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25 oct 2020

Memoria e historia

 



Cuenta el neurólogo Oliver Saks1 que recordaba cómo de niño, llevado de la mano de su padre, caminaba por las calles del Londres bombardeado durante la guerra, sorteando escombros y envuelto por el olor a quemado que desprendían los restos de los incendios. Lo curioso del caso es que comentándolo con unos familiares le aseguraron que sus padres lo habían llevado fuera de Londres antes de los bombardeos y habían permanecido lejos de la ciudad durante toda la guerra. Era un recuerdo falso, fabricado en su cerebro sabe dios con qué estímulos y por qué necesidades. Y es que la memoria es así de leal con nosotros acudiendo a nuestras demandas y así de desleal con la realidad. Crea recuerdos, borra otros, modifica, transforma, embellece… Nuestra memoria es el pasado pero acomodado a las necesidades del presente: es el pasado que necesitamos, no nuestra historia.

Por eso la polémica y, de hecho, ya decaída ley de Zapatero denominada de la memoria histórica es un oxímoron, desde un punto de vista lingüístico encierra una contradicción en los términos: si es memoria no es historia. La memoria es pura subjetividad, la historia, en cambio, para merecer tal nombre, ha de buscar con ahínco la objetividad. Claro está que la memoria puede ser utilizada como fuente de la historia pero nunca sin contrastar y sin una crítica minuciosa y delicada. Después del parón que sufrió dicha ley durante los gobiernos del PP Sánchez la vuelve a resucitar en una secuela: Ley de la Memoria Democrática, de la que, es de agradecer, desapareció el término histórica. Comprendo la necesidad de ambas leyes y comparto, con matices, su oportunidad y alcance, pero me pronuncio por no usar el nombre de la historia en vano.

En vano y con alevosía se hace uso de la historia desmontando o atacando monumentos a Fray Junípero Serra2, Cristóbal Colón3 o Hernán Cortés, cambiando nombres del callejero o exigiendo disculpas públicas a un Estado por acciones de hace quinientos años4. El pasado que queremos, necesitamos o nos conviene no es la historia. En ¡Colón al paredón!, Letras Libres, Christopher Domínguez concluye su interesante artículo con esta reflexión:

Uno de los grandes logros del siglo XXI, el poner a los derechos humanos en el eje de la filosofía moral, se convierte, al aplicarse retrospectivamente, en la sustitución de la historia por la beatería de los poderosos, sean los talibanes o se trate de la izquierda conservadora que gobierna en México. En el fondo, quien dinamita los budas gigantes de Bamiyán o esconde la estatua de Cristóbal Colón responde, en proporciones hasta ahora distintas, al mismo principio, el del fanatismo.

Al Cesar lo que es del Cesar… y a la Historia lo que es de la Historia. El totum revolutum con que algunos espabilados nos presentan la política y la Historia sólo nos puede conducir a un sueño de la razón, que satirizara Goya, de nefastas e imprevisibles consecuencias.

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1 El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Saks, Oliver. Anagrama. 2008.

2 En junio de este año fueron dañadas varias estatuas de Fray Junipero en Los Ángeles.

3 La jefa de gobierno de la Ciudad de México mandó retirar en la víspera del 12 de octubre, la estatua de Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma.

4 El presidente de México López Obrador ha demandado del gobierno de España que pida perdón por la conquista de México, aprovechando la celebración del quinto centenario.

 

20 may 2016

Políticos y economistas

La economía desconcierta e irrita a un santo. Uno ve a los físicos disentir sobre determinados problemas, pero poco a poco se van comprobando o rechazando las tesis en discusión hasta que al final todo el mundo acepta los nuevos parámetros y ya, salvo los tontos, nadie discrepa. En economía pasa al revés cuestiones comprobadas ayer dejan de ser válidas para mañana y, por supuesto, los expertos nunca dejan de discrepar radicalmente de modo que para uno el otro es simplemente un imbécil, si es que no un sinvergüenza, aunque ambos puedan exhibir sendos nobel.

