1 dic 2017
Morir de éxito o el declive de la socialdemocracia
5 abr 2016
Neoliberalismo
6 abr 2015
Capitalismo y democracia
1 abr 2015
Montesquieu vive
14 mar 2015
Malos tiempos para la épica
El triunfo incontestable del individuo es una conquista de la modernidad. Desde el Renacimiento ha ido ganando espacio hasta alcanzar hoy cotas nunca logradas en otros momentos… y subiendo. Una mirada hacia atrás que contemple la vida gregaria que anulaba la individualidad en la tribu, la gens, el gremio, la iglesia, el estamento, la casta, o la clase nos revela un panorama deplorable según nuestros parámetros actuales. Hoy es el reino del individuo, del “yo hago lo que me da la gana”, “a mí nadie me dice lo que tengo que hacer o qué creer”. Recelamos de las iglesias, de los partidos, de los sindicatos o sociedades gremiales; damos por superado el concepto de clase, y sus connotaciones solidarias y cooperativas, mientras crece el de “emprendedor” como héroe social moderno que se abre camino y consolida su posición en solitario. Quizás ningún otro elemento revela mejor el triunfo del liberalismo. Ha calado en la conciencia de las multitudes, y parece que está aquí para quedarse. Nada que oponer. Yo estoy en el mundo y los valores de mis contemporáneos son los míos. No podría ser de otro modo. Pero por aquello del espíritu de contradicción (otra manifestación del individualismo, pero que también puede ser la picajosa deriva de una personalidad fastidiosa, sin más) no puedo sino tratar de ver el envés de valor tan valorado… si es que lo merece.
6 nov 2014
Lo que el muro nos enseñó
28 abr 2014
La flauta de Bartolo
10 nov 2013
Perdiendo el control
14 may 2012
Mercado y democracia
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| Proudhon |
5 mar 2012
Igualdad y crecimiento
26 may 2011
La nueva aristocracia
16 may 2011
Palabras como armas
29 nov 2010
Reflexiones sobre la democracia (7). Capitalismo
Sobre liberalismo y democracia escribí en otro lugar(1) El capitalismo, por su parte, muestra evidentes contradicciones con el liberalismo. Adam Smith advertía de que la concentración de poder económico «es a la sociedad económica lo que el despotismo a la sociedad política»; pero, «el capital no ha cesado de concentrarse […] por el juego incesante de las fusiones y adquisiciones, bajo la presión de las finanzas»(2). Por su propia condición y por su exigencia de libre concurrencia y competencia, el liberalismo económico acelera la concentración capitalista que, a su vez, mina el liberalismo político en sus médula, deteriorando el principio de igualdad de los ciudadanos ante la ley, ya que propone un Estado mínimo, que ha de enfrentarse en la defensa de los derechos ciudadanos a un monstruo, los propietarios del capital, que crece en tamaño y poder sin cesar. Una contradicción que lo aboca a la autodestrucción y que genera, en situaciones de estrés político, latigazos de autoritarismo (medidas de orden público en Francia, USA, Rusia, hoy en Brasil, etc.).
Las crisis de los años finales del XIX y principios del XX (1929) produjeron la primera gran ruptura entre capitalismo y democracia: fascismo, nazismo, franquismo, formulas capitalistas que reniegan airadamente del liberalismo y la democracia; surgidas de un movimiento de defensa del sistema económico que se sentía amenazado por el progreso del comunismo, su coartada; en ellas el dirigismo económico y el autoritarismo político se combina con el mantenimiento del capitalismo. La geopolítica que surgió de la segunda guerra mundial y las luchas sociales, que venían de más atrás, produjeron la primera gran luna de miel del capitalismo y la democracia, bajo la fórmula keynesiana, que se prolongó algunas décadas y alumbró el Estado del bienestar, pero a la que la globalización, comandada por el neoliberalismo, y la crisis, efecto de su propia irrupción, han puesto fin en estos años.
