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21 nov 2020

Checks and Balance


El político británico de finales del XIX John Dalberg-Acton, colaborador del premier liberal Gladstone, debe su fama más que a su actividad política al hecho de ser autor del aforismo: «El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente». Pero lord Acton no descubría nada nuevo a las puertas del siglo XX, sino que más bien acertó a expresar con concisión y precisión un saber decantado desde antiguo. Basta con recordar a Pólibio, historiador griego, que hace nada menos que 2200 años alababa en su Historia Universal el sistema de equilibrios de poder que la República Romana había sabido crear para entonces,  freno eficaz frente al despotismo; a John Locke y Montesquieu que con el intervalo de medio siglo (XVII/XVIII respectivamente) y la separación del Canal definieron y elaboraron toda una teoría de la división de poderes para la buena gobernanza del Estado y la seguridad de los ciudadanos; o la materialización de las tesis del último de ellos en el checks and balances (controles y contrapesos) que estableció la constitución americana y la práctica política que deriva de ella. De ahí que, permitidme la digresión, confiemos en que el queda despedido que los votantes pronunciaron contra Trump se cumplirá pese a las bravatas que le resten por lanzar y las artimañas que pueda tejer en sus últimos días de mandato.

Pero las enseñanzas que se derivan de estas doctrinas no deben aplicarse sólo en el núcleo del Estado sino que también son exigibles en cualesquiera instituciones periféricas que lo compongan. Me refiero concretamente a los partidos, sus estatutos y su práctica habitual. La legislación que los regula exige que sean democráticos, pero el concepto se aplica aquí con laxitud e ingenuidad, por decirlo de forma benévola, de modo que alcanzan el placet legal con celebrar consultas periódicas directas o indirectas (no siempre) para elegir a sus dirigentes, aprobar sus estatutos y programas y disponer de algún sistema de garantías. La práctica cotidiana nos ofrece sin embargo el espectáculo de superlíderes que manejan a su antojo la institución que representan convirtiéndola en plataforma para su interés personal o de grupo, perdiendo la perspectiva de que su poder sólo se justifica en el bien colectivo de la ciudadanía y del Estado.

Así pues, tenemos líderes que, movidos sólo por mantener o ampliar su poder, han permitido, favorecido o aprovechado personalmente la venalidad hasta el límite de dar a su partido perfiles de organización para delinquir. Otros que no han tenido empacho en recurrir a artimañas populistas, utilizando la elección directa, para deslegitimar y liquidar órganos y prácticas de control y contrapeso internos, a veces seculares, convirtiendo al partido en un club de fans para mayor gloria del líder. Los hay que deslumbrados por un éxito coyuntural han embarcado a sus camaradas en un viaje alucinante por rutas imprevistas hasta acabar en un naufragio catastrófico o quien, aprovechando un momento crítico, ha lanzado un proyecto de diseño colando con relumbrones de novedad un constructo viejo, dogmático y rancio. El paisaje es variopinto pero siempre construido sobre los mismos materiales de la hipertrofia del poder.

Pero si los partidos son así, el acicate por moldear el Estado y la política en general a su imagen y semejanza es irresistible, de hecho los líderes de los partidos convertidos en líderes del Estado tienden a confundir ambos terrenos. Y ¿No conocemos los daños que de ese fenómeno se derivan?

Más controles y más eficaces, más contrapesos, división de poderes, pero también dentro de los partidos. ¿Qué tal si para empezar declaráramos incompatibilidad entre la dirección de los partidos y el ejercicio de cargos ejecutivos en el Estado, incluida la jefatura del gobierno. EE.UU.  funciona así, también el PNV en España y no con malos resultados precisamente. ¿No evitaríamos mucho del cesarismo ridículo que nos avergüenza y también nos amenaza? ¿No tendríamos partidos más estables, eficientes y menos desprestigiados? ¿No sería un freno a la corrupción porque frenaría la hipertrofia del poder?


4 feb 2019

¿La democracia en peligro?


