16 oct 2009

Newton, cara y cruz

En 1936 la casa Sotheby’s subastó un conjunto de manuscritos cuyo autor había sido Isaac Newton, pero que habían permanecido fuera del alcance del público desde su redacción. El lote mayor fue adquirido por John Maynard Keynes que los cedió después al King’s College de Cambridge. Contenían algunos millones de palabras sobre alquimia una de las obsesiones del científico; en escritos posteriores Keynes afirmaría que aquel ingente montón de páginas estaban «totalmente desprovistas de valor científico», incluso, contra los que opinaban que Newton era el «primero y más grande de los científicos de la era moderna» opuso su idea de que «no fue el primero de la era de la razón; fue el último de los magos…» Todo ello desde el respeto y la admiración que le producían los trascendentales descubrimientos del físico, que, curiosamente, había dedicado mucho más tiempo e interés en tratar de transformar en oro otros metales por medios esotéricos que en desentrañar las leyes que rigen los movimientos de los planetas.

El otro gran pujador en aquella subasta fue Abraham Shalon Ezekiel Yahuda, orientalista que cedió al poco tiempo los documentos que consiguiera al recién creado Estado de Israel. En 2003 la Universidad Hebrea de Jerusalén, a donde habían ido a parar, los dio a conocer al gran público. Este segundo lote contenía más de un millón de palabras dedicas a analizar y desentrañar los misterios del Libro de Daniel y del Apocalipsis, textos que Newton se tomó muy en serio y a los que creyó interpretar de modo definitivo. Entre otros hallazgos había llegado a la conclusión de que el momento de la Creación no fue el 23 de Octubre de 4.004 a de C. como afirmara el obispo Ussher, sino 500 años después. También descubrió analizando las profecías de Daniel que el fin del Mundo tendría lugar 1260 años después de la coronación de Carlomagno, es decir en 2060 (después de haber desechado la fecha de 1867 que había creído descubrir en su juventud).

La alquimia y la especulación religiosa, desde unas posiciones que hoy calificaríamos de fundamentalistas, fueron las dos mayores preocupaciones de Newton a juzgar por el tiempo que les dedicó y el volumen de lo escrito. Sus descubrimientos científicos –cálculo infinitesimal, naturaleza de la luz, gravitación universal…– de una magnitud inconmensurable, se produjeron en unos pocos años de su juventud, aunque luego dedicara otros muchos a fundamentarlos científicamente y desarrollarlos; la mayor parte del tiempo lo ocupó en otras investigaciones, carentes de valor científico, y otros menesteres profesionales que nada tenían que ver con la ciencia. Incluso él mismo minusvaloró su tarea científica como revela un famoso párrafo en que se compara con «un niño que juega en la playa y se distrae encontrando de vez en cuando un canto más pulido o una concha más bonita de lo normal, mientras el gran océano de la verdad se extiende ante mí sin ser descubierto».

El alma humana es compleja.
___________________________
La ilustración es uno de los folios manuscritos de la colección de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

12 oct 2009

De San Isidoro a la Wikipedia


Necesitamos saber qué es lo que sabemos, tener todas las sabidurías al alcance de la mano para lo que pudiéramos precisar. Ahí está la motivación que condujo a la elaboración de las enciclopedias. El vocablo procede del griego enkiklíos paideia, que podemos traducir por instrucción en círculo, es decir, cerrada, completa. Aunque la enciclopedia por antonomasia es la Encyclopédie de Diderot en el XVIII francés, monumento insigne de la Ilustración, hubo otras muchas antes y después.

En el S. VI, época oscura en la Europa occidental, la monarquía goda que controló, mal que bien, la mayor parte de la Península, posibilitó un espacio de luz en las tinieblas propias del momento. Isidoro de Sevilla escribió una obra, Etimologías, que tiene un carácter y una intención enciclopédicos. Consciente de la ruina de la cultura clásica, Isidoro intenta, y logra con éxito, recopilar una buena parte de los saberes del mundo greco romano. Durante siglos fue una obra muy consultada y copiada multitud de veces hasta bien entrado el Renacimiento, mil años después. Si algo se le puede objetar es que dejaran de copiarse y se perdieran algunas obras latinas, ya que las sustituía con ventaja, aportando una especie de homologación cristiana a la cultura clásica.

