El nacimiento de los estados nacionales
se produce gradualmente, de forma que durante un tiempo no sabemos si hablamos
del patrimonio del rey o de la nación. No hay un momento preciso en que se
separen ambos con nitidez. Pero se puede decir que existe cierto consenso en
admitir que España fue uno de los primeros estados–nación (apuntaba ya a
finales del XV); sin embargo, lo que trae bajo el brazo el recién nacido no es
el pan sino la deuda.20 nov 2011
Historia urgente de la deuda española
El nacimiento de los estados nacionales
se produce gradualmente, de forma que durante un tiempo no sabemos si hablamos
del patrimonio del rey o de la nación. No hay un momento preciso en que se
separen ambos con nitidez. Pero se puede decir que existe cierto consenso en
admitir que España fue uno de los primeros estados–nación (apuntaba ya a
finales del XV); sin embargo, lo que trae bajo el brazo el recién nacido no es
el pan sino la deuda.31 ago 2011
¿A quién culpar?

8 feb 2011
La deuda
Con motivo de la reedición de la gran obra de R. Carande, Carlos V y sus banqueros, dijo García Cárcel en El País: «Carande soslayó toda la literatura inútil respecto a la naturaleza y orígenes de la idea imperial de Carlos V; desplazó a los ideólogos y constató que quienes marcaban la pauta de la praxis –mucho más importante que la idea– imperial fueron los banqueros. El programa político de Carlos V estuvo determinado por la evolución de su deuda, por la relación entre un rey deudor y unos acreedores implacables».
Ciertamente la deuda mediatizó gravemente la política imperial y sus banqueros principales, los Fugger y los Welser, fueron además compensados con concesiones económicas impensables en otros momentos (los primeros obtuvieron la administración del inmenso patrimonio de las ordenes militares y las minas de Almadén; los Welser concesiones en América de donde estaban excluidos hasta entonces cualesquiera intereses no castellanos). Con todo, los enormes problemas financieros del emperador fueron un juego de niños comparados con los de su hijo Felipe II, al que dejó una deuda de 20 millones de ducados, pero que él quintuplicó durante su reinado. El río, intermitente, de plata y oro que venía de América apenas si servía para pagar la deuda contraída con banqueros, ahora, sobre todo, genoveses --[el dinero] Nace en las Indias honrado, / Donde el mundo le acompaña; / Viene a morir en España, / Y es en Génova enterrado, contaba el poeta en la citada letrilla--. El rey declaró la suspensión de pagos tres veces y a la salida de cada una de esas crisis los intereses crecían (prima de riesgo), hasta llegar a pagar la absurda cifra del ¡70%! Debo decir que en esa época la monarquía hispánica era la primera potencia mundial y en el imperio de Felipe no se ponía el Sol, según su propia expresión.
En 1861, durante la presidencia de Benito Juárez, México decidió la suspensión del pago de su deuda exterior en un intento de reorganizar su situación financiera. Los principales acreedores, España, Francia y Gran Bretaña, decidieron intervenir militarmente e invadieron el país con una fuerza conjunta. Fue el comienzo de un periodo de acoso exterior que llegó a colocar a Maximiliano de Austria como emperador de México, sostenido por Francia, lo que costó a los mejicanos una sangrienta guerra de liberación que al final también se llevó por delante la vida de Maximiliano.
Un caso más. Ismaíl Pachá que gobernaba Egipto (1863/79) en nombre del sultán turco, puso en marcha una política modernizadora que incluía el desarrollo de la industria basándose en el algodón y la creación de una provincia al sur, Sudán, que unificaría el valle del Nilo. Sus proyectos resultaron carísimos y para colmo la industria se hundió por la competencia americana. El resultado fue un endeudamiento enorme, lo que forzó a las autoridades turcas a permitir el control económico de la provincia por parte de los británicos, principales acreedores. La situación evolucionó hasta que en 1882 se produjo la ocupación incorporándolo al Imperio Británico.
