20 sept 2013

De la transición a la secesión

En los años de la transición algunos pensábamos que el nacionalismo periférico (vasco y catalán), aliado en la lucha contra la dictadura, debería haber obtenido la satisfacción de sendos referendos en sus respectivos territorios, que hubieran aclarado definitivamente su anclaje en el Estado. Es obvio que en aquellos momentos el voto secesionista no hubiera superado el 25% en el mejor de los casos. Una parte importante de la izquierda abogaba por esta solución. Pero precisamente porque los unitarios a ultranza eran una aplastante mayoría se opto por ningunear esa opinión, optando por hacer de la negación una cuestión de principios. La semilla de la frustración nacionalista quedaba sembrada.

13 sept 2013

Cataluña

Que Cataluña sea una nación y tenga por tanto el derecho a construir un estado y aspirar a su independencia o que sea parte integrante e inseparable de España son creencias. Podemos aportar argumentos de todo tipo a favor de una u otra proposición, pero, en última instancia, lo que nos hará quedarnos con una de ellas estará más ligado a las emociones que suscita cada situación que al sopesado frío y objetivo de los razonamientos, suponiendo que eso sea posible en estos casos.

El DRAE después de informar de que creencia es un “firme asentimiento o conformidad con algo” nos proporciona otra acepción: “Religión, doctrina”. El sentimiento nacionalista, se dé en Cataluña, en el resto de España o donde sea, no necesita demostraciones científicas para sus asertos, le basta con indicios, tan leves a veces que otros pueden utilizarlos para llegar a las conclusiones contrarias. En realidad los conceptos con los que se juega, nación, pueblo, soberanía, relato histórico, son tan ambiguos y faltos de realidad material que cabe siempre cualquier conclusión. No digo que el nacionalismo sea una religión, pero sí que es un fenómeno de la misma índole. Un sentimiento que nace en la misma región de nuestro cerebro y está construido con idénticos mimbres. Por supuesto, como con cualquier emoción, caben enfriamientos inesperados, exaltaciones sorpresivas, contagios colectivos… Siempre de difícil explicación.

14 ago 2013

Islam y democracia


El cristianismo (a la fuerza ahorcan) se ha retraído al ámbito privado y de la conciencia individual, de forma que la sociedad ha podido desarrollar, sin su tutela, un espacio cívico democrático y laico. ¿Es posible esperar otro tanto del Islam?
Las peculiaridades del nacimiento y la evolución histórica del cristianismo en los primeros momentos hizo que se impregnara del pensamiento griego, del neoplatonismo que dominaba la vida cultural de entonces, lo que le dotó de un sustrato filosófico que constituyó el entramado de sus complejidades dogmáticas. Rodeado de cultos que habían desarrollado rituales igualmente complejos y ricos, se benefició de ellos, incorporándolos con adaptaciones más o menos importantes. Todo ello añadido a la tradición cultual judía de la que formó parte en los primeros tiempos. Durante al menos cuatro o cinco siglos, periodo de definición y de diferenciación respecto del judaísmo, el debate filosófico fue intenso.

29 jul 2013

El cura Meslier. Un ateo en la sacristía

Se suele achacar a la presencia asfixiante de la Inquisición la falta de pensamiento científico y aún de pensamiento crítico en general en la España de hace unos siglos. Pero tal idea tiene todo el aspecto de autojustificación endeble o de mentira piadosa. Más bien, la anómala supervivencia del tribunal del “Santo Oficio” en nuestro solar (hasta bien entrado el S. XIX) se podría explicar por la falta o inconsistencia de un pensamiento racional generalizado en las élites, para lo que, a su vez, habría que buscar condicionantes socioeconómicos en nuestro peculiar devenir histórico. Sea como sea, lo cierto es que mientras en otros rincones de Europa la Ilustración rompía con los esquemas tradicionales de pensamiento, en nuestro país apenas si se intentaba cierta lucha contra las supersticiones más burdas o se pretendía difundir la enseñanza de algunas ciencias útiles. Todo eso sin poner jamás en cuestión los fundamentos ideológicos (filosófico-religiosos) ni, por supuesto, políticosociales del sistema. Un Voltaire o un barón de Holbach no hubieran tenido lugar entre nosotros, no ya porque los poderes religioso-políticos los hubieran acallado, sino porque ni siquiera hubieran nacido o prosperado en un caldo de cultivo tan poco estimulante.

1 jul 2013

Zapatero a tus zapatos

Hay movilidad social cuando los grupos no son impermeables y es posible ascender desde capas inferiores a otras superiores. La sociedad de castas representa el modelo más rígido. En ellas las diferencias sociales están marcados por rasgos étnicos o de otro tipo muy visible y el paso de una casta a otra es imposible: lo consagra la religión (hinduismo), lo imposibilita la costumbre y hasta lo prohíbe la ley. En el mundo occidental el sistema estamental de origen medieval era más permeable, pero las diferencias residían en la sangre y el origen. Fue desbancado por el ascenso del capitalismo y la sociedad burguesa que estableció un sistema de clases.

Las clases sólo se diferencian por el nivel de la renta y no deben comportarse como compartimentos estancos; sin embargo, la convivencia de modelos crea situaciones poco claras. En el XIX la coexistencia de los antiguos estamentos con las clases modernas era la norma. La novela de la época (Balzac, Proust) aporta testimonios excelentes, mientras que la persistencia de la esclavitud o de minorías étnicas (gitanos) proporciona otro sobre la anormal persistencia de castas. Las mentalidades reflejan esta mezcla con una confusión de valores. Siempre el ascenso social tuvo mala imagen y se identificó con el arribismo y con comportamientos asociales.