Speculum maius (Espejo mayor) es el título de otra gran enciclopedia, esta vez en los años postreros de la Edad Media. Su autor, el dominico Vincent de Beauvais (S. XIII). Como la anterior fue obra de consulta muy valorada incluso en el Renacimiento, y copiada total o parcialmente en ocasiones numerosas. El XIII fue el momento de apogeo de la escolástica y los dominicos sus principales valedores, así que el Speculum no fue sólo una recopilación de saberes, sino que era toda una concepción del mundo desde el punto de vista de esa ideología, cuyo tema central fue la compaginación de fe y razón. Como la obra de S. Isidoro, encontró excelente acogida en los monasterios donde se encontraban las pocas copias que podían hacerse manualmente.

La Ilustración, ya en el XVIII, supuso un proceso de secularización en todos los órdenes, también el intelectual, como culminación lógica del humanismo renacentista. Los filósofos ilustrados sintieron la necesidad de llevar a todas partes esta nueva visión del mundo, libre ya de las ataduras de la fe, y encontraron que el mejor medio era la redacción de una gran obra que resumiera todo el saber bajo la nueva óptica: L’Encyclopédie (1751-72). Dirigida por Diderot y D’Alembert tuvo una inmensa repercusión en el mundo burgués occidental, convirtiéndose en el vehículo ideológico más importante de la revolución. En Inglaterra surgió pronto (1768) una réplica, pero con un carácter fuertemente conservador: la Enciclopedia Británica, que ha sobrevivido, actualizándose, hasta nuestros días y sigue teniendo prestigio. La imprenta permitía ya una mayor difusión, pero su coste y volumen las confinaba a los palacios, las casas de la burguesía ilustrada e instituciones de cultura.

Los siglos XIX y XX produjeron multitud de otras enciclopedias; en todas ellas predominó el interés comercial, como había ocurrido ya con la Británica, difundida por suscripción y en fascículos; unas tuvieron carácter nacional (Espasa para España) o especializado. Hasta la aparición de Internet, que vino a trastocar el mundo de las enciclopedias; de pronto todas quedaron obsoletas. Microsoft intentó un acuerdo con la Británica, que fracasó. Del fracaso surgió Encarta, también fracasada. El éxito, a mi juicio revolucionario porque reúne lo mejor de las virtudes de la red –horizontalidad, voluntarismo, gratuidad, pluralismo y globalización–, lo obtuvo Wikipedia.

Las claves del triunfo son: por una parte la utilización de la tecnología wiki, base de datos sencilla que ya existía; por otra una idea novedosa que confía en la colaboración espontánea de los usuarios de la red sin imposiciones jerárquicas. El resultado es una enciclopedia con tres millones de entradas en inglés, un millón en francés y en alemán, medio en español… ¡La Británica llegó a tener 75.000! Su calidad, que podría ser el punto débil, no es muy inferior a aquella y se compensa con creces por la facilidad de renovación, casi instantánea y su disponibilidad. Hoy intelectuales, científicos, creadores y gente corriente como el que escribe, la visitan a diario por millones en busca de información. Una auténtica revolución.

Como muestra, un botón: todos los enlaces, intencionadamente numerosos, de este artículo son de wikipedia.

7 oct 2009

El cinismo y la melancolía


Vivir para ver. La derecha económica nos mete en una crisis cuyo fin es todavía un misterio y las opiniones públicas de toda Europa castigan a la izquierda política debilitándola en todas partes, dificultándole, de paso, una reforma de las estructuras económicas, suponiendo que tuviera las ideas y la intención, que es mucho suponer.

