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1 nov 2020

...Y Carmena

 

Dorothea Tanning: Eine kleine nachtmusik

Sólo un par de días después de que publicara mi post Los griegos, las repúblicas urbanas y el CGPJ apareció en El País una tribuna firmada por Manuela Carmena, No lo sigamos haciendo así, en la que coincide conmigo en el diagnóstico pero no en la solución.

Ciertamente resulta escandaloso que los partidos (PSOE, PP) hablen sin cortarse un pelo del “reparto” que ha quedado bloqueado, culpándose mutuamente, pero sin plantearse en ningún momento devolver a las Cortes la misión que les corresponde constitucionalmente de elegir a los miembros del CGPJ. Piensan, visualizan al Congreso y al Senado como instrumentos para sus equívocos fines pero de ningún modo como protagonistas de ese cometido. Por nuestra parte, en lugar de lamentar que el ominoso “reparto” esté empantanado deberíamos alarmarnos por la prepotencia de los partidos que han convertido semejante “apaño” en normal. A eso me refería cuando en mi post anterior decía que habían hecho presa en la justicia, en ese afán imparable por llevar agua a su molino.

La democracia es un sistema delicado que no se sostiene sólo porque haya una constitución que fragmente el poder, establezca unos equilibrios, formule principios y decrete normas de funcionamiento, sobre el papel, naturalmente, se necesita además una masa crítica ciudadana imbuida de fe democrática, que existe, o eso quiero creer, y unos partidos que antepongan la salud del sistema sobre el afán de consolidar e incrementar el poder de su propia organización. Y, lamentablemente, eso no existe.

Me he referido antes al PP y PSOE como principales hacedores del despropósito pero ahí está UP calladitos (o calladitas si respetamos la concordancia) en el gobierno sin que hayan dicho esta boca es mía salvo para increpar a la derecha, o sea entrando con convicción en el juego. Por supuesto los nacionalistas andarán bajo la mesa, cuando la haya, amenazando los tobillos de los negociadores hasta que cojan alguna pieza que caiga.

¿Cuál es la solución que propone Carmena? Que hagan un buen examen de conciencia, un sincero propósito de la enmienda y sean buenos de una vez por todas, porque la ley en vigor no habla de repartos sino de elección y es buena hasta rabiar. Es una conclusión que eleva el espíritu a cualquiera, suponiendo que eso exista. Pero ya los griegos, como decía en mi post, recelaban de las buenas intenciones y de los partidos, todo hay que decirlo, y por eso introdujeron el sorteo. No digo yo que haya que prescindir de los partidos para todo, pero sí cortarles las uñas, apartarlos de aquello en que patinaron, como es el caso, y mandarlos al rincón de pensar.

La verdad, no sé cómo podría hacerse, pero haya o no acuerdo en el reparto de ahora sería muy eficaz y provechoso pensar en mañana porque el afán por magnificar el interés propio es imparable y cada día se dispara desde la cota alcanzada el anterior. El daño que se puede causar por esta querencia es observable en el seno de los propios partidos ya que el asunto se presenta con estructura fractal, para más inri; así, aplicando la lupa véase como los líderes del PP han llevado a su organización a los bordes del vertedero por la pasta y el figurar, que tanto mola; cómo Sánchez ha vaciado a su partido de sustancia, probablemente irrecuperable, apoyándose en los votos de los militantes en una treta populista muy fashion; cómo los que manejan UP que se cuentan con los dedos de una mano y sobran tres trituran a la izquierda alternativa, a la que se supone que apadrinan, en variopintas maniobras del más depurado corte leninista; cómo Rivera asestó a los suyos un mazazo mortal por haber desarrollado una ridícula y arrolladora ambición personal que desbordaba sus capacidades…

¿Más datos?

16 feb 2019

Ante las elecciones (abril 2019)


La política española ha entrado en un proceso de centrifugación, o sea, de huida del centro, donde hasta hoy siempre se había dicho que se ganaban las elecciones. Sin embargo, desde hace algún tiempo la atracción de la periferia es tan fuerte que parece arrastrar a todos los partidos sin excepción. Las alianzas, tácitas o explícitas, que antes se gestaban en el centro ahora ni se intentan, se buscan los socios en los extremos. Hay, no sólo un proceso, sino también, y sobre todo, un afán de radicalización evidentes.