La globalización neoliberal da la impresión de hacer triunfar por todos los rincones del mundo a la democracia, cuando en realidad sólo promueve a la democracia formal ya que a la vez que la difunde la vacía de contenido; por una parte, con la proliferación y crecimiento de instituciones supranacionales (FMI, BM, OMC, BCE, G20…, situadas fuera del control democrático directo) y, por otra, con la movilidad del capital, que los Estados son incapaces de contrarrestar con éxito; ambas herramientas minan la sustancia de las instituciones democráticas (soberanía popular), conservando sólo sus aspectos formales. La supuesta convergencia o identificación entre capitalismo (organización de la economía), liberalismo (organización del Estado) y democracia (soberanía), de la que alardea el pensamiento único, no es más que una situación en la que el capital, dotado de nuevas y poderosas armas se impondría sobre el Estado, liberal en lo económico, conservando las instituciones democráticas reducidas a su fachada. Negro panorama del que sólo se podrá salir desenmascarando y superando los presupuestos de la ideología dominante, el pensamiento único, o lo que es lo mismo, escapando de la jaula en que el capital ha metido al mundo con el señuelo de la globalización.
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1.Reflexiones sobre la democracia (1). Origen.
2.Thomas Coutrot: Capitalisme contre démocratie. En http://www.journaldumauss.net/
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La serie Reflexiones sobe la democracia:
(1). Orígenes
(2). Laicismo
(3). Economía
(4). El Estado
(5). Nacionalismo
(6). Populismo
(7). Capitalismo
11 sept 2010
Los ricos, los pobres, la crisis y Marx
Durante el siglo XX, desde la gran crisis de los años 30, en los países que fueron en seguida denominados desarrollados, se produjo una progresiva distribución de la renta, reduciendo el porcentaje que correspondía al capital y aumentando el que procedía del trabajo. Las medidas keynesianas y socialdemócratas estimularon el proceso y fueron las responsables de una sociedad económicamente dinámica y envidiable por su equidad. Las crisis de los 70 y 80 produjeron un cambio del paradigma económico, promovido políticamente por Reagan y Teacher en USA y Europa respectivamente, que fueron, más pronto o más tarde, imitados en todas partes. El desquiciamiento del poder sindical, la desregulación de los mercados financieros y el abandono de los instrumentos de intervención en la economía empezaron en seguida a hacer sentir sus efectos: uno de ellos fue remontar la crisis y emprender un nuevo proceso de crecimiento; otro, incrementar paulatinamente el porcentaje de renta para el capital en perjuicio del trabajo, es decir, una polarización de la riqueza, una regresión en las políticas de distribución de la renta. Proporcionalmente las clases que obtenían sus rentas del trabajo se empobrecieron, fenómeno que quedaba enmascarado por la incorporación de la mujer al trabajo (en todas partes, no sólo en España), que incrementaba notablemente los ingresos familiares y el gasto (por tanto también la demanda); otro recurso fue el endeudamiento, facilitado por el hiperdesarrollo de los instrumentos financieros y la irresistible incitación del mercado.
Más de veinte años de política neoliberal han permitido concentrar más y más riqueza en manos de unos pocos, extraída, naturalmente, tanto del excedente que aportaba el crecimiento como de las rentas del trabajo, es decir, empobreciendo a las clases medias y trabajadoras, que, además, han resultado endeudadas en proporción nunca conocida. En estas circunstancias, el pinchazo de la burbuja financiera ha tenido como consecuencia casi instantánea una drástica reducción de la demanda en la que estamos insertos hace ya más de dos años. No podía ser de otro modo ya que las clases de las que dependería el aumento del consumo han perdido sus ingresos y están fuertemente endeudadas. Para colmo, las medidas de los gobiernos para atajar sus desequilibrios presupuestarios son restrictivas, es decir lastran el crecimiento. La respuesta ciudadana, que en otras circunstancias podría ser brutal, está lastrada también porque los instrumentos sindicales fueron desarticulados por la acción consciente de los gobiernos al principio del proceso, o se anquilosaron por la falsa prosperidad de que disfrutamos durante años.