16 may 2016

Neurociencia y política

El progreso de las neurociencias es imparable, ya está a punto de nieve la neuropolítica. Cuanto más aprendemos de conexiones neuronales más sabemos de política. Que la derecha pepera tenga un suelo irrompible en torno a los siete millones o que la izquierda comunista lo sitúe en menos del millón  sólo se explica porque ese mogollón de ciudadanos tienen firmes valores en uno u otro ámbito de la conciencia; o sea, que su complejo emocional ha consolidado un sistema de conexiones neuronales que, en última instancia y pase lo que pase ‒corrupción, ineficacia, irracionalidad…‒dirigirá su mano hacia la papeleta de siempre. Un entramado de valores o de emociones que se ha ido urdiendo desde la infancia a golpe de bioquímica, interacción con el medio e impulsos eléctricos.

11 ene 2014

Gobernar para tontos

El ADN de un gobierno no se obtiene apriorísticamente de su programa sino de su acción legislativa; sin embargo, es revelador analizar, aparte el contenido de las leyes, algunas cuestiones que pueden parecer, por lo marginales, desechables. Me refiero a factores derivados de la mecánica parlamentaria, del análisis de la opinión pública, etc.

La observación del parlamentarismo británico durante el XIX nos proporciona datos curiosos. Disputaban dos grandes partidos: “whig”  liberal y “tory” conservador. Por poco que miremos advertimos en seguida que muchas de las leyes más progresistas no fueron aprobadas durante los gabinetes whigs, como cabría esperar, sino por los torys. Para muchos historiadores existía un pacto implícito entre ambos partidos que permitía introducir reformas con la mínima oposición posible, al tiempo que aseguraba al legislador acomodar la ley en cuestión a sus presupuestos ideológicos, ya que si ellos no tomaban la iniciativa lo harían los opositores, con resultados menos asumibles.

30 jun 2011

Despidiendo a Zapatero

            Lo ha dicho el propio Zapatero, debió pinchar la burbuja. Los errores de bulto de las últimos momentos del segundo mandato Aznar (guerra de Irak, que a los españoles resultaba tan ajena; pésima gestión del atentado del 11M, en la que el interés partidario primó sobre cualquier otra consideración a pesar de la gravedad del suceso), junto con la ilusión que despertaba un candidato que venía demostrando nuevos modos, un etos inusual  en el mundo de la política, produjo el vuelco en la elecciones de aquel 2004, insospechado semanas antes. 
La herencia recibida (no hay ganador que pueda librarse de un hándicap heredado, que, de algún modo, marcará su actuación, aunque sea sólo por rechazarlo, como ocurrió con las tropas en Irak,  que lastró las relaciones con USA durante años), la herencia recibida, digo, incluía una brillante situación económica, al menos en apariencia, que situaba al país en cotas macroeconómicas y escenarios vitales jamás vistos. Recuerdo que la llegada al gobierno de Felipe González, muchos años antes (1982), lo enfrentó a una traumática operación económica que recibió el nombre de reconversión industrial, consistente en la práctica liquidación de la industria básica creada durante la autarquía y el desarrollismo de los sesenta, que a esas alturas se demostraba inviable, y el desmantelamiento de las estructuras empresariales estatales igualmente procedentes del dirigismo franquista, dadas las necesidades de modernización (liberalización) de la economía, entre otros motivos por las aspiraciones de integración en Europa. Fue una operación valiente que le valió el enfrentamiento con los sindicatos, con lo que eso suponía para un partido socialista, y la profundización en el abismo del desempleo. Decisiones Imposibles para un socialista de no haber tenido la fuerza de liderazgo que supo mantener Felipe González. De todas maneras no se destruyó una situación boyante, la UCD no había logrado que el país levantara cabeza económicamente de modo significativo, aunque sí alejar la catástrofe que nos sobrevoló en los años setenta.