El hecho de que a los dos grandes partidos que antes se alternaban en el poder le salieran competidores creíbles, por la izquierda al de izquierdas y por la derecha al de derechas, ha tenido el curioso efecto de que ambos se han apresurado a neutralizarlos asumiendo parte de sus propuestas, aliándose con ellos e incluso emulándolos, en un intento de escapar a la crítica que los acusaba de ser indistinguibles entre sí. Una actitud incomprensible sin presuponer mala conciencia en los protagonistas. Sin duda la crítica podía hacerse y, asimismo, aceptar esa mala conciencia (autocrítica si queremos ser benevolentes) pero también es claro (los hechos son reveladores) que hemos salido de Málaga para entrar en Malagón: la aparición de los nuevos partidos lo primero que ha generado es radicalización ¿Se impondrá después con nitidez el efecto positivo, la ampliación de opciones, la claridad y diferenciación de propuestas, sobre el negativo señalado arriba?

En la izquierda Podemos, uno de los noveles en liza, se pulveriza ya porque las múltiples partículas de su composición comienzan a desagregarse conforme la dirección va revelando cada vez más claramente su querencia leninista, perdiendo progresivamente el atractivo de sus comienzos entre tantos de sus seguidores, politizados, seguramente, sólo por las circunstancias de aquel momento. Quizá el PSOE, que parecía agonizar por el deterioro interno, el desgaste por la derecha (Cs) y por la izquierda (Podemos), frene su caída por el alivio que proporciona la crisis podemita y porque Cs parece mostrar ahora más apetito por los votantes de derechas que de izquierdas. Está por ver el efecto de los ocho meses de Sánchez en la Moncloa: para unos ha sido alarmante y revelador su comportamiento con el secesionismo; para otros habría sido una muestra de la actitud dialogante que se le reclamaba a Rajoy. No lo sabremos hasta el 28 de Abril cuando se abran las urnas.

El PP tiene el problema añadido de tener que hacer frente (ahora le toca a él) a una erosión bilateral en plena efervescencia: por su lado más reaccionario, Vox, y por el más liberal, Cs. Una situación que amenaza con su jibarización, con reducirlo a una opción exclusivamente democristiana, suponiendo que el escándalo por la corrupción le haya dejado algún seguidor de esta tendencia.

El papel de Cs es equívoco: empezó a destacar como una fuerza de centro de carácter socio-liberal y revisionista en lo territorial autonómico, pero últimamente se ha decantado más por la derecha (¿A causa de la ambigüedad de la izquierda con el secesionismo o porque se imponen sus genes liberales?), lo que introduce un factor de complejidad. Desde luego, hasta ahora su crecimiento según las encuestas, que no desmienten las elecciones celebradas, es constante, aunque más lento de lo que a todas luces anhelan sus dirigentes. ¿No les conducirá la impaciencia a alguna situación irreversible, quizá a una definitiva decantación en el ecosistema de la derecha, de lo que ya se le acusa y de la que no pueda regresar?

Las elecciones convierten en candentes los interrogantes que se han planteado y abre otros, como el de si la convocatoria funcionará como acelerador de la centrifugadora o lo contrario. De lo que no parece plantear dudas es que el resultado no arreglará gran cosa porque no habrá una mayoría clara y el secesionismo no remitirá, dos problemas capitales del momento para los que no se atisban soluciones. Hemos entrado en un periodo de gobiernos frágiles con dificultades para cubrir la legislatura, gobiernos de meses al estilo italiano. Los que anhelaban el cese del cuasibipartidismo que hemos disfrutado/sufrido desde la desaparición de UCD seguramente no pensaban en este efecto, tan común, por cierto, en los sistemas parlamentarios, aunque se apliquen mecanismos electorales y constitucionales para evitarlo, como ocurre en nuestro ordenamiento.

24 jun 2017

Politiqueo

Dicen los diccionarios que politiquear es hacer política con superficialidad o en beneficio propio, y también hacer política de intrigas y bajezas. Eso es lo que nos harta, el polítiqueo, no la política. La tentación es fuerte y podríamos decir que pocos, muy pocos políticos, se han mantenido siempre ajenos a las tácticas y estratagemas del polítiqueo; la carne es débil. Es decepcionante en cualquier caso, pero resulta insoportable cuando es la regla y la excepción  la política.  En esas estamos. Extraer un gramo de política de un océano de politiqueo es tarea ardua, pero es lo que nos toca cada vez que intentamos un análisis honesto de las acciones e intenciones del mundo de la cosa pública.

