesita argumentos, aunque haya aún algunos apegados a la explicación (muy americana, por cierto) del fracaso personal, del perdedor. No cabe duda tampoco de que los países que en la segunda mitad del siglo pasado construyeron el Estado de bienestar estuvieron más cerca que nunca nadie de erradicarla. Sin embargo, jamás se ha ido más allá de leyes protectoras, de subsidiar determinadas situaciones, de proporcionar servicios básicos gratuitos, etc. Hoy, después de la ridícula debacle del neoliberalismo, necesitamos dar un paso adelante, no ya recuperar el Estado de bienestar, sino algo más. Se trataría de reconocer el derecho de todo ciudadano a percibir una renta incondicional, independiente de su género, estado civil, situación familiar, riqueza o cualquier otra consideración; una renta de subsistencia que, en la máxima situación de desamparo en que pudiera caer, le permita subsistir dignamente. Hay que contemplarla como un derecho, no como un subsidio o una ayuda para pobres o desvalidos de algún tipo, por eso deben percibirla todos sin ninguna condición de edad o de situación socioeconómica.
Existen muchas críticas a esta propuesta, que no es tan nueva como podría creerse (las primeras formulaciones datan del S.XVIII), pero la que más interesa desmontar es la que asegura que es económicamente inviable. Existen varios estudios, uno de ellos el que realizaron en 2005 ARCARONS, J., BOSO, À., NOGUERA, J.A. y RAVENTÓS, D., a propósito de su viabilidad en Cataluña. Según ellos mediante una reforma en profundidad del IRPF, que establezca un tipo único (57,5%) y la exención de un tramo hasta alcanzar la cuantía de la Renta Básica, se podrían garantizar 5.400 € para los adultos y 2.700 € para los menores, manteniendo un nivel similar de cotización al de hoy salvo para las rentas más altas, que se elevaría algo[i]. Naturalmente la Renta Básica sustituiría a cualquier otra renta, subsidio o pensión pública inferior a ella.
Otra crítica que surge a primera vista, casi de modo automático, es que pocos estarían interesados en trabajar. Conviene cuidar de que no la hacemos desde el prejuicio, no sea que nos ocurra como a Trichet, Ordoñez y tantos altos ejecutivos, que sienten y manifiestan, un día sí y otro también, la necesidad de flexibilizar el mercado laboral, desde sus empleos blindados con leyes o millones de euros y sin que se les mueva un músculo de la cara; o como a muchos burgueses decimonónicos que les costaba pensar que subir los salarios a los obreros sirviera para otra cosa que para que pasaran más tiempo en la taberna o el prostíbulo. Lo cierto es que en el Estado de Alaska existe ya, financiada con un fondo soberano que se alimenta de los excedentes de la explotación de hidrocarburos, y no ocurrió nada de eso. De todos modos pienso que seguramente habría que soportar un cierto nivel de holgazanería por algunos individuos, pero nada que no hayamos visto y tolerado desde siempre entre los ricos.
La Renta Básica de Ciudadanía sería el primer intento serio de erradicación de la pobreza desde la dignidad republicana (seguramente también de la riqueza excesiva). En suma, un paso en la dirección de la justicia. No me extenderé en analizar los múltiples beneficios que aportaría, por ejemplo para la autonomía de los jóvenes y las mujeres, por no hacer interminable este post. Os dejo a vosotros la tarea como un buen ejercicio de imaginación solidaria.
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