8 feb 2017

La pirámide

Una pirámide de población es una gráfica en la que se representa la estructura de la población por grupos de edad y sexo y debe su nombre a que en las sociedades de antiguo régimen demográfico la gráfica resultante da un perfil piramidal: base ancha (fuerte natalidad) y cúspide aguda (alta mortalidad con baja esperanza de vida). Hasta tiempos recientes todas las sociedades eran así y aún hoy lo son las menos desarrolladas; lo único que tiene perfecto esa situación es la figura geométrica que genera su representación. Se necesita ser un platónico recalcitrante o, quizás, un ignorante impenitente para confundir la perfección de la figura con lo bueno para la sociedad. Sin embargo en el real decreto que pone en marcha el Comisionado del Gobierno frente al Reto Demográfico, el objetivo de la novedosa institución, según se especifica, resulta ser el ‘reequilibrio de la pirámide poblacional’.

1 feb 2017

Deconstrucción del orden internacional

Está de actualidad el deconstructivismo. Todas las artes lo han experimentado desde la arquitectura a la moda, pasando por la pintura o la literatura. Ahora parece invadir peligrosamente zonas de la convivencia que tienen que ver con las cosas de comer, y no me refiero a la cocina, donde tambien triunfa, sino a la política.

Deconstrucción arquitectónica

20 ene 2017

El huevo o la gallina

Estaba pensando en Podemos y, de pronto, me vino a la cabeza el dilema del huevo y la gallina ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? No preguntéis por qué, pero aquí anda dándome vueltas sin dejar que me ocupe de otra cosa. A lo mejor Iglesias ha aparecido en un video hablando con una gallina o comiéndose un huevo y quizás lo haya visto, aunque no lo recuerde… Bueno, hace días se exhibió charlando con un leño y me costó descubrir que no era una pesadilla. En fin, la causa no hace al caso; lo que ahora me inquieta es la solución al dilema gallináceo.

11 ene 2017

"Si cae Iglesias (...) te jodes"

No existe nadie que haya hecho un análisis del populismo, siquiera sea superficial, que no señale la presencia de un líder carismático como una condición sine qua non para su existencia. Un líder capaz de recoger e interpretar la voluntad de la gente, el pueblo, la nación, las masas o como quiera que se denomine a ese ente colectivo fantasmal en nombre del cual se justifica el tal populismo. El líder personifica dos colectivos, el partido y el pueblo, que inevitablemente con el tiempo acaban confundiéndose: los enemigos del partido serán los enemigos del pueblo. La democracia, la ultra democracia asamblearia que suelen montar con grandes alharacas (destinada a convertirse al poco en caricatura de sí misma) se queda ahí; el líder es su muro de contención, todo se discute menos el liderazgo. Si cae el líder cae el tinglado.

5 ene 2017

Cuarenta años después


Alberto Garzón, capturado en la órbita de Podemos a la que arrastró a IU, continúa con sus críticas al papel de la izquierda y del PCE en particular durante la Transición. Son razonadas y serenas, lo que las hace muy efectivas, pero también frías, lo que denota distanciamiento emocional. Le falta empatía con los compañeros que protagonizaron aquella lucha con pasión, entrega y dificultades que en nada desmerecen de las suyas, muy al contrario. Posiblemente este reproche al pasado de su partido para justificar su propia posición no le rinda los réditos que espera porque se basa en la recuperación de remotas esencias, que ¿habrá que decirlo otra vez? no eran democráticas, en el sentido universalmente aceptado hoy. Encerrado en su laberinto no acaba de encontrar una salida airosa.