El presente nunca tuvo buena prensa: o añoramos el pasado («Cualquier tiempo pasado fue mejor») o anhelamos el futuro, aunque sea un poco sombrío («…y tan alta vida espero/ que muero porque no muero»). Eso decían los clásicos, y porque en nuestros días sigue siendo un hábito de lo más común, merece la pena romper una lanza por hogaño. Por ejemplo: está de moda rasgarse las vestiduras y clamar por la democracia que muchos ven en peligro inminente de desaparición; otros, por lo menos yo mismo, pensamos que es más significativo destacar la general (global, habría que decir) convicción de que es el mejor y más deseable sistema político.

Podemos no estar contentos con lo que ocurre en el mundo, incluso estar alarmados por la deriva de tantas cosas (que cada cual ponga aquí sus fantasmas favoritos), pero es innegable que la democracia se considera un valor, por lo que casi todos los regímenes que son y han sido desde hace más de un siglo la reclaman para sí, a veces con algún sospechoso apellido (democracia orgánica decía el franquismo, democracias populares los comunismos de posguerra, bolivariana en la Venezuela de hoy…) o con su nombre de toda la vida, sin acompañamiento pero con extraños contenidos discriminadores, teocráticos, despóticos, autocráticos, etc., etc. La cosa (la ascensión a los cielos de la democracia) empezó con la derrota de los totalitarismos fascistas en 1945 (el prólogo lo había puesto el prestigio que alcanzó USA tras la Gran Guerra) y dio un salto de gigante con la implosión de la Unión Soviética cuando terminaba el siglo.

No había sido siempre así. El sistema que pusieran en práctica los atenienses del siglo V antes de nuestra era, no con demasiado éxito, habría que decir (en sentido estricto no duró mucho más de 40 años, aunque algunos la remonten hasta Clístenes), fue considerado aberrante y contra natura en su propio tiempo histórico (Platón), por supuesto también después y a lo largo de muchos siglos. Con la excepción de algunas experiencias urbanas en la Baja Edad Media, relacionadas con la efervescencia mercantil de aquel momento y que, tirando de generosidad, podemos calificar de democráticas, no volvió a aparecer hasta finales del XVIII en América del Norte, adornada ya con el imprescindible suplemento de los derechos humanos (por mucho que entonces sólo alcanzaran de lleno a los varones y a los que tenían color de piel no demasiado oscuro). Después penetró lentamente, con muchas dificultades y alternativas, en los regímenes republicanos y parlamentarios de todo Occidente, perfeccionándose en el camino y consolidando, puliendo y ampliando los derechos.

Pero, todavía en el XIX la iglesia católica abominaba públicamente en púlpitos y encíclicas papales del parlamentarismo, el liberalismo y la democracia porque para ella eran un evidente contradiós. La izquierda por su parte luchaba abiertamente por la destrucción de la democracia, a la que aplicaba el calificativo de burguesa, para establecer una dictadura del proletariado y cuando algunos de entre ellos comenzaron a aceptar la lucha parlamentaria para introducir reformas en el capitalismo en lugar de optar por la revolución fueron tildados de reformistas, revisionistas y socialdemócratas con toda la carga peyorativa posible y antes de que esas palabras se convirtieran en respetables. Ya en el XX los fascismos alardeaban sin tapujos de utilizar los derechos que proporcionaba la democracia para destruirla, a la vez que ironizaban con aquello de que «morir por la democracia es como morir por el sistema métrico decimal» por si cabía alguna duda de su desprecio por tal sistema.

