Cameron, siguiendo la tradición de los premiers británicos en los últimos trescientos años, no ha devuelto
Gibraltar, pero puede haber regalado a Rajoy quinientos mil votos. El Brexit ha
hundido la bolsa, ha relanzado la prima de riesgo, pero también puede haber
hecho temblar la mano de votantes de Ciudadanos y de Podemos y conducirlas a
opciones más tradicionales, cargándose de paso la credibilidad de los
fabricadores de encuestas, la poca que conservaban. Si fuera cierto el regalo
tampoco habría que agradecérselo porque no parece producto de su generosidad
sino más bien de su estulticia. Entre paréntesis: para entender el
comportamiento del primer ministro es muy recomendable releer Las leyes fundamentales de la estupidez
humana, que Carlo M. Cipolla incluyó
en aquel delicioso Allegro ma non tropo.
