El asesinato es universal. Que una secta política o
religiosa, o ambas cosas a la vez, lo practique para sembrar el terror, puede decirse,
con las reservas que se quiera, que entra dentro de la normalidad. De sobra
estamos ‘acostumbrados’ a ello. Todos los terroristas del mundo lo hacen, con
las variantes o con la ligereza o contención que marquen las circunstancias.
Sin embargo el terror también tiene límites. Los impone la cultura, entendida
como el conjunto de convenciones que una sociedad se impone, fruto de su
experiencia histórica. Ni el más loco de los terroristas osaría violarlos, so
pena de perder todo apoyo, incluso el condicionado por el terror.