Hoy es tan políticamente incorrecto proclamarse antidemócrata que no existe formación política alguna que lo haga. Tanto las iglesias como los partidos de extrema derecha o extrema izquierda ocultan como pueden sus instintos totalitarios utilizando sin rubor un lenguaje extraído de los arsenales democráticos. Nuevos populismos que difuminan la frontera entre democracia y demagogia (vocablo con que los griegos designaban la pretensión o práctica de conducir a la ciudadanía como a un rebaño). Son constructores de trampas, rediles dialécticos, para que incautos de todas las tendencias extraídos de la masa de descontentos y frustrados, que producen profusamente los momentos de crisis, queden atrapados, engrosando un rebaño que confunde el balido con la protesta. Cuando triunfan en las urnas y se encaraman en el poder hacen lo posible por mantener apariencias democráticas, corrompiendo sus formas pero conservando trazas, vestigios que sostengan la ficción. El muestrario en nuestros días es numeroso, disperso y variopinto: Venezuela, Turquía, Israel, Rusia… Incluso es posible encontrarlos en el seno de la UE: Polonia, Hungría… Muchos de esos países nunca disfrutaron la democracia o la vivieron tutelada, mutilada o de escasa calidad. En realidad hoy el peligro consiste más en la degradación, la erosión y la corrupción del sistema, que no es poco, que en su desaparición.

La democracia es ahora un concepto político que ha escalado los altares, de donde será difícil apearlo. Así sea.

12 dic 2017

Nuevas tecnologías


Vivimos una autentica e inquietante rebelión de los tontos. Nunca incomodó que se revolvieran confundidos con los demás. A nadie se le ocurrió jamás resaltar tal suceso porque era obvio y no tenía trascendencia alguna, de hecho vivimos mezclados para lo bueno y para lo malo. Sin embargo el desarrollo tecnológico les ha puesto en las manos un juguete deslumbrantes, tanto que pocos son los que se resisten a usarlo, hasta el punto de que hoy ya lo hegemonizan por completo y no parece que, de momento, el asunto sea reversible. Por supuesto, me refiero a las redes sociales, que hacen posibles las nuevas tecnologías.

Cuando hablo de tontos no me refiero a aquellos que han sido diagnosticados por sus bajas capacidades cognitivas sino a ese maremágnum de individuos que sobreviven más o menos como todo el mundo, a veces con éxito, incluso mucho éxito. De hecho se confunden con la masa, pero los podemos detectar en muy diversas situaciones: por ejemplo, son los que hacen imposibles las reuniones de vecinos, los que conducen lanzando sin medida toda suerte de improperios contra los que comparten el uso de la vía pública, los que tienen soluciones deslumbrantemente simples y asequibles para todo tipo de problemas. Son los que, hasta ahora, momento de irrupción de las nuevas tecnologías, venían utilizando como púlpito de preferencia la barra de bar. Muchos habréis identificado ya a vuestro cuñado… puede ser. De hecho están muy cerca, tanto que podemos ser uno de nosotros…, precisamente, la cualidad más notable de los tontos es que no saben que lo son.

Determinados saltos tecnológicos tuvieron en el pasado consecuencias enormes. El invento de la escritura impulsó el comercio y aceleró el progreso de manera desconocida hasta entonces, cambiando la faz del mundo; el uso del papel facilitó más la difusión del Islam que los ejércitos del califa, rompiendo la unidad del mundo conocido y sembrando la semilla de un nueva civilización; la imprenta fue la mejor arma en manos del protestantismo para su éxito y difusión en Occidente, con todo lo que eso supuso si hacemos caso a algunos historiadores que lo consideran la condición para el definitivo éxito del capitalismo (Weber). Hoy las redes sociales están permitiendo que las penosas cogitaciones de los tontos, que antes apenas alcanzaban la puerta del bar, difícilmente las páginas de un libro, más fácil un micrófono o una cámara, logren ahora una difusión global, se conviertan en mayoritarias (trending topic) y eleven a su autores a líderes de opinión (influencer), aunque lo publicado apenas rebase la calidad intelectiva de un rebuzno.

Como en las otras ocasiones reseñadas las consecuencias a largo plazo son inimaginables desde aquí, desde nuestros principios del siglo XXI. No obstante ya se nos alcanzan algunas sumamente inquietantes, dada la responsabilidad que se les imputa en ciertas decisiones políticas o cambios, tomadas o acaecidos recientemente, en el mundo democrático, a saber: éxito sorpresivo del Brexit, que marca la irrupción imparable de los iletrados en uno de los países más cultos de Europa; triunfo impensable de Trump, ejemplar prototípico de tonto; nuevos populismos, que se valen de las tecnologías novedosas como los fascismos históricos se valieron del micrófono (Hitler, Mussolini); independentismos, si los distinguimos de la amplia especie de los populismos, etc.

