Probablemente el más grave error que cometieron los
constitucionales del 78 fue blindar el texto para que no pudiera ser reformado
en algunas cuestiones clave. Hicieron una constitución “para toda la vida”. Por
supuesto que en el propio texto se contempla una eventual reforma, pero las
cautelas y el procedimiento laberíntico con que se protege el núcleo duro son
tales que ronda lo imposible. Aparte las trabas legales están las mentales
adquiridas en un peculiar análisis del pasado reciente (XIX y XX) que demoniza
el cambio y los tanteos en la construcción de un Estado moderno, lo que,
inevitablemente, es una tarea sin fin porque la modernidad es una meta móvil
que nunca se alcanza.
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27 oct 2015
6 oct 2011
Votar, he ahí la cuestión
El ruido de la crisis aturde las
conciencias y nos sumerge en un ambiente de pesadilla, más propicio para la
huida que para la reflexión; sin embargo, las elecciones, que la coyuntura han
precipitado, nos exigen serenidad en el alto que se hace para elegir la
cofradía política a la que entregaremos el mando, la gestión de la cosa común. No
participar haciéndose el despistado, el pasota, el indignado o el antisistema
es perfectamente legítimo; pero, cada cual debería evaluar qué hay en la
decisión de miedo a la libertad (consultar a From). Personalmente ni me planteo
la abstención; está en mis posibles opciones casi al nivel del voto a la
derecha, tribu política que acoge las técnicas económicas que nos han
precipitado en ésta situación de catástrofe, aunque lo oculte cínicamente.
Quizás por imperativos de la
edad sigo utilizando las categorías de izquierda y derecha para clasificar las
opciones políticas. Como me considero de izquierdas (los que no dan por
terminado el camino de la libertad y la igualdad y casi ni empezado el de la
fraternidad), es en ese campo donde busco alternativas. Ahí comienza el
calvario de la indecisión, porque los programas, me temo, dan un poco igual por
el escaso margen de maniobra de que disfrutará un gobierno obligado a remontar
la situación económica, pero trabado por las instituciones supraestatales.
Posiblemente sean más importantes los talantes, las prácticas y los horizontes
de cada uno que un articulado programático que, como un corsé, puede asfixiar o
simplemente romperse.
El socialismo ha sido el mejor
instrumento de la izquierda. Precisamente desde ella siempre se le puede criticar de derechización,
pero nunca habría gobernado de no haber actuado así, y eso porque nosotros, el
conjunto de los electores, no le hubiéramos dado oportunidad. Así de simple. Por
sorprendente que parezca, Zapatero ha sido su líder más netamente de
izquierdas, lo que ha demostrado con su política social, pero su falta de
pragmatismo en la práctica política le incapacitaba para comunicar de modo
asumible el giro a la derecha del traumático final de legislatura. También es
cierto que los errores de todo tipo, no sólo económicos, se han acumulado y que
muchos, sinceramente de izquierdas, han sido defraudados y recelan gravemente de
su actuación futura. Si pierde, y perderá con toda probabilidad, la izquierda
será desalojada del poder, quizás por mucho tiempo. Para algunos es necesaria
una derrota que permita asumir errores y limpiar responsabilidades, para otros
será dramática porque supondría privar a la izquierda en general de su única
posibilidad de influencia política en largos años.
Izquierda Unida fue desde un
comienzo un proyecto que ilusionó a pocos. Bajo el nuevo logo se veía demasiado
la cara del PCE o, por mejor decir, de los restos caricaturizados del viejo
partido. Ha ido perdiendo buenos elementos, que o han sido marginados o han
abandonado, perdiendo así sustancia, mientras
sufría un progresivo adelgazamiento por una ley electoral perversa para
los grupos minoritarios de carácter estatal. En las próximas elecciones aunque
con el apelativo de “unida” prácticamente presenta sólo a la izquierda
comunista, pero fragmentada. Un buen programa económico, coherente y atractivo,
y unas perspectivas de modesto crecimiento por la ruina del PSOE, no serán
suficientes para resultar mínimamente influyente en el paisaje parlamentario
que se avecina.
Éstas son las dos viejas
opciones que parecen presentar, como se ve, más sombras que luces, pero hay
nuevas alternativas. De ellas trataré en el próximo artículo.
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