Y se me ha ocurrido a mí recordar, viejo izquierdista desfasado, que cuando Marx analizaba las crisis del capitalismo y las explicaba como crisis de subconsumo parecía estar pensando en ésta. A ver si vamos a tener que desempolvar El Capital…
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He basado este artículo en el de Vicenç Navarro en Attac España: La causa de la crisis, cuya lectura recomiendo, por su calidad y porque aporta datos numéricos que yo he obviado.
11 feb 2010
El "pelotazo" global
Hablar de conspiraciónes no está de moda, corre uno el riesgo de que lo descalifiquen por ser de esos ignorantes o malintencionados que se atienen a cualquier teoría conspirativa, renunciando a un análisis racional de la situación, por comodidad propia o porque la tendencia natural de todos a la comodidad promete una fácil aceptación. Sin embargo, la conspiración ha existido, existe y existirá. En el mundo de las finanzas se conspira para especular, es decir, para obtener un provecho extraordinario que de otro modo sería altamente improbable.
En el mercado financiero han cobrado una fama singular los hedge funds, fondos especulativos de alto riesgo, pero que, por lo mismo, prometen beneficios extraordinarios. Un “ilustre” patrón de hedge funds, el multimillonario Soros, puso en marcha en 1992 una auténtica conspiración para sacar a la Libra esterlina del sistema monetario europeo, para lo cual empleó varios miles de millones de dólares, logrando su objetivo. En los días pasados (del 6 al 9 de febrero) los traders (operadores en los mercados financieros por cuenta de las corporaciones: bancos, fondos, etc.) han movido casi ocho mil millones de dólares apostando por la caída del Euro (unos 40.000 contratos), según cuenta el Financial Times. La caída de la deuda pública griega y la subida de las primas que cobran los seguros que la garantizan (para la griega se han triplicado) han sido otros tantos objetivos. La deuda española ha sido un blanco secundario, o está en cartera para convertirse en prioritario. Como es sabido y demuestra la aventura de Soros con Inglaterra, cuando se apuesta por la caída de un objetivo financiero, la propia apuesta puede provocar la caída.
Seguramente tanto Grecia como España, u otros que pudieran agregarse, no son la diana sino el instrumento, el norte parece ser el Euro al que se está tensando a ver cuánto es capaz de aguantar. La finalidad no es oscura, sino transparente como el agua, a saber: ingresar beneficios extraordinarios para los hedge founds y los que están tras ellos. Que haya además otros fines, como la inflada vanidad de Soros por haber hecho saltar a la banca inglesa, es sólo anecdótico y no debería hacernos perder la perspectiva. Lo cierto es que el poder financiero permanece intacto y que, mientras los gobiernos se esfuerzan por sacarnos del pozo –a los especuladores que lo abrieron también–, estos continúan su juego, como si nada hubiera pasado, apostando por nuestra ruina, con lo cual esperan llenar su bolsa.
Llamar conspiración a este tinglado no me parece inapropiado, si acaso, más bien benévolo.
La mayor parte de los datos que aporto (y algo más) los obtuve del artículo (Rumeurs, paris irrationnels : les spéculateurs attisent l'affolement des marchés) publicado por Le Monde el día 9 y firmado por Gatinois, Michel y de Vergés.
30 jul 2009
El futuro de la izquierda
El colapso inevitable del “socialismo real” produjo el desconcierto en la izquierda, de hecho ya confundida desde hacía tiempo por las insuficiencias democráticas del sistema y por los éxitos del capitalismo. En realidad el capitalismo con la “ayuda” de la presión sindical y del reformismo socialdemócrata había logrado una síntesis que lo situó en un nuevo nivel.