Hemos soportado la hegemonía de las aristocracias, los nobles, la burguesía, las clases medias, pero, la verdad, nunca pensamos en los tontos como categoría social susceptible de alcanzar el poder. Sin embargo, ahí los tenemos, las nuevas tecnologías han puesto en sus manos un arma cargada de futuro, que diría el poeta, precisamente cuando yo ya no estoy para mucho trote. Por favor paren esto que me bajo.

11 jun 2017

Democracia, emoción y racionalidad


En la toma de decisiones de todos los individuos la racionalidad juega un papel más bien modesto, son las emociones las que nos impulsan. A posteriori tratamos luego de justificar lo hecho con toda suerte de argumentos racionales, tanto más sofisticados y ajustados a la cuestión cuanto más nos las demos de intelectuales y racionalistas. El resultado podemos situarlo después como causa de la acción sin que se nos mueva un músculo de la cara. En realidad la razón lo que tiene es prestigio (nos definimos como animales racionales), pero, en la práctica, mucho más éxito como coartada que como motor o guía efectiva. Por eso hay tanta distancia entre predicar y dar trigo, tantas grietas en eso que llamamos coherencia, o sea, concordancia entre el discurso, interno o externo, y el camino que realmente transitamos. Casi todo el esfuerzo intelectual se nos va en disimular distancias y encubrir grietas.

19 abr 2017

Suicidios democráticos


Cuenta F. Savater en un reciente artículo en el País que la asamblea ateniense votó en una ocasión una moción que proponía abandonar la democracia. Sin duda la realidad conseguida no estaba a la altura de sus sueños. Y es que la democracia no hace milagros. Con toda probababilidad el bienestar (económico) no es hijo de la democracia sino a la inversa. No es que en Occidente se hayan conseguido las máximas cotas de bienestar porque se han practicado políticas democráticas, sino al revés, aunque es cierto que la democracia puede dar a continuación pinceladas nada despreciables. En los setenta, al comienzo mismo de la Transición, en una asamblea de jornaleros alguien aseguró que la democracia iba a acabar con el paro de inmediato; aún recuerdo las caras de los concurrentes cuando insinué que eso podía no ser necesariamente así. Con democracia o sin ella los problemas persisten si no se aplican los remedios adecuados; incluso con ella puede que tengamos que soportar con frecuencia irritante a mandatarios mediocres, conflictos internos insistentes y, desde luego, por la propia naturaleza del sistema, los problemas se hacen más visibles. Sin embargo, nos proporciona algo que no podemos encontrar de ninguna otra manera en sociedad: la completa dignidad de ciudadanos. La contrapartida es la participación y la responsabilidad de elegir. Ambas pueden ser duras. Ninguna es un juego.

12 nov 2016

Demagogias y populismos

La democracia también puede ser tiránica. Sin el imperio de los derechos individuales y el respeto sagrado a las minorías la democracia se manifiesta como una tiranía de la mayoría. Así la percibieron y denunciaron algunos antiguos notables (Platón, Aristóteles…), aunque ellos no acertaron a echar de menos los derechos ni de los individuos ni de las minorías, se limitaban a constatar que no había color entre el gobierno de los ilustrados (minoría) y el del populacho ignorante (mayoría). Por eso clamaban contra la demagogia de los politicastros de la época que conducían al pueblo como un rebaño, que es lo que significa la palabra, invirtiendo los términos de la democracia. El perfecto demagogo debe convencer a los apacentados de que se mueven por  iniciativa propia, siguiendo sus propios intereses y sin que nadie los arree.

