Hay muchos que no creen en el progreso o dan a
la evolución (positiva) que se esconde en el vocablo un sentido negativo. No es
nada nuevo, ya en la Grecia de finales del siglo IV a.n.e., seguramente como
reacción al progreso material y cultural del momento, surgió una escuela de
filósofos llamados cínicos que vivían según la naturaleza despreciando los
bienes de la civilización, de ahí su nombre (κύων kyon: ‘perro’; kynikon: perruno, que viven como
perros). Por otra parte, los mitos de la edad de oro o del paraíso perdido
sintetizan la historia humana como una regresión brutal e irreversible.
