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19 jul 2015

Cuando oigo la palabra religión

«Cuando oigo la palabra cultura echo mano a la pistola» es una conocida frase cuya autoría se disputa entre varios fachas ilustres, desde Millán Astray a Goebels (por patriotismo yo se la adjudicaría al nuestro). Lo comprendo muy bien, es un movimiento reflejo de defensa, y no es nada raro que haya mucho prócer, especialmente si está uniformado, que se sienta amenazado por la cultura. Yo, por ejemplo, cada vez que oigo la palabra religión reprimo con dificultad el grito de cuerpo a tierra y si no me lanzo al suelo es por temor a confundirme con fieles postrados.

13 ene 2015

De San Bartolomé a Charlie Hebdo

Matanza de la noche de S. Bartomé
Uno puede pensar que la radicalización islamista que está dando lugar a episodios de terrorismo en Europa tiene una explicación relativamente simple. En el caso de los que atentaron contra Charlie Hebdo eran emigrantes de segunda generación y de nacionalidad francesa, lo que pone un punto de perplejidad en el observador. Sin embargo podemos elucubrar sobre la marginación que vive en Francia (en Europa) este sector, al que se unen los problemas de identidad en individuos que se encuentran en la frontera entre la cultura de origen y la de acogida sin que puedan identificarse plenamente con ninguna de las dos. Marginación y problemas de identidad son factores importantes que quizás los empujen a una ansiosa identificación con versiones integristas de su cultura originaria. Mucho más si existe la percepción de una confrontación de civilizaciones que arrancaría de la colonización y se habría perpetuado y agravado con la relación desigual (de explotación) entre occidente y el resto del mundo. Poco importa que esta visión arranque del espejismo simplificador con que se ha ocultado la inhumanidad explotadora del capitalismo moderno, porque lo que aparece a simple vista se nos antoja siempre incuestionable.

16 may 2014

Del Corán y de los derechos humanos

El asesinato es universal. Que una secta política o religiosa, o ambas cosas a la vez, lo practique para sembrar el terror, puede decirse, con las reservas que se quiera, que entra dentro de la normalidad. De sobra estamos ‘acostumbrados’ a ello. Todos los terroristas del mundo lo hacen, con las variantes o con la ligereza o contención que marquen las circunstancias. Sin embargo el terror también tiene límites. Los impone la cultura, entendida como el conjunto de convenciones que una sociedad se impone, fruto de su experiencia histórica. Ni el más loco de los terroristas osaría violarlos, so pena de perder todo apoyo, incluso el condicionado por el terror.