Hace unos pocos años asombrábamos al mundo con un
crecimiento económico espectacular: venían inmigrantes por decenas de millares,
invirtiendo una tendencia ancestral; nos pusieron una silla en el G7, aunque
hubo que empujar por aquí y tironear por allá; desde el gobierno nos anunciaban
que estábamos a la par con Italia y a poco tardar pasaríamos a Francia y a
Alemania; además construíamos más casas que Inglaterra, Francia y Alemania juntas,
aquí no queríamos alquileres sino propiedad para todos, incluidos los ‘pelaos’,
para los de medio pelo, doble. Construíamos más aeropuertos que nadie, algunos
sin aviones, más kilómetros de AVE, autopistas para hartar, una pluralidad de
edificios singulares, en fin… Ya sabemos lo que pasó, era una burbuja, lo más
parecido a un espejismo.