Las contradicciones, sin embargo, subsistieron, transformadas unas, enmascaradas otras, agravadas algunas: hemos visto como las finanzas se han apoderado del control de la economía operando con ubicuidad desde cualquier punto del Planeta, mientras las industrias emigran al Tercer Mundo donde hoy reside el nuevo proletariado, tan desprotegido como en los peores tiempos de la revolución industrial; los trabajadores del centro, transmutados en clases medias, han asumido la ilusión de haber superado la explotación, pero conviven con un lumpen subsidiado y masas de inmigrantes desarraigados, desclasados y sin derechos; la concentración del capital sigue su curso, creando corporaciones gigantescas mediante absorciones, fusiones y opas que cuestionan la autonomía y la propia existencia de los estados; la producción creciente impone un consumismo acelerado que desafía el equilibrio natural del Planeta agotando recursos irremplazables y degradando y contaminando el medio de modo probablemente irreversible.
La crisis sobrevenida en el momento en que parecía que nada ni nadie podría detener la maquinaria triunfal del capitalismo ha puesto en cuestión su fortaleza, su coherencia y sus procedimientos. Por un momento han vuelto a sonar en los foros económicos los nombres de Keynes y hasta de Marx y Engels, y, sin embargo, la izquierda política no se ha distinguido en nada sobre las soluciones a aplicar, e incluso está siendo derrotada en los comicios en todas partes por un electorado que confía más en la derecha para que lo saque de la depresión; la única izquierda que parece prosperar es el penoso populismo latinoamericano y el P.C.CH en funciones de trader. Nadie parece esperar ni desear una alternativa real. Ante tal situación, sin duda, el capital tomará nota, como ha hecho tantas veces en condiciones mucho peores, y aplicará algunas reformas que hará que a la recuperación de la actividad nos encontremos con un sistema, que será el mismo, pero que el lavado de cara sufrido nos permitirá aplicarle algún calificativo novedoso, y otra vez la locura.
Sin duda la izquierda seguirá teniendo un papel, pero en poco parece que se vaya a diferenciar del de los últimos años; es decir, un papel subsidiario, tocando poder de vez en cuando, aquí y allá, faltaría más; con programitas sociales que bien podrían basarse en la Rerum novarum, y alguna cuestión sobre costumbres, entreverada de derechos, que resultan tan espectaculares: escandalizan a los de enfrente y entusiasman a los de acá.
¿Cabe esperar algo más? Quizá no. El personal no parece demandar gran cosa en este sentido y en este momento, a pesar de que los tiempos son recios, que diría un clásico. ¿Tenemos pues la izquierda que nos merecemos? Probablemente sí. La verdad es que últimamente había abandonado incluso el papel de mosca cojonera… el capital hasta había dejado de mover el rabo… Algunos nos daríamos con un canto en los dientes porque lo recuperara.
Bueno, es un futuro.
25 jun 2009
La Renta Básica de Ciudadanía

Que la pobreza es una situación de injusticia no necesita argumentos, aunque haya aún algunos apegados a la explicación (muy americana, por cierto) del fracaso personal, del perdedor. No cabe duda tampoco de que los países que en la segunda mitad del siglo pasado construyeron el Estado de bienestar estuvieron más cerca que nunca nadie de erradicarla. Sin embargo, jamás se ha ido más allá de leyes protectoras, de subsidiar determinadas situaciones, de proporcionar servicios básicos gratuitos, etc. Hoy, después de la ridícula debacle del neoliberalismo, necesitamos dar un paso adelante, no ya recuperar el Estado de bienestar, sino algo más. Se trataría de reconocer el derecho de todo ciudadano a percibir una renta incondicional, independiente de su género, estado civil, situación familiar, riqueza o cualquier otra consideración; una renta de subsistencia que, en la máxima situación de desamparo en que pudiera caer, le permita subsistir dignamente. Hay que contemplarla como un derecho, no como un subsidio o una ayuda para pobres o desvalidos de algún tipo, por eso deben percibirla todos sin ninguna condición de edad o de situación socioeconómica.
