5 oct. 2016

Bobocracia


En Memorias de África cuando la baronesa von Blixen decide levantar una escuela para educar a los niños kikuyu, cuyos padres trabajan en la plantación, el anciano jefe de tribu que tiene que dar el consentimiento hace una muesca con su cuchillo en un pilar del aula para indicar que sólo los niños que no alcancen esa altura podrán asistir a las clases. Ante la sorpresa de Karem, la baronesa, Farah, su criado somalí, le explica que el jefe tiene razón porque si se educaran niños mayores sabrían más que él y podrían cuestionar su jefatura. Alta política, como la que se practica en la dirección de cualquier partido. Lo que tiene de bueno estudiar a los pueblos primitivos es que podemos vernos en ellos sin los tapujos de la civilización.


¿Cuántas veces nos hemos preguntado por qué tantos políticos parecen tontos de capirote? La respuesta es simple: porque lo son. Y entonces ¿Cómo han llegado ahí? Hay dos mecanismos que contribuyen a encumbrar a los necios, majaderos o botarates. Uno, que el propio sistema democrático selecciona a los mediocres al rechazar los extremos, los tontos de baba y los demasiado listos: las masas se identifican, lógicamente, con lo semejante y lo semejante a la masa sólo puede ser lo mediocre —en otro post expliqué que, aun así, es con mucho el sistema preferible—. Éste es ya un filtro que se combina y complementa con la selección inversa que practican todos los partidos, segundo mecanismo.

La profesionalización y burocratización crecientes en los partidos hace que aquellos que logran un puesto orgánico o representativo sientan la necesidad de velar por su ‘carrera’ obstaculizando el acceso de aquellos otros que pueden ser serios competidores. Dice Blanco Valdés: «los grupos dirigentes que controlan los partidos, cuyo objetivo primordial consiste en mantener ese control durante el mayor período de tiempo, han establecido un mecanismo de selección negativa o inversa de las élites partidistas por virtud del cual esos dirigentes, lejos de cooptar –o, en su caso– de apoyar la elección o selección de los mejor preparados en términos de capacidad política y profesional, optan justa y sorprendentemente por todo lo contrario: por favorecer el nombramiento o la elección, tanto para los puestos internos de partido como para los de representación y altos cargos locales, regionales o estatales, de quienes presentan condiciones de experiencia o formación que, si en algunas ocasiones resultan manifiestamente mejorables, son en otras sencillamente inconcebibles en una sociedad en la que se exige de forma general acreditar la correspondiente cualificación para realizar cualquier tipo de trabajo.» No hacen falta muchas palabras más para explicar por qué aquel mentecato se pavonea desde aquel puesto.

Tres sucesos me han llevado a escribir este artículo: 1) el visionado, una vez más, de Memorias de África; 2) la lectura del excelente artículo de R. L. Blanco Valdés, ¿Nos acercamos al fin de la democracia?, reseña del libro de Peter Mair Gobernando el vacío. La banalización de la democracia occidental, Alianza, 2015; y 3) el desarrollo del Comité Federal del PSOE del pasado finde, una joya para los que gocen de sentido del humor, pero que no debiera haberse retrasmitido en horario infantil por ser una prueba irrefutable de lo que ya se venían maliciando los más avisados: la monumental estulticia de sus mayores. 

2 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Excelente reflexión...

Manuel Reyes Camacho dijo...

Magnífico, hace días que ando dando vueltas pa ver cómo expreso esto y me lo he encontrado aquí escrito con letras de oro. Te lo copio a mi Facebook.