23 may 2017

El nuevo Montecristo

Nos creemos libres porque desconocemos las causas de nuestro comportamiento, según nos reveló Espinoza, allá por el XVII, y luego (S. XX) Freud al afirmar que lo que deseamos es siempre fruto de impulsos inconscientes, es decir, al mostrar las causas. El caso es que nunca sabré con exactitud por qué no me gusta Pedro Sánchez, quiero pensar que, precisamente, porque se deja llevar por pulsiones subconscientes que eluden la racionalidad, pero lo mismo podría decirse de mí al desplegar esta emoción, que yo veo y justifico como conclusión de un análisis inteligente. Mientras alguien no me diga algo definitivo sobre este enredo lo dejaré aparcado en el frontispicio de este escrito como prueba de mi honestidad intelectual. Dicho lo cual vamos al lío.

26 abr 2017

¿Quo vadis, PSOE

La gente de mi edad hemos visto los últimos destellos de la utopía comunista, el motor imprescindible que impulsó al «movimiento obrero», para desmoronarse inmediatamente después aplastada a la par por la realidad que venía del otro lado del «telón» y el escepticismo ciudadano, de éste lado, de que fuera compatible con la democracia liberal, esa que nadie ha logrado demostrar que no sea la única democracia posible, la misma que a esas alturas había logrado más adeptos que el problemático «paraíso proletario»
«…cuando llegó el Estado del bienestar y la “clase obrera” adquirió derechos civiles y sociales, la muralla que el comunismo histórico había construido con esa roca [la “conciencia obrera”] fue derribada por el capitalismo…» José Luis Pardo, Estudios del malestar. Barcelona 2016, pg. 270
Ahora son los socialistas los que hacen agua en todas partes. Lograron éxitos impagables a lo largo del siglo pasado en el proyecto de avanzar hacia la igualdad y la ampliación de derechos sin abandonar el seno del capitalismo, que había logrado cotas históricas de desarrollo convirtiéndolo en bienestar social.

5 oct 2016

Bobocracia


En Memorias de África cuando la baronesa von Blixen decide levantar una escuela para educar a los niños kikuyu, cuyos padres trabajan en la plantación, el anciano jefe de tribu que tiene que dar el consentimiento hace una muesca con su cuchillo en un pilar del aula para indicar que sólo los niños que no alcancen esa altura podrán asistir a las clases. Ante la sorpresa de Karem, la baronesa, Farah, su criado somalí, le explica que el jefe tiene razón porque si se educaran niños mayores sabrían más que él y podrían cuestionar su jefatura. Alta política, como la que se practica en la dirección de cualquier partido. Lo que tiene de bueno estudiar a los pueblos primitivos es que podemos vernos en ellos sin los tapujos de la civilización.

3 oct 2016

La física aplicada a la política

Un agujero negro es un punto en el Universo con un campo gravitacional tal que nada material, ni siquiera la luz, puede escapar a él. Se dice fácil, pero se comprende menos. La física es así, una ciencia dura no apta para legos. Yo no llego ni a lego y por eso me atrevo a trasladar la imagen a la sociedad. Las turbulencias de la crisis financiera, luego económica, después social, ahora política han creado un agujero negro, o quizás morado, que succiona todo aquello que se aproxima al “horizonte de sucesos”, que dicen los físicos. Ha engullido votos de izquierdas por millones; en seguida toda una organización como Izquierda Unida —hay que decir que este último suceso produjo un cierto atragantamiento, lo que sugiere que hasta los agujeros negros tienen sus debilidades—; ahora es el PSOE el que se encuentra al borde después de haber perdido en el embudo infernal a una buena parte de sus votantes. La fuerza succionadora tironea de sus dirigentes a muchos de los cuales ha dejado in albis vestimenta, que diría un clásico pudoroso, para entendernos, con las vergüenzas al aire. Como en la física, nadie sabe qué hay al otro lado del agujero negro, o morado: puede que otro universo imagen especular de éste en el que la derecha sea la izquierda y viceversa.

26 may 2016

Generaciones

Antes los partidos solían tener secciones juveniles: Juventudes Socialistas, J. Comunistas, Nuevas Generaciones… Eran útiles para templar sólidos dirigentes, hacer tareas poco estimulantes (pegar carteles) y tironear del partido siempre hacia sus esencias porque, en realidad, eran los únicos que lo tenían clarísimo. Ahora los jóvenes simplemente se han ido a otros partidos en los que abundan los de su quinta: Podemos, Ciudadanos… No estaría mal que estos ahora organizaran unas ‘senectudes’ (si se decidieran sugiero como muñidor en la de Podemos a J. Anguita), ya que de vez en cuando les gusta mostrar algún pureta en los mítines y porque siempre viene bien un puntito de nostalgia y niebla en los ojos ante tanta ‘mirada clara y lejos’(1). A las generaciones nuevas, seguramente porque les cuesta abandonar la casa paterna, no les mola nada compartir con sus progenitores la casa partidaria. Las encuestas son transparentes, el divorcio político entre generaciones parece incuestionable.