Por el contrario Zapatero se encontró con un país próspero que crecía a más velocidad que la media de Europa, lo que le permitía ir ganando posiciones en una escalada inédita en la historia española. Todo parecía indicar que se tocara lo que se tocara, la economía era lo único que había que dejar tal cual ¡Craso error! Como González, casi veinte años antes, habría que haber cogido el toro por los cuernos y desmontar las bases de aquella prosperidad, que era falsa, una burbuja que pedía a gritos ser desinflada. No soy un técnico y no sé si aquello se podría haber hecho paulatina y controladamente, pero hoy parece evidente que debería haberse hecho. No se habría evitado la crisis, que no tuvo aquí su origen, pero ¡qué distinta sería nuestra situación ahora!

Soy perfectamente consciente de que decir esto es fácil pero hacerlo es harina de otro costal ¿Quién es el osado que le pone el cascabel a ese gato? ¿Y cómo lo explica? ¿Cómo se vende a la ciudadanía un parón voluntario en la prosperidad, viviendo de donde veníamos, por lo que pueda ocurrir en el futuro? Zapatero no lo hizo y era su obligación. Se arrepiente ahora. El error lo estamos pagando todos con una situación lamentable y lo pagará el PSOE, con toda probabilidad, con la pérdida del gobierno. La autocrítica que empieza a hacer antes de marcharse le honra.

Hay otra cuestión que tendrá que explicar muchas veces o cambiar de argumentos, antes de convencernos a muchos: ¿Por qué no presentó una cuestión de confianza, o dimitió, o convocó elecciones en el momento en que desde la UE y el FMI le presionaban para cambiar drásticamente de política? ¿No era una situación suficientemente grave como para haber dado voz a los ciudadanos, en ese momento, haciendo uso de los recursos de que dispone el parlamentarismo? ¿No habría sido más coherente con los valores que lo llevaron al gobierno? ¿No habría compartido así la responsabilidad en los remedios? ¿No habría demostrado, también así, fe en el sistema de la que tan faltos nos hemos vuelto?
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La ilustración la obtuve en la red sin que haya podido determionar el autor.

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1 mar 2011

La velocidad y el tocino

Vivimos tiempos vertiginosos. La velocidad ha ascendido en la escala de valores hasta colocarse en los primeros puestos del ranquin actual. Volamos tan raudos que hasta podemos adelantar al sonido, los trenes son de alta velocidad y los barcos de pasajeros que surcan los mares más rápido de lo que nunca lo hizo nave alguna han sido relegados al calmoso solaz de las vacaciones, porque su ritmo desespera al viajero en otras eventualidades. En las actuales circunstancias el coche se ha transformado en una especie de prótesis, en una prolongación mecánica de nuestra anatomía, un artilugio poco más prescindible que la ropa o el calzado. Debe de ser por eso que ha caído tan mal el decreto de reducción de la velocidad máxima a ciento diez kilómetros por hora. Muchos lo han tomado como si la administración regulara el ritmo de sus pasos, como un atentado intolerable a la libertad individual, cuando en realidad un tope, no se cual, estaba establecido desde que se publicó el primer código de circulación en el año de Maricastaña y ahora lo único que se hace es reducir el límite en diez kilómetros sobre el actual vigente de ciento veinte. La medida ha sido calificada de inútil, de estúpida, de ocurrencia sin fundamento (lo de sin fundamento lo agrego yo porque no sé qué de malo tienen las ocurrencias, a no ser que carezcan de esa condición), hasta se le ha tildado de soviética (sic). Asombroso.

Multitud de expertos (experto en lo que sea es la condición profesional más abundante, con cualquier evento surgen como los hongos tras la lluvia) se han apresurado a asegurar que no se ahorrará combustible, ni es económica, ni se contaminará menos, pero que habrá más multas y hasta más accidentes porque conduciremos cabreados y aburridos lo que genera estrés y sueño. He decidido hacer caso omiso a los presuntos expertos y escuchar al sentido común reforzándolo con la lectura del libro de instrucciones de mi coche (yo también tengo uno) en donde dice que la velocidad más eficiente es 90 Km/h y, por tanto, no sólo acato el decreto, sino que además lo acepto como bueno y deseable.