5 oct 2016

Bobocracia


En Memorias de África cuando la baronesa von Blixen decide levantar una escuela para educar a los niños kikuyu, cuyos padres trabajan en la plantación, el anciano jefe de tribu que tiene que dar el consentimiento hace una muesca con su cuchillo en un pilar del aula para indicar que sólo los niños que no alcancen esa altura podrán asistir a las clases. Ante la sorpresa de Karem, la baronesa, Farah, su criado somalí, le explica que el jefe tiene razón porque si se educaran niños mayores sabrían más que él y podrían cuestionar su jefatura. Alta política, como la que se practica en la dirección de cualquier partido. Lo que tiene de bueno estudiar a los pueblos primitivos es que podemos vernos en ellos sin los tapujos de la civilización.

24 jun 2016

Los caminos y las metas


Anguita resucitado ha dicho en un mitin de Unidos Podemos en Córdoba, la ciudad que parió a Trajano y a él mismo, que aprendió en el Partido Comunista lo importante que es a dónde se va y lo secundario de todo lo demás. Y es que las cosas hay que aprenderlas en alguna parte, por ejemplo, él mismo aprendió el comunismo en aquellos prácticos manuales de la célebre marxista chilena Marta Harnecker, a falta de mejor praxis, de ahí la rigidez que le invade y que ha acabado por convertirlo en efigie de sí mismo. Por su parte, el ministro Fernández Díaz, no lo ha dicho, pero ha demostrado en el chusco suceso de la escucha en su despacho que los procedimientos le importan un rábano, que él va a lo que va, o sea, a salvar a la patria, y que caiga quien caiga y caiga como caiga. Esto debió aprenderlo en la espiritual enseñanza recibida desde la infancia que le dictó: lo que importa son las esencias, el alma; al cuerpo, mucho más si es el de otros,  y a los métodos les pueden ir dando. Mira por donde viniendo por caminos tan distintos han desembocado en el mismo lugar, o sea, que lo único que importa son sus ensoñaciones paradisiacas, terrestres o celestiales, lo demás al cuerno.

21 jun 2016

Las leyes y los reglamentos

Que la reforma de la ley electoral no es una prioridad lo ha demostrado la nueva geografía parlamentaria con la aparición de dos nuevos partidos con gancho y la unión de IU a Podemos. De pronto el sempiterno y escandaloso problema de la proporcionalidad ha desaparecido. Es más, ya hay quien levanta voces defendiendo nuestro sistema que comparativamente con los países de nuestro entorno no sólo no suspende sino que saca nota. Desde luego carece de elementos ‘correctores’ tan brutales o arbitrarios como los de ciertos vecinos, de las complejidades poco justificadas de otros e incluso de la obsolescencia de alguno.

8 may 2016

¿Democracia directa?

La democracia directa ha sido siempre, al menos desde tiempos de Rousseau, una utopía política que se inspiraba en la democracia ateniense, aunque se obviara que el derecho de ciudadanía se lo reservaba allí un escaso 20% de la población. La mayor objeción que se le ha opuesto al sistema es que en los estados modernos se presenta una imposibilidad técnica por el volumen de la población y la extensión de los territorios. De hecho, argumento tan contundente devaluaba cualquier otro en contra. Sin embargo, la historia del sufragio y, por tanto de la democracia, está llena de barreras y de cautelas encaminadas a filtrar, a frenar la voluntad espontánea de los ciudadanos, de las que el sistema representativo es sólo una parte.

2 mar 2016

La voz del pueblo

El lenguaje nació y se desarrolló entre los humanos, como todas sus potencialidades, en un largo proceso de diálogo, nunca mejor dicho, con el medio. La creación en un golpe de decisión divina, como cuando, a modo de castigo, hizo Jehová que nacieran multitud de lenguas para impedir el entendimiento en el acto soberbio de la construcción de la torre de Babel, es sólo un mito. Pero ese no es el único en torno a la lengua: hay una reverencia por la palabra escrita que se manifiesta en la veneración y credulidad que inspiran los libros sagrados y, sin ir tan lejos, en el plus de veracidad que siempre estamos dispuestos a conceder al texto impreso (“lo escrito, escrito está” decían los antiguos para significar que algo no tenía vuelta de hoja). Pero el más importante es el de que la lengua nació para la comunicación y el entendimiento. Sin duda esto es cierto; pero, también, que, desde sus orígenes, las lenguas  han sido usadas para la ocultación, el engaño y la confusión. De ello pueden ser muestra las jergas gremiales, como la jurídica, las caligrafías herméticas, como la de los médicos, etc.

