Las sociedades patriarcales antiguas reducían el papel de la
mujer en la procreación a una función instrumental, mero recipiente donde se contenía
y formaba la nueva criatura. Después se encargaba de los cuidados necesarios hasta
que el niño conseguía una cierta autonomía, en torno a los siete años, que
pasaba al cuidado del padre. Naturalmente me refiero a los varones, las niñas
nunca abandonaban el gineceo porque su papel social, como mujeres, no se
consideraba relevante. Con variantes, esto es válido para todas las sociedades
patriarcales, es decir, todas si fuera cierto que la sociedad matriarcal ha
sido más una construcción intelectual que una realidad.
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6 ene 2014
25 may 2013
Sexismo y violencia de género
Cultura es un término
con varias acepciones. Una de ellas nos permite entenderla como el conjunto de
creencias, modos de vida y valores de un pueblo, de una época, en fin, de un
grupo humano. A veces ese acervo puede ser percibido desde afuera como
incultura, en el sentido de falta de conocimientos y estrechez de miras que
dificultan un pensamiento crítico, racional, libre.
Lo
insoportable que hoy nos parece la violencia de género constituye el caso
típico de una práctica nacida de una cultura que agoniza a la que observamos
desde nuevos valores y creencias. Como ambos fenómenos, la violencia y el
escándalo que produce, se generan en la misma sociedad, entre contemporáneos,
cabe deducir que conviven valores y creencias contrapuestos, que los nuevos no
acaban de sustituir a los antiguos y por eso el conflicto se manifiesta entre individuos
o en el seno de la conciencia de cada uno.
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