Se me ocurre (perdón, yo no me puedo librar de las ocurrencias, es un vicio que arrastro desde la más tierna infancia) que quizás el contenido de la medida sea lo de menos, que si se hubiera legislado sobre la crianza de las aves de corral, sobre el impuesto de donaciones o sobre el currículo necesario para opositar a secretario judicial, se habría rechazado con igual o proporcional indignación. Quizá el problema no sea otro que el origen de la medida: un gobierno que todo el mundo da ya por liquidado. Tengo para mí (una ocurrencia más) que Zapatero (seguramente mejor persona que político) sigue en su cargo por un sentido del deber para con España y de lealtad para con su partido y sus votantes, pero que él y todos dan ya por concluido su mandato, lo que genera comportamientos anómalos tanto en la administración como en los administrados; es lo que los americanos llaman síndrome del pato cojo, cuando se refieren al presidente en los últimos momentos de su segundo mandato y ya se sabe que no puede ser reelegido. Sin necesidad de recurrir a expresiones foráneas aquí podríamos argumentar, de modo más castizo y más ajustado al tema, que algunos han confundido la velocidad con el tocino.

23 sept 2010

Pasión y muerte de ZP

Un artículo de Maruja Torres me ha revelado claves que hasta ahora no había logrado penetrar: la verdadera grandeza de Zapatero está por llegar y tiene que ver con su salida de La Moncloa.

Hay héroes y mártires. Los primeros obtienen su grandeza de las hazañas de que son capaces en vida. En Napoleón, por ejemplo, Sta. Elena fue un accidente. Nadie le recuerda por eso, sino por haber puesto en un brete a la Europa de entonces; por el increíble cinismo de haber usado la bandera de la revolución (libertad, igualdad, fraternidad) para una operación despótica y de engrandecimiento personal; por apostillar a Maquiavelo queriendo hacer ver que él iba más allá que cualquier otro en la tarea de ningunear la ética y los usos avalados por la tradición. Siempre tuvo seguidores más o menos afortunados, el de hoy es Sarkozy: infinitamente ambicioso, corto de estatura, épatant en sus decisiones políticas, liberado de sus complejos por un matrimonio espectacular. El héroe es vital, despierta admiración u odio –sólo sus contemporáneos más avisados son capaces de verle la vena ridícula de la que ningún héroe carece–, desaparecido, sólo quedará añoranza o alivio.

El mártir alcanza la vida gracias a su muerte. Su vida fue un fracaso, que, en seguida, se cargará sobre las espaldas de los que lo sacrificaron, rellenando el vacío con sendas dosis de inocencia y buenas intenciones. Habitará de modo perdurable y en estado glorioso en la memoria colectiva utilizando los posos de mala conciencia que todos hemos venido creando en nuestro proceso vital; se alimenta de ellos. En nuestro pasado reciente Suárez no se ajusta mal al modelo: denostado en el ejercicio de su poder como pocos y zarandeado sin piedad hasta la agonía por sus propios camaradas, su figura se va engrandeciendo progresivamente, desde su muerte política, hasta situarlo en las proximidades de los altares.

Zapatero pertenece a esta última categoría. Lo admirable en él es que es consciente del proceso, ha asumido su destino e interpreta su papel con la alegría de los justos. Estoy por afirmar que lleva camino de alcanzar la excelencia si las cosas no se le tuercen ganando las próximas elecciones. Sabe que en vida (política) tiene poco que hacer, las fuerzas que se desataron superan sus capacidades, así que ha decidido conquistar la memoria, ofreciéndose como víctima propiciatoria. Será el cordero que nos redima de nuestros pecados económicos ofreciendo su vida (política) para que arda en el fuego purificador de los recortes salariales, la congelación de pensiones y las subidas de impuestos. El no lo quería, pero nuestra culpa era demasiado grande y las acechanzas del Maligno (el mercado) demasiado poderosas, como para liberarnos de otro modo.