15 abr 2016

La batalla de Podemos

La batalla de Podemos no se libra contra la derecha sino en el seno de la izquierda. El objetivo a abatir es el PSOE, como lo fuera el intento fallido de tiempos de Anguita. Están en su derecho si están convencidos, como parece, de que el liderazgo socialista hace más daño que otra cosa y ya se prolongó demasiado. Me atrevería a decir, incluso, que la prepotencia y soberbia de que hacen gala algunos de los dirigentes de la nueva formación no desmerecen de las que usó el PSOE en el trato con los que se situaban a su izquierda, desde los comienzos de la Transición hasta ayer mismo, cuando se veían a sí mismos como la única izquierda y a los demás como payasos. También es cierto que desde el primer momento de acceder a la Moncloa en los 80 emprendió una política de asunción del neoliberalismo, como algo inevitable, y de alineamiento estratégico, en lo que quedaba de Guerra Fría, que contradecían los presupuestos del discurso con los que había accedido al poder. Que a posteriori sea valorado este rumbo como acierto o error dependerá de la ideología del observador; que sea considerado una traición o no, del papel que asignemos a los partidos (pedagógico, de liderazgo o sólo transmisor de una supuesta voluntad popular); en todo caso, en los comicios subsiguientes siempre se pueden exigir responsabilidades, y lo cierto es que sólo apareció una contestación significativa después de 2010  con la crisis económica.

25 ene 2016

En funciones

La rutina del turno nos había ocultado otra disfunción constitucional que acaba de saltar a la palestra tan pronto se ha descompuesto el paso a dos habitual. En las constituciones similares y próximas a la nuestra la designación por el jefe del estado de un candidato no obliga a éste a presentarse ante el parlamento hasta que haya logrado apoyos suficientes; si no los consigue renuncia. En la nuestra la designación obliga a presentarse y a que empiecen a correr plazos, convirtiendo el rechazo de la cámara en la escenificación de un fracaso. Es lo que ha intentado evitar Rajoy con su espantada. Naturalmente Pedro Sánchez podría hacer igual, con lo que entraríamos en un bucle idiota. Quizás los padres de la constitución (putativos y biológicos, por si no fueran los mismos) estaban tan obsesionados con el turno que ni siquiera contemplaron la posibilidad de que se podía desarticular alguna vez y, entonces, con este texto habría dificultades. Una razón más para la reforma.

17 dic 2015

Física, geografía y política

La física tiene reglas inmutables: ningún cuerpo puede ocupar al mismo tiempo el lugar de otro, según la ley de impenetrabilidad, que no requiere mayores explicaciones porque se puede percibir y aceptar intuitivamente sin gran esfuerzo intelectual. En política, por el contrario, parece no haber nada inmutable, pero, así y todo, en la geografía partidaria esta ley se cumple siempre. El feroz combate por el centro que se libra entre todos los partidos que aspiran en serio a conquistar el poder es demostración palpable.

14 jul 2015

Ahora en común

La nueva oferta política de la izquierda, Ahora en Común, me parece un suceso trascendente a tan pocos pasos de las generales. Sin duda será decisiva en mi voto, aunque todavía no sé si porque la votaré con ímpetu o porque precisamente la excluiré de mis opciones y me inclinaré definitivamente por los socialdemócratas corruptos de siempre. Si no fuera porque la experiencia me dice que es un procedimiento inútil cogería un folio e iría poniendo en dos columnas enfrentadas los pros en una y las contras en otra, luego optaría por la de más peso. Digo que es inútil porque nunca supe pesarlas y al final me quedé con el mismo dilema sólo que abrumado por la frustración y con un folio menos. De cualquier forma, aunque sea a título de terapia (en estos momentos de tribulación me está haciendo falta alguna, la que sea) desgranaré algunos pros y contras a ver que sale. Ahí va (para la mejor comprensión de la cosa se recomienda leer por filas, primero un ‘pro’ y luego el ‘contra’ correspondiente):

