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11 ene 2014

Gobernar para tontos

El ADN de un gobierno no se obtiene apriorísticamente de su programa sino de su acción legislativa; sin embargo, es revelador analizar, aparte el contenido de las leyes, algunas cuestiones que pueden parecer, por lo marginales, desechables. Me refiero a factores derivados de la mecánica parlamentaria, del análisis de la opinión pública, etc.

La observación del parlamentarismo británico durante el XIX nos proporciona datos curiosos. Disputaban dos grandes partidos: “whig”  liberal y “tory” conservador. Por poco que miremos advertimos en seguida que muchas de las leyes más progresistas no fueron aprobadas durante los gabinetes whigs, como cabría esperar, sino por los torys. Para muchos historiadores existía un pacto implícito entre ambos partidos que permitía introducir reformas con la mínima oposición posible, al tiempo que aseguraba al legislador acomodar la ley en cuestión a sus presupuestos ideológicos, ya que si ellos no tomaban la iniciativa lo harían los opositores, con resultados menos asumibles.