Si de aquí a un par de años volviera a ganar las elecciones y su desaparición no se produjera… borraría este artículo, al fin y al cabo no soy un profeta.
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La ilustración la tome prestada del excelente blog de humor caducahoy.blogspot.com
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17 jun 2010

Las vacas flacas

Desde pequeñitos conocemos el cuento de las vacas gordas y las vacas flacas. Se podría alegar que en aquellos tiempos eran el clima y otros imponderables de la naturaleza los que imponían las oscilaciones en la prosperidad, pero que hoy en cierto modo hemos superado eso desde que nos emancipamos de la agricultura. Es de tontos, o de ciegos, si lo preferís, porque desde su nacimiento el mercado capitalista ha mostrado el mismo perfil bipolar (euforia/depresión) y una peligrosa tendencia a generar burbujas especulativas que al reventar generan catástrofes: la primera bien estudiada la protagonizó Holanda con los tulipanes nada menos que en el siglo XVII.

La misión de un gobierno no es la simple administración de las cosas comunes, sino que debe marcar caminos, prever obstáculos y poner los medios para sortearlos. No es una política popular la de tocar las estructuras cuando las cosas van bien, con las incomodidades que genera, pero ¿quién ha dicho que gobernar sea fácil? Si al que gobierna se lo parece es que algo no marcha, probablemente sea que se está limitando a halagar a la clientela. Un buen estadista, en los momentos de prosperidad, no se instala en la autosatisfacción y la contemplación arrobada del propio ombligo, sino que toma medidas para cuando llegue el tiempo de las vacas flacas, que llegará, sea bajo su mandato o el del siguiente. Ahí puede estar la cuestión: el que venga detrás que arree.

Aznar se va pavoneando por el mundo de haber instalado a España en la prosperidad, pero no dice que sus medidas económicas crearon la burbuja inmobiliaria, que tuvo como primer efecto inflar la bolsa de promotores y constructores y también del gobierno, de las comunidades y de los municipios, que, por eso mismo, no sintieron necesidad de subir impuestos, antes bien, los redujeron, especialmente los directos que tienen mayor impacto populista. Pero la prosperidad era a todas luces pasajera, estaba basada en una burbuja especulativa, cosa que sabía todo el mundo, aunque se prefiriera ignorarlo. La llegada de Zapatero no cambió nada, se habló de desinflar controladamente la burbuja, pero nada se hizo salvo disfrutar, que son dos días; y lo mismo hicieron los gobiernos de las comunidades autónomas y los municipios. Hasta las familias, contagiadas de la fiebre de nuevos ricos, se entramparon hasta las cejas: pasamos casi sin transición de la maleta de madera a las playas del Caribe, de la chabola a la segunda vivienda, y todo a crédito, naturalmente. La llegada de las vacas flacas ha dejado de golpe al tesoro sin ingresos por la debilidad de su sistema fiscal y ha disparado los gastos, justo igual que en las familias. La situación que vivimos hoy es penosa, pero aquí no hay nadie sin responsabilidad, asumámoslo.

Aznar ya no puede dimitir, por lo menos podría callar, el ruido entorpece, enerva y no tiene ninguna utilidad. Zapatero ha fracasado en su política económica, esto es un hecho objetivo, y el estrépito es de tal magnitud que no parece razonable permanecer hasta las elecciones de aquí a dos años; por otra parte, ya gobierna casi al dictado del exterior y de las circunstancias, sin la mínima iniciativa, ni la mínima posibilidad de aplicar la política que prometió. En esta coyuntura se impone la dimisión. Cierto que unas elecciones no son el mejor escenario hoy, pero existe la posibilidad de marcharse dejando a otro, libre de descrédito, la tarea de recuperar la confianza y el equilibrio (tenemos el precedente de Suárez), lo que se saldaría con sólo unos días de zozobra y un debate parlamentario. Pienso que después de tomar las medidas más urgentes, que es un deber patriótico, debería cumplir el otro, dimitir. Probablemente, dadas las circunstancias, la única decisión honorable.
¡Qué difíciles son los finales!