Aunque los modos en las relaciones internacionales han cambiado el peligro de pérdida de soberanía por una deuda excesiva sigue siendo el mismo. Nada nos debería extrañar que de un modo más o menos explícito los mercados (abstracción que sustituye a los antiguos acreedores con nombre y apellido, cambio impuesto por la magnitud de los recursos que hoy se mueven) dicten las medidas con las que estarían dispuestos a seguir proporcionando financiación. Como siempre el endeudamiento crónico es consecuencia de una estructura económica chirriante y/o de vivir por encima de nuestras posibilidades (como Carlos V, Felipe II, el gobierno, o desgobierno, de México e Ismaíl Pachá), y de ahí derivan las imposiciones del exterior y las penalidades y malandanzas en el interior. No hay mayores secretos.
6 feb 2010
Bocazas
El mundo de las finanzas nos ha obsequiado esta semana con otro de sus espectáculos habituales por lo reiterado, pero lamentables por las motivaciones y las consecuencias. España, más concretamente su deuda pública, está siendo objeto de un ataque brutal, sin justificación, lo que nos lleva a pensar que su finalidad, si la hay, es exclusivamente especulativa, tomando el vocablo en la peor de sus acepciones. Los traficantes del mercado financiero no respetan nada, ni los títulos de entidades privadas, ni las divisas, ni las materias primas por vitales que sean, ni, por supuesto, la deuda de los Estados. El resultado para España es que en una semana su deuda puede haberse multiplicado varias veces, arrastrando la cotización en bolsa de las entidades financieras españolas y europeas al borde del abismo, y eso sólo porque los traders que manipulan este tinglado nos han colocado en su punto de mira. No es la primera vez que España sufre uno de estos ataques asoladores, basta con recordar las embestidas sobre la peseta en la última legislatura de Felipe González, ni es el único país, ni será el último. El caso es que en el mercado de las finanzas hay beneficios si hay volatilidad; las turbulencias dejan para los que saben aprovecharlas, que suelen ser los que las provocan, réditos ingentes. Es el mercado y en él no hay nada sagrado, salvo la libertad (uno de los pocos ámbitos en los que esta palabra da miedo); en él (el mercado) todo está permitido, como se dice del amor y de la guerra, tres actividades en las que nos jugamos la propia existencia y, por ello, tan difíciles de embridar.
Desde hace semanas vienen apareciendo ataques escritos a la economía española en los periódicos económicos anglosajones sin demasiada base, lo que puede inducir a pensar que existe una relación entre ambos sucesos. Al menos parece que desde la prensa y otros foros económicos se ha dado aliento, o se han sentado las bases para justificar los ataques especulativos. Puede que sea casual y que los críticos crean haber cumplido con su obligación aunque no hayan pensado en las consecuencias desmesuradas que producían sus declaraciones incosistentes, en cuyo caso sólo podríamos acusarlos de bocazas.
Precisamente bocazas es lo que más abunda en nuestra propia casa. Llevamos años en que la oposición usa un discurso monocorde descalificando gravemente, no a la política del gobierno, que podría admitirse, sino a las personas que las diseñan y ejecutan, a las que no se cansan de tildar de inútiles, incapaces o ignorantes. El propio ex presidente Aznar, aunque en Europa es considerado un mequetrefe presuntuoso, no ha desaprovechado ocasión ante gobiernos, universidades extranjeras y cualquier auditorio que le preste oídos para calificar de inepto al actual Jefe de gobierno, ejerciendo de bocazas supernumerario. Bocazas las de Cospedal, Pons y Rajoy asegurando que nadie en el gobierno sabe donde tiene la mano derecha y acusando a Zapatero de superbobo que no es capaz más que de hundir al país por su radical inutilidad. Bocazas dentro del PSOE, como la de Almunia, que parece recrearse presentando un panorama negro para España desde su atalaya europea. Ilustres bocazas internacionales como la de Krugman que hace pocos días aportó su tonelada de arena.
Con toda esta algarabía no hace falta conspiración alguna. Aunque los traders constituyeran una corporación de santos, se apresurarían a poner a buen recaudo los capitales que les han sido confiados, curándose en salud y amplificando así hasta el infinito unos problemas que de no haber mediado tanto bocazas podrían tener fácil remedio.
Para colmo el gobierno da un paso hacia delante y dos para atrás, lo que dice hoy lo desmiente mañana, dando impresión de nerviosismo y de no saber qué hacer. Ellos con sus temblores incapacitantes y la oposición con su maledicencia de despechados rencorosos parecen estar de acuerdo y deleitarse cortando la rama que nos sustenta a todos.