18 ene 2016

El Estado contra Sócrates


En la Atenas clásica la democracia se había desarrollado y profundizando durante cuarenta años hasta que a finales del siglo V antes de nuestra era colapsara como consecuencia de la Guerra del Peloponeso. Esparta, polis que encabezaba la coalición vencedora, propició la formación de un gobierno oligárquico que fue denominado por sus oponentes demócratas “de los treinta tiranos”. En el año escaso de su duración las represalias y la cruel persecución a los demócratas fue feroz, tarea en la que destacó Critias, notable discípulo del filósofo Sócrates, muerto al fin en los altercados que pusieron término al régimen tiránico. Meses después fue juzgado el filósofo por los tribunales, otra vez democráticos, acusado de conducta impía, de corromper a la juventud y otros cargos.

31 dic 2015

Un montón de gente

Si lanzamos una moneda al aire las probabilidades de que salga cara o cruz son las mismas, 50% para cada una. De hecho si las tiradas se prolongaran al infinito el resultado, dicen los matemáticos, sería siempre el empate. Por extraño que parezca el resultado más probable en una asamblea de 3030 miembros que vota SI o NO es el empate, o sea, 1515 para cada opción. Naturalmente para eso se necesitaría que sus componentes fueran elementos no pensantes, como las monedas. Cualquier actividad cerebral introduciría variantes que destrozarían las matemáticas. Y si se supone que el grupo tiene una cierta homogeneidad en su pensamiento, como debe ocurrir en un partido político o candidatura, y la pregunta no se refiere a sus preferencias por los dulces de pascua, el empate sólo se explica por la intervención del maligno, como sugirió el líder máximo del evento que nos ocupa, la asamblea de la CUP. Si no se cree en Satanás la opción que nos queda es suponer que la actividad cerebral de los presentes fue próxima a cero.

28 nov 2015

La coherencia de la extrema izquierda

Es difícil abrir un periódico sin que pueda uno leer aquello de que la CUP, con sus exigencias radicales, es el único partido coherente del batiburrillo político catalán. Lo mismo podía decirse del primer Podemos. Lo mismo se ha dicho siempre de cualquier radicalismo. Desde una proposición que no ve más solución que hacer tabla rasa, no dejar ni las raíces, cualquier solución que se base en el consenso, la negociación o el respeto a posiciones no concordantes y a los caminos ya transitados, son sólo componendas, cuando no corruptelas o traiciones. Nada más fácil que ser coherente cuando sólo se atiende a un constructo ideológico abstracto, por mucho que sus partidarios aleguen que nace de un análisis previo y, por supuesto, certero de la realidad.

20 jun 2015

Las circunstancias

Sugería Ortega que la esencia de nuestra personalidad no se entiende si no se agregan las circunstancias. A eso podemos agarrarnos si queremos desentrañar el misterio de por qué Rajoy es el jefe del gobierno (sé que le gusta más Presidente, pero así, a solas, el vocablo es equívoco, sólo preside al gobierno, no al Estado) y se mantiene después de cuatro años.

Nadie tiene menos cualidades de líder que el personaje en cuestión, si se me aparta a mí y a algún otro que nadie conoce por lo mismo. Sólo se me ocurre un caso parecido en la historia reciente, Franco (con perdón), personaje insignificante y acomplejado que hizo carrera militar en las colonias, para lo que sólo se necesitaba falta de escrúpulos y cierto arrojo; sin embargo, se consagró (nunca mejor dicho) como líder indiscutible y providencial durante casi cuarenta años. La vida tiene sorpresas, sorpresas tiene la vida, que diría Pedro Navaja. Debo confesar que a su lado Rajoy es un angelito, un encanto de criatura, que las comparaciones son odiosas y que sus expectativas no llegan a los cuarenta años, a Dios gracias, pero reconozcamos que también comparte algunas de sus más jodidas cualidades: intelectualmente insignificante, psíquicamente mmm… (Maricomplejines le llamaron sus camaradas), conservador a ultranza y pétreo en la inmovilidad. No puedo creer que esas cualidades sean las que le han aupado y lo mantienen.