Existen muchas críticas a esta propuesta, que no es tan nueva como podría creerse (las primeras formulaciones datan del S.XVIII), pero la que más interesa desmontar es la que asegura que es económicamente inviable. Existen varios estudios, uno de ellos el que realizaron en 2005 ARCARONS, J., BOSO, À., NOGUERA, J.A. y RAVENTÓS, D., a propósito de su viabilidad en Cataluña. Según ellos mediante una reforma en profundidad del IRPF, que establezca un tipo único (57,5%) y la exención de un tramo hasta alcanzar la cuantía de la Renta Básica, se podrían garantizar 5.400 € para los adultos y 2.700 € para los menores, manteniendo un nivel similar de cotización al de hoy salvo para las rentas más altas, que se elevaría algo[i]. Naturalmente la Renta Básica sustituiría a cualquier otra renta, subsidio o pensión pública inferior a ella.
Otra crítica que surge a primera vista, casi de modo automático, es que pocos estarían interesados en trabajar. Conviene cuidar de que no la hacemos desde el prejuicio, no sea que nos ocurra como a Trichet, Ordoñez y tantos altos ejecutivos, que sienten y manifiestan, un día sí y otro también, la necesidad de flexibilizar el mercado laboral, desde sus empleos blindados con leyes o millones de euros y sin que se les mueva un músculo de la cara; o como a muchos burgueses decimonónicos que les costaba pensar que subir los salarios a los obreros sirviera para otra cosa que para que pasaran más tiempo en la taberna o el prostíbulo. Lo cierto es que en el Estado de Alaska existe ya, financiada con un fondo soberano que se alimenta de los excedentes de la explotación de hidrocarburos, y no ocurrió nada de eso. De todos modos pienso que seguramente habría que soportar un cierto nivel de holgazanería por algunos individuos, pero nada que no hayamos visto y tolerado desde siempre entre los ricos.
La Renta Básica de Ciudadanía sería el primer intento serio de erradicación de la pobreza desde la dignidad republicana (seguramente también de la riqueza excesiva). En suma, un paso en la dirección de la justicia. No me extenderé en analizar los múltiples beneficios que aportaría, por ejemplo para la autonomía de los jóvenes y las mujeres, por no hacer interminable este post. Os dejo a vosotros la tarea como un buen ejercicio de imaginación solidaria.
22 jun 2009
El capitalismo convaleciente

Hoy, otro momento crítico, las cosas se presentan de distinto modo. Nadie pone en cuestión el capitalismo por dos razones básicas: 1) el sistema logró ir superando algunas de sus más peligrosas contradicciones; 2) el comunismo se desprestigio en la delirante experiencia en que desembocó la revolución soviética. La presión del movimiento obrero, la deriva de parte del marxismo hacia el reformismo socialdemócrata y la propia iniciativa y capacidad de supervivencia del capitalismo se combinaron para acabar con la explotación brutal de los trabajadores –incorporándolos al sistema como consumidores además de cómo productores– y crear una sociedad de bienestar, que tuvo momentos de esplendor hace más de una década y que se convirtió en la sociedad más próspera, más justa, democrática y libre que haya existido jamás. Como esta experiencia se ha dado en el ámbito del libre mercado en el momento en que el comunismo agonizaba en medio de un colapso nada heroico, es difícil pensar en una alternativa al sistema hacia esta dirección.
Desde los gobiernos, de derechas o socialistas, las políticas que se están aplicando no difieren gran cosa, todos han optado por modelos keynesianos de intervención y de estimulo de la demanda, procurando no desmantelar lo que queda del estado de bienestar, mermado por la pasada ofensiva neoliberal, que la favorece. Las diferencias están más en el énfasis que se ponga en cada cosa o que a cada uno le interesa mostrar. La derecha española desde la oposición, en cambio, apoyada por algunas instituciones importantes (Banco de España), insiste una y otra vez en la reducción de impuestos y en la reforma del mercado laboral, recetas manidas del liberalismo, que ellos mismos se cuidarían de no aplicar si obtuvieran el gobierno.