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13 may 2010

Tribulaciones... (5)

Alguien me reveló que el pesimismo es un punto de partida infalible para alcanzar la felicidad: el pesimista, me dijo, sólo puede recibir buenas noticias; imaginando lo peor tiene asegurado el oscuro pero grato bienestar que produce acertar el diagnóstico, o el angélico y empático de errar en la desgracia. He comprobado que es cierto a condición de no leer la prensa: te levantas por la mañana con tu deslumbrante plan catastrófico del día, abres los periódicos y ves que en cuestión de minutos queda pulverizado y reducido a la ignominia del ridículo.

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Como esos individuos que se sientan en un plató televisivo para que una guapa presentadora les diga tras la desesperante pausa de rigor que el ADN confirma que su padre no es el que ellos creían, así me he sentido al conocer la noticia de que algunos de nuestros antepasados eran neandertales. Nada más salir de África en su histórica migración los abuelos paleolíticos la cagaron: las chicas neandertal debían tener un toque de exotismo que las hacía irresistibles. Empezaba a pensar que no hay nada puro en este mundo cuando vino la segunda parte de la noticia: los únicos sapiens fetén, sin mezcla de neandertal ni de nada, son los negros subsaharianos ¡Jo!

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¡Alguien anda rondando mi pensión! Desde hace algún tiempo tengo extrañas sensaciones: Zapatero me rehúye la mirada; además, cuando alguien supuestamente cualificado habla de pensiones acaba farfullando sonidos ininteligibles y se le tuerce la sonrisa. Desde lo de los griegos no me fío de nadie; llámalo manía persecutoria, paranoia o alucinación, pero yo siento la mano (codiciosa, no lujuriosa) de alguien en mi bolsillo. Cuando lo de Lehman Brothers recuerdo que me dije: «tranquilo, yo tengo mi pensión»; ahora, al recordarlo, no puedo evitar un puchero.

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Rajoy le venía diciendo a Zapatero que hay que ver que no hace nada, ayer le dijo que hay que ver lo que ha hecho. No entiendo a los políticos, si yo estuviera en eso, por lo que lucharía es por conseguir la oposición ¡Una bicoca! Se vive del presupuesto igual, pero lo más duro que hace uno cada día es lavarse las manos. De mayor quiero ser la oposición.
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5 may 2010

Tribulaciones... (4)

Si a la abuela Benita alguien le hubiera prohibido ponerse su pañolón habría armado la de Dios es Cristo. Es normal que si se le prohíbe a las musulmanas se arme la de Alah no es Mahoma, dicho sea con todo el respeto y la mayor ortodoxia, creo.

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Anteayer, como aquel que dice, los germanos eran los barbaros; ayer mismo confirmaron que seguían siéndolo; hoy griegos, romanos y cartagineses, escuchamos sus consejos, acatamos sus invectivas y esperamos babeando que la Merkel decida abrir el bolso. La de vueltas que da el mundo.

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Los fondos de inversión son un invento maravilloso por democrático: todos podemos participar en ellos y nutrir nuestra bolsa chupando la sangre a los ciudadanos indiscriminadamente, o sea, a nosotros mismos. El mercado ha logrado el movimiento continuo. La ruina de Grecia, la taquicardia española y el acoso al euro son daños colaterales que en nada enturbian la gloria del artilugio.

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Zapatero invitó a Rajoy a charlar sobre algunas cosillas de economía que nos tienen preocupados.

–Buenos días.

–Buenas tardes.