21 abr 2015

Para no ser un idiota

Un idiota es un tonto, alguien que tiene sus facultades intelectivas disminuidas. Pero el vocablo lo heredamos de los griegos (ἰδιώτης) que lo aplicaban a aquel individuo que se desentendía de las cosas públicas, de la política, y sólo se ocupaba de sus asuntos. Ha cambiado mucho todo, hoy se la endosamos al que no se ocupa de lo suyo y, si me apuráis, al que se interesa por ella, por la política. Mantenemos la palabreja pero le dimos la vuelta a su significado. Y es que también cambiamos el modo de hacer política: sin perder el control, o eso esperamos, la ejercemos por procuración, lo que nos permite no abandonar lo propio. No contamos, como aquellos atenienses, con un ejército de esclavos o prójimos de menos derechos (mujeres, extranjeros) que se ocupen de las tareas prácticas y productivas, ni con unas minas de plata a las afueras (Laurion, Λαύριον), de explotación gratuita (esclavos otra vez), para alimentar las arcas del Estado. Los poquitos que el sistema liberaba de la penosa tarea de arreglárselas para vivir dedicaban su tiempo a la política, la filosofía, el arte y el gimnasio, donde se preparaban para la guerra, que proporcionaba más esclavos. El lado oscuro de la democracia ateniense.

6 abr 2015

Capitalismo y democracia

Escribía en el post anterior sobre democracia y capitalismo, estableciendo una vinculación entre ambos que, si no es mecánica, de causa y efecto, hay demasiados casos en contra (fascismos), sí que es algo más que histórica. Además proponía ejemplos de su presencia en otros sistemas, si bien en esos casos se percibe la inevitable presencia de clases medias mercantiles que por razones varias, que sería prolijo señalar ahora, habían proliferado y prosperado ¿No merecerían tales situaciones la consideración de protocapitalistas?.

1 abr 2015

Montesquieu vive

Existen mil y un sistemas de participación política de la ciudadanía en la cosa pública, casi tantos como instituciones o Estados. Todos se han escogido porque se consideraron los mejores para aquella situación. Otra cosa es quién o quiénes hayan sido los evaluadores. Pero es obvio que un sistema, del que se ha comprobado su eficiencia en determinado ambiente (socio-económico-cultural) no es trasplantable, sin más, a otro: después de lo visto en los últimos años muchos rezan porque Marruecos no se vea forzado a experimentar con la primavera y conserve su régimen otoñal de despotismo (¿ilustrado?) teocrático moderado con ribetes democráticos. Sé que esto suena a Montesquieu, que le vamos a hacer, pero si esperáis un poco os va a sonar más.

20 nov 2014

El cemento es la igualdad

La democracia tiene una larga tradición. La encontramos en las polis griegas, en las repúblicas urbanas medievales y, por fin, después de las revoluciones burguesas, en todo Occidente, hasta hoy, que se ha convertido en el régimen político de referencia. Por supuesto que lo que ahora entendemos por democracia es inseparable de los derechos humanos y del respeto a las minorías, ambos ignorados en la Antigüedad o el Medievo; pero, como maquinaria política, son perfectamente equiparables y merecedores de usar el mismo término.

11 sept 2014

Cambiar de escenario

El fin de la historia se ha proclamado o se ha anunciado muchas veces. La de Fukuyama a finales del siglo pasado, en la que proclamaba al neoliberalismo –la última utopía− como el agente clausurador, sólo ha sido la más reciente1. Todas, incluidas las utopías religiosas, anuncian el fin del movimiento para el momento de su triunfo, a partir de entonces el cambio se convierte en estúpido descarrío, o en simple imposibilidad. El establecimiento de la utopía reclama la quietud, el fin de la historia.