Sólo desde la izquierda no parlamentaria, muchas veces procedentes de movimientos ciudadanos sin estructura de partidos, se están planteando propuestas novedosas, valientes y algunas muy atractivas. Me refiero a ATTAC que lleva años proponiendo el desmantelamiento de los paraísos fiscales, recogida en las últimas cumbres mundiales, aunque aún no se han visto acciones concretas, y la aplicación de una tasa mundial sobre las transferencias de capital, en un intento de humanizar la globalización domesticándola. Otra muy interesante, que en España ha sido elevada al Parlamento por IU y ERC, pero que ha surgido en otros movimientos (Red Renta Básica –RRB–, Basic Income Earth Network –BIEN–), es la implantación de una renta básica incondicional para todos y cada uno de los ciudadanos, incluidos los menores, que haría real el ejercicio de la ciudadanía sin que la pobreza lo convierta en una entelequia.
Estas propuestas reciben siempre la crítica de ser utópicas, pero todas ellas están estudiadas con detalle por expertos y la verdad es que tienen pocos flecos por controlar. No hay utopía, sino deseo de cambio y trabajo positivo y eficiente. Solo falta que les prestemos mayor atención. En el próximo post me propongo exponer los fundamentos de la Renta Básica de Ciudadanía.
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La ilustración es de Bartolomé Seguí.
26 abr 2009
La confusión de los transgénicos
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[i] La información sobre este párrafo, y alguna otra la obtuve de Transgénicos que salvan vidas de Esther Samper.
2 abr 2009
La tentación proteccionista
Pueden resultarnos chocantes las permanentes admoniciones contra el proteccionismo ante los debates pasados, en curso y por llegar para salir de la crisis. Al fin y al cabo proteccionismo no es otra cosa que anteponer los intereses nacionales. Ángela Merkel ha dado a entender que es su objetivo prioritario y, cada vez más, es lo que se desprende de la opinión de un sector de la prensa (ayer mismo en en el programa de TVE, 59 segundos); sin embargo, mi punto de vista es que las enseñanzas de la historia justifican los temores ante esa posible deriva.
En 1933 tuvo lugar en Londres una conferencia, semejante a la actual, para tratar de buscar acuerdos que permitiera remontar la crisis iniciada con el crack financiero de 1929. El fracaso fue rotundo. En Italia y Alemania se habían instalado ya el fascismo y el nazismo, respectivamente, con sus programas ultranacionalistas y autárquicos; con ellos pretendían medrar obteniendo los mercados necesarios (lebensraum o «espacio vital») manu militari si fuera preciso. La Unión Soviética, aislada del resto, no estaba interesada en la pervivencia del capitalismo y aplicaba sus planes socializadores al margen de cualquier acuerdo internacional. El resto no consiguió los consensos mínimos para romper el ensimismamiento económico y la dinámica proteccionista. Seis años después la lógica del proteccionismo a ultranza y del nacionalismo sumía al mundo en el incendio de la guerra (1939-45). Y no es que no hubiera experiencia.
Diecinueve años antes de la malograda conferencia había comenzado la Gran Guerra (1914-18) en cuyos orígenes encontró Lenin las contradicciones internas del capitalismo imperialista (Imperialismo, fase superior del capitalismo). En efecto, la lucha por los mercados, que Alemania combinaba con un fuerte proteccionismo y el dominio de lo más sustancioso del mercado internacional acaparado por el Reino Unido dentro de su imperio casi universal y sus exigencias de librecambio en el exterior, contenían, como se demostró, la agresividad potencial suficiente como para hacer saltar la precaria convivencia internacional en un conflicto sin precedentes por su magnitud y consecuencias. Sin embargo la guerra se cerró en falso tras la rendición de Alemania y no se pusieron soluciones para las verdaderas causas, que no eran sino económicas: los ciudadanos y sus mandatarios estaban cegados por el espejismo del nacionalismo. La lección no se aprendió.
Hoy la situación es diferente, las dos guerras quedan lejos y hemos aprendido mucho de su análisis, pero la tentación de recurrir al proteccionismo y al nacionalismo, que se vende con facilidad a la opinión pública, está viva. Habría que andar con pies de plomo.










