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2 may 2010

El extraño caso de los árabes invasores (5). Los sabios indiscretos

La contaminación ideológica, el principio de autoridad académica entendido del peor modo, la rutina, la falta de ganas y de imaginación para romper con prejuicios establecidos desde muy atrás, se han aliado para mantener la interpretación de Al-Andalus, una de las etapas más brillantes de nuestro pasado, en la situación sabida, alienada de la civilización occidental, como un paréntesis exótico, pero ajeno, incluso como el origen de mucho de lo que hemos venido considerando un lastre histórico que nos impedía estar a la altura de nuestros vecinos: complejo que arrastramos como nación desde la toma de conciencia de una presunta decadencia. Ideología y más ideología aplastando a la historia.

Pese a las protestas de incredulidad que producía el relato tradicional ha sobrevivido sin mayores trabas porque satisfacía una demanda ideológica sobre el origen de las naciones hispánicas, desde que se creara el mito de la pérdida de España y su reconquista. Volver la historia a su justo término ha sido la tarea de unos investigadores impertinentes que han puesto ante nuestros ojos con el descaro del que busca la verdad desprejuiciadamente incongruencias y absurdos frente a explicaciones llanas y coherentes:

Ignacio OLAGÜE: La Revolución islámica en Occidente. (Ed. Plurabelle. 2004). He aquí la obra que produjo la polémica en los términos en que está planteada en la actualidad. La primera redacción del libro data de los años sesenta en que se publicó una síntesis en francés (Les árabes n'ont pas envahi l'Espagne). En 1974 la fundación Juan March propició la publicación en español. La de 2004 es resultado de una subvención de la Junta de Andalucía, pero ya está agotada (es posible encontrar el texto en Internet). Comienza Olagüe la exposición de su tesis con una presentación de la mezquita de Córdoba, analizándola de modo novedoso y singular, pero muy sugerente y verosímil pese a lo atrevido. Su teoría plantea dos cuestiones básicas: 1) Es imposible que se produjera una invasión árabe islámica en España en el 711; 2) Al-Andalus es el resultado de la evolución natural de la situación religiosa y cultural de Hispania en la antigüedad tardía y comienzos del Medievo, coherente con la del N. de África y Oriente Medio, de donde recibirá una progresiva arabización, convergiendo al tiempo con el Islam. Para analizar ambas ideas despliega un exhaustivo análisis y crítica sagaz de las fuentes y recurre a bibliografía que los historiadores españoles han solido obviar, como las investigaciones de G. Marçais sobre la historia del Magreb o las observaciones del general Bremond sobre la imposibilidad del tránsito de una caballería por los desiertos norteafricanos para alcanzar occidente. El resultado es un libro apasionante que al profano puede parecerle que se demora en exceso en el análisis de las querellas teológicas, tarea clave para entender el proceso de asimilación del Islam.

Emilio GONZÁLEZ FERRÍN, profesor de la Universidad de Sevilla (Dir. Dpto. de Filologías Integradas) publicó en Ed. Almuzara (2006) una Historia General de Al Ándalus, en la que a lo largo de 600 páginas confirma y desarrolla la tesis de Olagüe, enriqueciéndola con nuevas aportaciones. Bajo esta perspectiva, revolucionaria en la historiografía española, analiza el completo discurrir de la historia de Al-Andalus, desde su prólogo visigodo al epílogo morisco. Se esfuerza en hacer ver que la eclosión cultural andalusí es un primer renacimiento europeo de impresionante riqueza, sólo que en árabe. Incluso establece un bello paralelismo entre la situación política en el Renacimiento italiano y las repúblicas urbanas (taifas) en que se descompuso el centralismo cordobés en el S.XI.

Por esta peculiaridad idiomática y la distancia, que a la postre quedó entre la fe occidental y el islam, los propios historiadores españoles, con una miope visión de la realidad histórica, lo han ninguneado, como si de un cuerpo extraño, en el ser cristiano occidental de la nación, se tratara.
«Al Ándalus es un componente […] de la Europa que conocemos como matriz de Occidente y que en Al Ándalus saltó del Medievo para vivir un primer Renacimiento
Para ser ecuánimes habría que decir que el autor utiliza a veces un estilo enrevesado que no favorece su lectura o requiere una cierta habituación.

Una especie de síntesis en 22 páginas se puede encontrar en Al-Ándalus: del mito asumido al Renacimiento, del mismo autor.

