22 abr. 2010

El extraño caso de los árabes invasores (3). El cuento

Los antiguos no tenían el mismo concepto de la historia que nosotros. Casi siempre fue un arma política al servicio del poder o de las fuerzas hegemónicas del tipo que fueran. En el mejor de los casos era un género literario, como en el mundo grecolatino, sometido, claro está, a las demandas del arte más que a la búsqueda de la verdad objetiva y tan deudora de los intereses de grupo, de clase, religión, etc., como cualquier obra literaria. La historia como ciencia es un hallazgo moderno. No podemos esperar de los historiadores del pasado que se comportaran como nuestros contemporáneos, ni interpretar su obra como si se hubiera generado en nuestros días; a nosotros corresponde el análisis, la crítica y el tamizado de las noticias que nos revelaron impulsados por inquietudes que en absoluto concuerdan con las nuestras.

El relato que hacen las crónicas, nunca anteriores al S.IX, como expliqué, establece que cuando muere Mahoma (632) Arabia ha sido islamizada y controlada militarmente. A renglón seguido, en tan sólo doce años, conquistan todo el Oriente Medio (Siria, Palestina, el actual Irak), incluyendo Egipto, provincias todas ellas del Imperio Bizantino, regiones ricas, muy pobladas, con ciudades importantísimas, como Antioquía o Alejandría, y un cristianismo muy activo que disputaba el control de la fe a Constantinopla y Roma; todo eso sin privarse a la vez de conflictos civiles (la fitna). Desde Egipto y saltando en una exhalación los tres mil kilómetros del desierto líbico se apoderan de Túnez. Desde esa base en tan sólo diez años conquistan todo el norte de África hasta el Magreb atlántico. El 711 saltan el estrecho de Gibraltar, vencen al rey visigodo del que ya nunca más se sabe y en tres años y medio conquistan y ocupan los casi 600.000 km2 de la Península sometiendo a una población de varios millones de habitantes (posiblemente más de diez), todo ello con un ejército de 25.000 hombres que se había dividido en dos columnas para una mayor efectividad; y aún continuó el avance por el sur de Francia. Al tiempo se avanza hacia el Este con la destrucción del Imperio Persa, la otra gran potencia junto a Bizancio, penetrando finalmente en La India (S.VIII).

Esta inmensa gesta fue protagonizada por gentes que una generación antes vivían dispersas en tribus nómadas por un inhóspito desierto, con creencias politeístas y animistas, aunque algunos por vecindad mostraban la influencia del judaísmo y del cristianismo, que desconocían el Estado y cuya actividad era la ganadería nómada o el transporte caravanero. Los propios cronistas árabes conscientes de lo increíble de la narración se escudan en la intervención de la providencia divina para justificarla.

Subrayaré sólo algunas incongruencias especialmente llamativas:

• ¿Qué población albergaría el desierto arábigo, uno de los más áridos del mundo, en aquel entonces? ¿Unos cientos de miles? ¿Cómo aceptar que proporcionó gentes para conquistar y controlar un territorio del Indo a los Pirineos, y eso sin que colapsara la sociedad por falta de hombres que se ocuparan de las duras tareas en el desierto?

• Sin aportar novedad militar alguna –en otras épocas fueron decisivas las armas de hierro, el caballo, el carro de guerra o alguna táctica novedosa, como las falanges griegas de hoplitas– destruyeron el imperio persa y mutilaron gravemente al bizantino, las dos grandes potencias militares de la época enfrentadas desde hacía siglos sin que ninguna hubiera obtenido una ventaja definitiva sobre la otra.

• Con ejércitos sin intendencia –por entonces se veían obligados a vivir sobre el terreno, por eso las campañas se hacían en la estación de la cosecha–, ¿cómo es posible atravesar con la caballería y sin apoyo naval los 3000 km de desierto que separan Egipto de Túnez ? Ya hubieran querido conocer el secreto los militares británicos y alemanes en la II GM.

• ¿Es razonable que dominaran todo el norte de África en 10 años cuando los romanos tardaron siglos en conseguir un control incompleto?

• ¿Es asumible la conquista de Hispania en tres años con un ejército de veinticinco mil soldados que improvisan las expediciones sobre la marcha, cuando los romanos emplearon trescientos años, desplegaron una estrategia diseñada desde un Estado organizado y numerosísimos efectivos para someter a una población mucho más escasa, sin ninguna unidad y técnicamente muy inferior?

Soy consciente de que se puede uno enfrentar a estos misterios desde la incredulidad o desde la admiración. Hasta ahora, quizá por comodidad, por la insuficiencia de datos, por conservadurismo, etc., sólo lo hemos hecho desde la fascinación; sin embargo, la duda encaja mejor con el espíritu crítico que debe informar una historia científica.

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Los artículos de la serie:

El extraño caso de los árabes invasores (1)
El extraño c… (2). Quién nos contó el cuento y por qué lo creímos
El extraño c… (3). El cuento
El extraño c… (4). La versión no autorizada
El extraño c… (5). Los sabios indiscretos
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