14 feb 2015

Primarias y realidad

Después del patético fracaso de la última revolución decimonónica, Cánovas del Castillo inició la construcción de un nuevo régimen, la Restauración. Lo montó sobre un artilugio político importado del admirado Reino Unido por su estabilidad secular: el bipartidismo y su turno pacífico en el poder. El sistema había nacido de forma natural en las Islas resultado de su dialéctica social y política y el éxito fue tal que llegó hasta nuestros días sin cambios importantes. El problema es que aquí había que crearlo ex nihilo y eso llevó a Cánovas a fundar su propio Partido Conservador y contribuir a que se creara un potencial oponente, el Partido Liberal, con la complicidad de Sagasta. Después hubo que poner en marcha un mecanismo que posibilitara el turno pacífico: cuando se consideraba oportuno, mediante acuerdo explícito o implícito, la Corona retiraba su confianza al primer ministro y procedía a encargar gobierno a un político de la oposición, que disolvía las Cortes y convocaba elecciones. El nuevo ministro de la gobernación (interior) ponía en marcha sus redes institucionales (gobernadores civiles) y clientelares (caciques) para lograr el resultado previsto, la mayoría parlamentaria para el nuevo gobierno. España no era Inglaterra.

21 jul 2014

Experimento sin gaseosa

El fenómeno Podemos acapara horas de televisión, proporciona tema a columnistas de toda índole, provoca análisis y estudios de sociólogos y politólogos. Su irresistible ascensión ha producido agitación e inquietud en todos los partidos del arco parlamentario pero especialmente en el PSOE e IU. De hecho son los que sufrirían el mayor impacto de la formación de Pablo Iglesias si se consolidara y repitiera triunfo en las próximas elecciones.

29 may 2014

Primarias

Las elecciones parlamentarias europeas están siendo un revulsivo en el panorama político nacional. El mayor impacto es el hundimiento de los dos grandes partidos, especialmente el PSOE,  porque el PP puede mostrar una victoria, aunque pírrica. Los socialistas preparan congreso para julio y su secretario anuncia el cese para entonces; las primarias después. Decía Gabilondo en la Ser que eran decisiones prudentes, para agregar después “Pero ¿es prudente ser prudentes?”. Ciertamente, parece que la gente reclama medidas más espectaculares, profundas y urgentes.

14 jul 2011

El bipartidismo en solfa

El último cuarto del siglo XIX fue el de la fundación y consolidación de la Restauración un régimen con el que su creador, Cánovas del Castillo, pretendía superar los balbuceos políticos en que se había enredado el país desde la década de los 30. Lo hizo imitando al Reino Unido, que contaba con el sistema parlamentario más antiguo, pero que había evolucionado hacia fórmulas modernas sin sobresaltos revolucionarios ni reacciones violentas. No tuvo en cuenta que el sistema social británico nada tenía que ver con el español, o quizá pensó que el sistema político acabaría configurando al social. El caso es que la imitación quedó sólo en las formas dando lugar a un engendro en el que para mantener el turno de partidos (el bipartidismo se consideró la clave de la estabilidad de que gozaba la isla) se falseó la práctica electoral y la corrupción política se convirtió en el eje del mecanismo. Fue entonces (1879) cuando nació el PSOE aunque no lograra un escaño en el Congreso hasta 1910, en parte porque como partido obrero, marxista y revolucionario quedaba fuera del sistema. Como sabemos la Restauración acabó mal, en una dictadura que, sin quererlo, abrió las puertas a la 2ª República, como el caos de la 1ª se las había abierto a ella, una de esas simetrías con que nos suele sorprender la historia.

Inglaterra continuó su bipartidismo turnante sin más alteración que la sustitución del partido whig (liberal) por el Labour party cuando, después de la 2ª GM, llegó la hora de la socialdemocracia. El turno, durante el XIX y parte del XX, fue tan práctico que con frecuencia las leyes progresistas fueron obra de gabinetes conservadores y las reaccionarias de liberales, con lo que se evitaron excesos que invitaran a los sucesores en el turno a la eliminación de lo aprobado para volver a empezar, tentación tan común en otros ámbitos geográficos. Entre tanto el PSOE, como ocurriera con todos los partidos socialistas, templó su marxismo asumiendo el revisionismo (Bernstein) y después lo abandonó (1979); hoy se le acusa de haber abandonado también los principios socialdemócratas (capitalismo con Estado del bienestar), aunque no lo reconozca.

