Se puede asegurar que los años que se abren con la
Transición no tienen paralelo en la historia de España. Probablemente no es
sólo mérito del proceso que se inició en el 75: la evolución mundial y del
entorno es una corriente que arrastra; pero hubo entonces una clara voluntad y
el innegable acierto de marchar con la corriente, y hasta de ganar posiciones
en el camino. Jamás habíamos protagonizado nada parecido. Sin embargo el éxito
no se gestionó bien y el primer tropiezo importante resucitó los fantasmas del
derrotismo que aún vagaban cerca.
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4 oct 2015
21 jun 2013
El estado del malestar
Hay un movimiento
ciudadano que se llama así. Hay blogs con ese nombre. No extraña la
proliferación porque es la cruz de aquel Estado del bienestar que se diluye a
pasos de gigante, en la práctica de algunos o en la esperanza de muchos. Verbalización
de un estado de ánimo político que emerge en las “primaveras” y movimientos de
“indignados” que se extienden por ambos hemisferios y amenazan con convertirse
en un fenómeno global.
Comenzaron siendo
sucesos propios del mundo islámico en busca de sistemas democráticos, aunque
sólo cuajó en aquellos países con regímenes laicos que habían “modernizado” ya,
hace décadas, las estructuras sociales respectivas desde revoluciones
“occidentalizadoras”, obviamente malogradas. Por la presunta esperanza democrática
que encerraban (¿de nuevo defraudada?) se ganaron el apelativo de “primaveras”, emulando aquella de Praga, en la onda del 68, también abortada.
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