29 jul. 2013

El cura Meslier. Un ateo en la sacristía

Se suele achacar a la presencia asfixiante de la Inquisición la falta de pensamiento científico y aún de pensamiento crítico en general en la España de hace unos siglos. Pero tal idea tiene todo el aspecto de autojustificación endeble o de mentira piadosa. Más bien, la anómala supervivencia del tribunal del “Santo Oficio” en nuestro solar (hasta bien entrado el S. XIX) se podría explicar por la falta o inconsistencia de un pensamiento racional generalizado en las élites, para lo que, a su vez, habría que buscar condicionantes socioeconómicos en nuestro peculiar devenir histórico. Sea como sea, lo cierto es que mientras en otros rincones de Europa la Ilustración rompía con los esquemas tradicionales de pensamiento, en nuestro país apenas si se intentaba cierta lucha contra las supersticiones más burdas o se pretendía difundir la enseñanza de algunas ciencias útiles. Todo eso sin poner jamás en cuestión los fundamentos ideológicos (filosófico-religiosos) ni, por supuesto, políticosociales del sistema. Un Voltaire o un barón de Holbach no hubieran tenido lugar entre nosotros, no ya porque los poderes religioso-políticos los hubieran acallado, sino porque ni siquiera hubieran nacido o prosperado en un caldo de cultivo tan poco estimulante.

1 jul. 2013

Zapatero a tus zapatos

Hay movilidad social cuando los grupos no son impermeables y es posible ascender desde capas inferiores a otras superiores. La sociedad de castas representa el modelo más rígido. En ellas las diferencias sociales están marcados por rasgos étnicos o de otro tipo muy visible y el paso de una casta a otra es imposible: lo consagra la religión (hinduismo), lo imposibilita la costumbre y hasta lo prohíbe la ley. En el mundo occidental el sistema estamental de origen medieval era más permeable, pero las diferencias residían en la sangre y el origen. Fue desbancado por el ascenso del capitalismo y la sociedad burguesa que estableció un sistema de clases.

Las clases sólo se diferencian por el nivel de la renta y no deben comportarse como compartimentos estancos; sin embargo, la convivencia de modelos crea situaciones poco claras. En el XIX la coexistencia de los antiguos estamentos con las clases modernas era la norma. La novela de la época (Balzac, Proust) aporta testimonios excelentes, mientras que la persistencia de la esclavitud o de minorías étnicas (gitanos) proporciona otro sobre la anormal persistencia de castas. Las mentalidades reflejan esta mezcla con una confusión de valores. Siempre el ascenso social tuvo mala imagen y se identificó con el arribismo y con comportamientos asociales.