Al salir de la reunión Rajoy ha expuesto ante la prensa lo que le ha dicho al presidente. A renglón seguido Zapatero ha explicado a los mismos periodistas lo que le ha dicho al jefe de la oposición. No tenemos información de si alguno ha escuchado algo, lo que sí sabemos es que esto es lo que se ha llamado siempre un diálogo de besugos.

–Buenas tardes.

–Buenos días.

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Inquirir los motivos de Dios, me dijo un sacerdote, es pecado de soberbia; indagar los motivos del mercado, lo averigüé yo solo, es simple estupidez. En ambos casos la sumisión permite la supervivencia; asumir el dogma y oficiar la liturgia pertinente, la paz del espíritu y la prosperidad del cuerpo.

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6 feb 2010

Bocazas

El mundo de las finanzas nos ha obsequiado esta semana con otro de sus espectáculos habituales por lo reiterado, pero lamentables por las motivaciones y las consecuencias. España, más concretamente su deuda pública, está siendo objeto de un ataque brutal, sin justificación, lo que nos lleva a pensar que su finalidad, si la hay, es exclusivamente especulativa, tomando el vocablo en la peor de sus acepciones. Los traficantes del mercado financiero no respetan nada, ni los títulos de entidades privadas, ni las divisas, ni las materias primas por vitales que sean, ni, por supuesto, la deuda de los Estados. El resultado para España es que en una semana su deuda puede haberse multiplicado varias veces, arrastrando la cotización en bolsa de las entidades financieras españolas y europeas al borde del abismo, y eso sólo porque los traders que manipulan este tinglado nos han colocado en su punto de mira. No es la primera vez que España sufre uno de estos ataques asoladores, basta con recordar las embestidas sobre la peseta en la última legislatura de Felipe González, ni es el único país, ni será el último. El caso es que en el mercado de las finanzas hay beneficios si hay volatilidad; las turbulencias dejan para los que saben aprovecharlas, que suelen ser los que las provocan, réditos ingentes. Es el mercado y en él no hay nada sagrado, salvo la libertad (uno de los pocos ámbitos en los que esta palabra da miedo); en él (el mercado) todo está permitido, como se dice del amor y de la guerra, tres actividades en las que nos jugamos la propia existencia y, por ello, tan difíciles de embridar.

Desde hace semanas vienen apareciendo ataques escritos a la economía española en los periódicos económicos anglosajones sin demasiada base, lo que puede inducir a pensar que existe una relación entre ambos sucesos. Al menos parece que desde la prensa y otros foros económicos se ha dado aliento, o se han sentado las bases para justificar los ataques especulativos. Puede que sea casual y que los críticos crean haber cumplido con su obligación aunque no hayan pensado en las consecuencias desmesuradas que producían sus declaraciones incosistentes, en cuyo caso sólo podríamos acusarlos de bocazas.

Precisamente bocazas es lo que más abunda en nuestra propia casa. Llevamos años en que la oposición usa un discurso monocorde descalificando gravemente, no a la política del gobierno, que podría admitirse, sino a las personas que las diseñan y ejecutan, a las que no se cansan de tildar de inútiles, incapaces o ignorantes. El propio ex presidente Aznar, aunque en Europa es considerado un mequetrefe presuntuoso, no ha desaprovechado ocasión ante gobiernos, universidades extranjeras y cualquier auditorio que le preste oídos para calificar de inepto al actual Jefe de gobierno, ejerciendo de bocazas supernumerario. Bocazas las de Cospedal, Pons y Rajoy asegurando que nadie en el gobierno sabe donde tiene la mano derecha y acusando a Zapatero de superbobo que no es capaz más que de hundir al país por su radical inutilidad. Bocazas dentro del PSOE, como la de Almunia, que parece recrearse presentando un panorama negro para España desde su atalaya europea. Ilustres bocazas internacionales como la de Krugman que hace pocos días aportó su tonelada de arena.