Hace algunos meses escribía Daniel Innerarity en El País, sobre los resultados electorales de las últimas europeas, tratando de hallar las claves de lo que parece un contrasentido y sobre el que yo mismo escribí también en este blog en su momento, aunque con menos fortuna. Posiblemente nunca encontraremos una explicación suficiente sobre la debacle de la izquierda si nos centramos en los comportamientos de los partidos en liza. Como sugiere el articulista, existe una cultura de izquierdas y una cultura de derechas, en las que se inscriben los electores independientemente de su voluntad o decisión de votar a un partido concreto en una situación determinada. La izquierda tiende a agrandar el papel de la política, la derecha a minimizarlo. Pero la politización, en el buen sentido, que es básicamente ocupación de la izquierda, requiere ideas, y si no existen todo queda reducido a la gestión más o menos eficiente de lo que ya hay, que ha sido siempre el papel de la derecha. No se necesita tener mucha inteligencia o ser un estudioso del tema para percatarse de la carencia de ideas y de proyectos, del erial en que se ha convertido la izquierda política, después de encajar la derrota infligida por el neoconservadurismo desde los años 80 y, consecuentemente con esa aceptación, la mimetización con sus oponentes y el difuminado de los perfiles propios. En lógico reflejo, la izquierda sociológica se retrae y enflaquece, y, en parte, opta por la oferta de la derecha, puesto que, al parecer, sólo se trata de gestionar. Es la consecuencia lógica del abandono de la política.

La frustración ante la falta de adecuación entre las ideas y la realidad, continúa Innerarity, genera melancolía, que es el vicio en que cae inexorablemente la izquierda, produciendo parálisis y desafección. La negación de la política desde el ejercicio de la política conduce al cinismo, que es el vicio de la derecha; pero éste aporta mejores condiciones para la propia supervivencia, que, al fin y a la postre, es lo que importa.

Estos días unos y otros nos están dando un sublime recital cada uno en su especialidad: el gobierno socialista ha sustituido las ideas por los balbuceos y aleja cada día más a la ciudadanía de un horizonte mínimamente identificable como de izquierdas; la oposición de derechas afronta la corrupción con un desparpajo que produce vergüenza ajena y critica la política económica del gobierno sin ni siquiera esbozar la suya propia.

Como la melancolía tiene efectos duraderos y en cambio el cinismo produce una sensación de fortaleza inamovible, la adivinación del futuro próximo está al alcance de cualquiera.

30 sept 2009

La hora de la verdad

Cuánto da que hablar la crisis y cuánto tendremos que oír y decir todavía. Hace mucho tiempo que me cansé del tema, pero, aún así, de vez en cuando cumplo con el ritual. Hoy la cuestión de actualidad es la mini reforma fiscal (subida de impuestos) contenida en los presupuestos generales. La polémica, agrandada artificialmente por la inminencia del debate parlamentario hace difícil aclararse, la mayoría de los ciudadanos recibimos perplejos la lluvia de argumentos, o mejor, de profecías favorables o contrarias. Los que no somos expertos en economía (algunas veces duda uno de que exista esa categoría) buceamos con dificultad entre medidas y opiniones tratando de descubrir alguna verdad, sin mezcla de populismo o de interés político espurio; el resultado es la frustración.

No existe una medida económica que no tenga efectos secundarios nocivos. Con frecuencia el acierto está en la dosis o en el momento, porque en la terapia casi todo el mundo coincide. En general elevar los impuestos y reducir el gasto son medidas contra el déficit, disparado por efecto de la crisis, y nadie duda de su bondad en este sentido, pero claro es una política restrictiva que frena el crecimiento: el plus de capital que se desvía hacía las arcas públicas por la subida impositiva se retira del mercado; si además se reduce la inversión desde los presupuestos, el efecto se incrementa. Entiendo que ningún gobierno emprendería una política así si no estuviera seguro de que la salida de la recesión ha comenzado ya, pero tantas veces se ha criticado a Zapatero de un optimismo fuera de lugar que es casi imposible no pensar si no estaremos otra vez en las mismas.

¿Cuál es la alternativa? Seguramente continuar por algún tiempo con medidas expansivas que estimulen el consumo, al fin y al cabo no existe inflación, sino más bien riesgo de deflación (7 meses consecutivos de bajada de los precios) y el endeudamiento no parece excesivo, además se ha hecho hasta ahora a un interés bajo, consecuencia de la coyuntura; ya habrá tiempo de recomponer el déficit. Sin embargo, se opta por restringir, doctores tiene la Iglesia, me limitaré a aguantar la respiración porque de equivocarse el gobierno el efecto será profundizar y prolongar esta bonita situación.

Hay algo que no puedo criticar: mantener las ayudas sociales e incrementarlas; eso aumenta los gastos corrientes, malo; pero es de justicia, bueno. Mantener un poco de sentido de la justicia social es ético y muy de agradecer. Me parecen contradictorios los discursos que cargan la responsabilidad de la crisis a los comportamientos inmorales de un grupo de capitalistas, como si todo se pudiera arreglar con mandar a la catequesis a los banqueros, y en cambio no aprecian el comportamiento ético del gobierno, que es su obligación, aunque tenga sus costes.