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Un equipo de biólogos investigadores de la Pompeu Fabra de Barcelona (E. Bosch, F. Calafell, S. Plaza, A. Pérez-Lezaun, D. Comas, J. Bertranpetit) publicaron en Investigación y Ciencia (nº 317, feb. 03) un trabajo titulado Genética e historia de las poblaciones del norte de África y la península Ibérica. Analizaron en él el perfil genético de poblaciones norteafricanas algunos de los cuales se consideran a sí mismos bereberes y hablan lenguas bereberes, mientras que otros se identifican como árabes y hablan árabe, situación compatible con la idea tradicional de una invasión árabe –la dinastía alauita que reina en Marruecos se declara descendiente de Mahoma a través de un ancestro que como Abderraman I en Al-Ándalus, llego del oriente Omeya–. El resultado fue que no existe diferencia genética entre ambos grupos y no hay rastros importantes que dejaran ancestros procedentes de Oriente Medio, por lo que, a falta de confirmación, habría que descartar la invasión y reducir a la condición de mito la existencia de dos poblaciones de diferente origen. Ni que decir tiene que esta aportación de la ciencia genética es inestimable y nos sitúa a la espera de más estudios serios sobre el particular.

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Los artículos de la serie:
El extraño caso de los árabes invasores (1)
El extraño c… (2). Quién nos contó el cuento y por qué lo creímos
El extraño c… (3). El cuento
El extraño c… (4). La versión no autorizada
El extraño c… (5). Los sabios indiscretos
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14 abr 2010

El extraño caso de los árabes invasores (1)

La investigación de la historia tiene semejanza con la encuesta policial. Frecuentemente nos encontramos inmersos en un auténtico laberinto que nada envidiaría a la más elaborada trama de serie negra. A veces también hay que sacar del archivo donde dormitaban antiguos expedientes que creíamos resueltos, a los que nuevas pruebas, un nuevo enfoque aportado por un audaz investigador novel, lo vuelve a la vida. Algo así está ocurriendo con la manida, archisabida y más que asimilada invasión árabe, a la que ahora empezamos a mirar de través porque cada día nos parece más increíble y de la que si no hemos arrojado a la papelera toda la información es porque empleamos siglos en elaborarla y, para colmo, participaron en ella ilustres investigadores.

Existe hoy una línea de investigación que trata de demostrar o parte de la idea de que los árabes jamás invadieron la Península. Entroncan con aquellos que entienden que la fulminante expansión militar árabe, que en el transcurso de un siglo (VII al VIII) llegaron a dominar del Indo a los Pirineos, es un mito, una leyenda, una falsificación de la realidad, a veces interesada, a veces casual, que encontró un camino propicio para prosperar. Lo que se pone en duda no es la civilización Islámica, hecho incuestionable, sino que un estado fundado por Mahoma –comerciante caravanero y profeta– se expandiera con la rapidez señalada por miles de kilómetros sobre los que sus inmediatos sucesores –un traficante en telas, un comerciante de cereales…– crearan tan vastísimo imperio; contaban para ello con un contingente humano salido de uno de los desiertos más inhóspitos del mundo y cuyo único bagaje cultural, si excluimos su habilidad para utilizar los escasísimos recursos naturales, era una cierta poesía amorosa –que algunos también ponen en duda– y que antes de que los convirtiera Mahoma al monoteísmo con una sabia mezcla de predicación y acción militar, practicaban un politeísmo primitivo, más bien animismo, con una organización social tribal.

El asunto de la invasión (en España) viene encogiendo desde hace tiempo. El primer jarro de agua fría se produjo al conocerse el contenido de las llamadas crónicas bereberes que reducían a cifras minúsculas (no más de 25.000) el contingente de los invasores, descalificándoles como tales. El segundo lo materializó Ortega y Gasset al afirmar lo que nadie se atrevía a decir, que una reconquista de ochocientos años es cualquier cosa menos reconquista; los historiadores respondieron reduciéndola a apenas (nada menos) dos siglos (XI al XIII). El tercero y definitivo lo proporciono I. Olagüe, un historiador “aficionado” que afirmó, con una argumentación sólida y compleja, que los árabes jamás invadieron la península. Fue ignorado durante décadas, pero ahora sus tesis han sido recogidas por historiadores “oficiales” y la cosa ha cambiado sustancialmente.

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Los artículos de la serie:

El extraño caso de los árabes invasores (1)
El extraño c… (2). Quién nos contó el cuento y por qué lo creímos
El extraño c… (3). El cuento
El extraño c… (4). La versión no autorizada
El extraño c… (5). Los sabios indiscretos