Con toda esta algarabía no hace falta conspiración alguna. Aunque los traders constituyeran una corporación de santos, se apresurarían a poner a buen recaudo los capitales que les han sido confiados, curándose en salud y amplificando así hasta el infinito unos problemas que de no haber mediado tanto bocazas podrían tener fácil remedio.

Para colmo el gobierno da un paso hacia delante y dos para atrás, lo que dice hoy lo desmiente mañana, dando impresión de nerviosismo y de no saber qué hacer. Ellos con sus temblores incapacitantes y la oposición con su maledicencia de despechados rencorosos parecen estar de acuerdo y deleitarse cortando la rama que nos sustenta a todos.

31 ene 2010

Currando a los sesentaisiete


Lástima que tenga tan poca memoria y menos ganas de husmear por las hemerotecas sobre las previsiones que se hacían hace quince o veinte años acerca de la solidez del sistema de pensiones, pero, o bien tengo mucha imaginación, o nos estaban bombardeando con la necesidad de reformarlo porque no aguantaba, decían, mucho más de una década; en todo caso, aconsejaban los expertos previsores que cualquier persona sensata debía complementarlo con un plan de pensiones privado. Diez años después los dichosos fondos de pensiones resultaron ser el timo de la estampita mientras que el sistema oficial había registrado el mayor superávit de su historia. Todavía en plena crisis es lo único que no tiene déficit. Hoy mismo el ministro Corbacho asegura que “tiene una salud de hierro” (el sistema de pensiones, no él, aunque también, qué se le va a hacer). Pues bien, alguien en el gobierno ha decidido meter mano ahí y con el argumento de asegurar el futuro van a machacar el presente; han descubierto (¿cómo no nos habremos percatado antes?) que no nos podemos permitir el lujo de que los albañiles bajen del andamio antes de haber cumplido los sesentaisiete (que los trabajadores de Telefónica, Tve y tantos otros se marcharan con poco más de cuarenta no hace al caso, a ver si vamos a caer ahora en demagogias).

Que alguien me lo explique. Tenía entendido que nuestro problema primordial es el paro, si se amplía la edad laboral dos años ¿cuántos parados más habrá? Otro no menor es la baja productividad ¿cuánto caerá manteniendo a los abueletes en el tajo un tiempo suplementario? Si hace unos años el incremento de la productividad por la introducción de las nuevas tecnologías iba a permitir la reducción de jornada (en Francia lo permitió) y la de la edad laboral (en Francia lo permitió. La repetición no es una errata es que la jornada es de 35h y la jubilación a los 60), ¿cómo es que ahora ya no, si seguimos avanzando tecnológicamente y por tanto incrementando la productividad? ¿No es una falacia que la proyección demográfica desemboque en una tasa de dependencia insostenible? Sería así si otras variables (inmigración, productividad, natalidad, etc.) permanecieran inamovibles, pero ¿por qué iban a hacerlo? Que alguien me lo explique.

Puedo entender que se aproveche la aplicación de medidas drásticas que exige la crisis para atajar de paso algunos problemas estructurales de nuestra economía pero ¿por qué el sistema de pensiones si es de lo poco que funciona bien? Hasta gracias a las pensiones y a la solidaridad intergeneracional (fenómeno por el cual los papás mantienen económicamente a sus vástagos en paro) la catástrofe de los más de cuatro millones de desempleados no ha desembocado aún en conflicto social. ¿No es más cierto, señores del gobierno, que de aquí a unos años se habrá remontado la crisis y por tanto habrá vuelto a crecer el número de cotizantes disipando el temor de crac en el sistema, tal y como ocurrió en el ciclo anterior?

Alguien debería decirle a Zapatero (quizás nosotros mismos) y a su encantadora ministra de Economía y Hacienda que eso no se toca, que con eso no se juega.

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Goya tituló este cuadro Viejos comiendo sopa; podríamos, pidiéndole disculpas, rebautizarlo como Refrigerio en el tajo, o algo así.