23 sept. 2016

El iceberg

Uno se imagina el volumen y la densidad intelectual de la dirección de Podemos como la de un macizo granítico, dado el currículum académico con que se adornan. Al fin y al cabo nacieron a la política en un departamento universitario, por mucho que el 15M provocara el alumbramiento. Esta izquierda (¿?) no es aquella que se formaba trabajosamente en las casas del pueblo o en el descanso en los tajos, en que un currante más letrado leía la prensa revolucionaria a sus compañeros. Qué va, estos leen por su cuenta cada uno. Se empapan de postmarxismo, se enredan con el postmodernismo, aprenden de la revolución bolivariana, absorben el populismo, comentan a Laclau, pactan con el anticapitalismo, ultimo camuflaje de los troskos, y al final nos perdonan la vida a condición de que confesemos que todo lo que hicimos desde el 75 para acá fue una puñetera mierda.

La metáfora del iceberg está muy manida, pero la verdad es que uno piensa que lo que aflora de su sabiduría, dado su hábitat académico y sus coeficientes intelectuales, es una ínfima parte de lo que permanece sumergido; pero, el día que emerja… ¡Dios mío, que me coja lejos! Bueno, eso es muy probable, dada mi edad y los tropezones que empiezan a dar (desde el pseudosorpaso ha sido un no parar), quizás por culpa del calentamiento global.

Con todo y con eso no me cuadra. El último debate Iglesias/Errejón no me cuadra. La palestra fue el twiter. Es natural: si Platón fuera un moderno nunca habría escrito los diálogos, Cicerón las cartas, ni Kant aquellos tochos de la razón pura y la razón práctica y no digamos Marx que se dejaba los ojos manuscribiendo El Capital con aquella letrilla infame, todos le habrían dado a la tecla del twiter como Pablo e Íñigo. Lo que pasa es que, claro, los doscientos ochenta caracteres que ha ocupado el superdebate, a mí, con mis cortas entendederas me han dejado patidifuso. Uno dijo que había que dar miedo, el otro que no, que había que seducir y el uno que así habían perdido un millón de votos.

Estoy seguro de que la cosa tiene una profundidad insondable para inteligencias corrientes como la mía, pero a primera vista parece como si estuvieran charlando sobre cómo perder menos votos; o sea, pura caca de la vaca. No me cuadra. Seguro que el asunto tiene bemoles… Lo dicho, el iceberg. Anda que no son nadie los dos figuras.


21 sept. 2016

El sentido de la historia

Gérôme. La muerte de Cesar
Somos los hombres (hombres y las mujeres, faltaría más) los que hacemos la historia, pero sin querer. Quiero decir que no somos conscientes del suceso, y cuando alguno aparece en escena con la intención de escribirla con sus hazañas lo que normalmente le sale es un hazmerreír —cuando se haga la historia del ridículo el texto ocupará más volúmenes que la Enciclopedia Británica—; pasar de la candidez del inconsciente a la intencionalidad consciente tiene esos costes.

13 sept. 2016

Haciendo lo que hay que hacer


La democracia es un sistema desagradable: a veces ganan los otros y gobiernan a su antojo por poco que los dejemos; otras veces ganamos nosotros, pero hay que respetar a las minorías, pactar con algunos, ceder siempre, poco o mucho. Lo dicho, desagradable. Con las dictaduras todo va de perlas: teniendo la simple prevención de estar de acuerdo, siempre se hace lo que queremos, o sea, lo que hay que hacer. De hecho, por lo que yo recuerdo, y aun no me atacó el alzheimer, la mayoría de los conciudadanos con los que conviví tantos años eso fue lo que hicieron. Que me expliquen de otra manera aquellos cuarenta años.

8 sept. 2016

Sta. Bárbara y los truenos

Cuando amenazaba una tormenta era común invocar a Sta. Bárbara, que además de ese fenómeno meteorológico patronea a los dinamiteros, a los mineros y a los artilleros. Todo muy ruidoso. Y es que la santa, virgen y mártir, como no, fue decapitada según cuentan los hagiógrafos por su propio padre, que todavía con la espada en la mano cayó fulminado por un rayo. Una espectacular manera de irse de este mundo, pero así y todo, nuestra persistente futilidad nos lleva a olvidar el suceso y acordarnos tan sólo cuando atruena alrededor. Así lo registra el refranero: no nos acordamos de Sta. Bárbara hasta que truena. En política también.

20 jul. 2016

¿Qué pasa con las pensiones?


Periódicamente surgen alarmas sobre la evolución económica basadas en proyecciones a futuro de los valores demográficos actuales. Naturalmente nos presentan un panorama catastrófico cómo venden las catástrofes y qué bien sientan al morbo que alimentamos cada cual, basado en el envejecimiento de la población, que, entre otras cosas, según dicen, haría imposible el sostenimiento de las pensiones.