21 sept 2009

Religión y psicoanálisis

Para los que la fe religiosa no nos dice nada, para los que ni siquiera decimos aquello tan vacuo y tan manido, “hombre, algo tiene que haber”, la persistencia del fenómeno religioso en el tiempo, su capacidad para perdurar por encima de cualquier circunstancia, su universalidad, tiene algo de misterioso. Por supuesto que no basta para convertirlo en una prueba de la existencia divina, como hacen muchos creyentes, pero sí que es un problema que reclama solución y que, al menos, frena con frecuencia la dialéctica de ateos y agnósticos.

Durante el siglo XX han proliferado los Estados laicos al ritmo que crecía el número de las democracias; incluso desde 1917 ha existido un grupo, que se definían como estados ateos, en los que la práctica religiosa sólo era tolerada; en ellos la religión desapareció de las escuelas y se ejercieron acciones positivas para erradicarla de las mentes de los ciudadanos y de los hábitos sociales. Por otra parte el progreso de la ciencia ha ido dejando sin sentido las cosmogonías religiosas y los mitos sobre el origen del hombre y su singularidad en la naturaleza. Además las condiciones de la vida moderna han trastocado en muy poco tiempo una buena parte del aparato ético de casi todos los credos convirtiéndolo en anacrónico. Cabría esperar ante esta acumulación de obstáculos un drástico retroceso de las creencias religiosas; pero eso no ha ocurrido. En los países que se proclamaron ateos las iglesias han recuperado en un santiamén (nunca mejor dicho) su antigua pujanza, demostrando que dos generaciones de bombardeo racionalista servía para lo mismo que aquellas bombas con las que las gaditanas se hacían tirabuzones. El más sensato laicismo y el progreso y difusión de la ciencia apenas si han logrado una cierta templanza y leve retroceso de las creencias. El trastorno de las costumbres ha tenido mayor efecto, pero, sobre todo, en el terreno de la militancia en las iglesias, que han perdido prestigio y capacidad de liderazgo, pero nada más. De África, del Oriente Próximo y del Asia islamizada mejor no hablar: allí la religión, convertida en bandera antioccidental, está en auge. ¿Por qué la racionalidad tiene tan poco efecto sobre las conciencias?

De las explicaciones múltiples que se han dado del fenómeno religioso a lo largo de la historia existe una que, me parece a mí, pone el dedo en la llaga y de ella se puede extraer una argumentación que desmonta el misterio.

Freud utiliza el psicoanálisis para dar una explicación coherente de la experiencia religiosa: en Totem y tabú y en Moisés y la religión monoteísta, desgrana una argumentación lúcida y atrayente en la que reduce el sentimiento religioso a la condición de una neurosis colectiva:

“los fenómenos religiosos sólo pueden ser concebidos de acuerdo con la pauta que nos ofrecen los ya conocidos síntomas neuróticos individuales; que son reproducciones de trascendentes, pero hace tiempo olvidados sucesos prehistóricos de la familia humana; que su carácter obsesivo obedece precisamente a ese origen; que, por consiguiente, actúan sobre los seres humanos gracias a la verdad histórica que contienen”.

En una muy conocida y genial fórmula: la neurosis obsesiva debe ser considerada como una religión individual y la religión como una neurosis obsesiva universal resume con maestría la conclusión de esta argumentación en la que obviamente no puedo entrar, pero si os remito a las obras citadas que se pueden leer o descargar en http://www.librodot.com/ (228K y 624K respectivamente).

Si realmente se trata de una neurosis obsesiva de carácter universal o colectivo anclada en la experiencia histórica de la especie humana, tenemos la clave para comprender su universalidad y su resistencia a los progresos de la razón y de la ciencia y la explicación de que incluso algunos científicos estén subyugados por ella; de la misma manera, una neurosis obsesiva individual no se erradica con argumentos ni están exentos de padecerla las personas más inteligentes o con mayor formación, que seguirán revisando las puerta del coche tres veces consecutivas o caminando sin pisar las juntas de las losetas por muchos que sean sus conocimientos y su inteligencia.