He tenido una pesadilla. Me enfrentaba a un juicio en el que
de jurado estaba mi vecino del tercero. Era evidente que controlaba la
situación y al resto de jurados, que eran anodinos y no parecían demasiado
despiertos o interesados, algunos ni siquiera tenían cara, eran simples tocones
de madera en una silla. A la hora de dictar sentencia se había convertido por
arte de birlibirloque en el magistrado presidente. Allí estaba con la misma
sonrisa prepotente y las mismas ganas de fastidiarme. Me desperté sobresaltado.
Kafka tenía sueños parecidos.