Cuando se diseñaba el sistema de la democracia en la Transición se tuvo miedo de que resurgiera la fragmentación política de la II República, una de las justificaciones del franquismo, y se pusieron trabas a la posible futura proliferación de partidos. Fue un éxito; a una incipiente eclosión de la temida sopa de letras siguió la hegemonía de dos partidos, PSOE, PP (nacido este de la refundación de la AP de Fraga, que recogió a buena parte de UCD, así como el voto de extrema derecha). Curiosamente se hizo realidad el sueño de Cánovas, aquella pesadilla, cien años después

Lamentablemente, con su práctica, hemos descubierto que el bipartidismo no nos va. No somos ingleses ni queremos serlo. En el bipartidismo el PSOE, pese a su deriva ya apuntada, se siente LA IZQUIERDA y no tolera ni comprende nada que se sitúe en ese espacio. IU es para ellos una anomalía sin otra finalidad práctica que apoyarlos en el momento que lo precisen (véase lo sucedido en Extremadura); su máxima preocupación para lograr las mayorías necesarias es capturar el voto difuso y vacilante que llaman de centro (dándole así una dignidad que no sé si merece), con lo que se derechiza progresivamente. La derecha, por su parte, tiene en España, quizá por herencia del franquismo, vocación totalizadora: no le basta con señorear en su ámbito, aspira a hegemonizar la totalidad, de la derecha a la izquierda. Es ahí donde difiere de sus afines europeos y nacionalistas. Por eso pienso que, de la misma manera que a la caída de UCD se produjo un auténtico cambio de régimen, entrando francamente en el bipartidismo, la previsible próxima derrota del PSOE puede generar su achicamiento (¿definitivo?), a la vez que un cierto florecimiento de otras izquierdas (hay estos días una abundante cosecha de manifiestos y propuestas de lo más variopinto), lo que facilitaría el sueño totalizador del conservadurismo. ¿Nos espera un nuevo cambio de régimen con un partido hegemónico, naturalmente el PP, acompañado de una constelación de partidos de izquierdas o nacionalistas incapaces de disputarle el poder, salvo estos últimos, también de derechas, en un par de comunidades autónomas?
 

22 mar 2011

Juegos con la democracia. Primarias

Lo de ponerle apellidos a la democracia no engañó a nadie. Aquello de la democracia orgánica o lo de la democracia popular no eran sino eufemismos para enmascarar regímenes autocráticos usando un vocablo de prestigio vaciado de contenido. Hay otra manera de jugar con el concepto, que trata de determinar qué parte de la actividad del grupo que presume de usarla tiene realmente su impronta. De ahí deriva la reclamación de democracia interna que exigimos a los partidos políticos, suponiendo que si la rehúyen en sus mecanismos íntimos demuestran tenerle poca fe; algo parecido ocurre también con los gobiernos, que se sienten comprometidos con ella en su quehacer doméstico pero mucho menos en sus relaciones con el exterior, como si con los ajenos no existiesen ya obligaciones. De hecho los más conspicuos organismos internacionales carecen de una verdadera democracia, en medida variable, pero siempre alarmante: ONU, FMI, UE… Naturalmente entendemos por democracia el protagonismo igual de los ciudadanos en la designación y control de las estructuras que dirigen cualquier organismo público: partidos, gobiernos o instituciones internacionales.

Se supone, no sé si con fundamento, que unas primarias son un mecanismo mucho más democrático que la cooptación o la elección en un congreso de partido, donde, como es sabido el peso del aparato suele ser decisivo; no digamos nada de la designación por el líder, convertido en intérprete de voluntades ajenas y en conocedor infalible de las necesidades del grupo. Aunque en cualquier caso se necesite la posterior ratificación de las urnas en el acto electoral definitivo, a los candidatos que pasaron por unas primarias se les presume mayor legitimación. Ahora que el tiempo de Zapatero parece haber llegado a su fin se ha actualizado el debate sobre la necesidad de unas primarias para designar al nuevo candidato a la presidencia del gobierno. Enredadas en la polémica se descubren no pocas contradicciones, incógnitas y trampas.

Contradicciones.- Zapatero que es el único presidente seleccionado por unas primarias ha alcanzado cotas de desprestigio comparables a las que consiguió Suárez, que procedía directamente del régimen anterior. Antes que él, Borrell, que arrebató la candidatura a Almunia en primarias, ni siquiera logró llegar a las elecciones. A nivel del Estado nadie más pasó por ese proceso. Rajoy que se perfila cada día más claramente como sucesor de Zapatero en la presidencia del gobierno fue seleccionado del modo menos democrático posible, es decir, por la designación de su antecesor; la posterior ratificación por el partido estaba cantada, era inevitable, dado el dominio de Aznar sobre él.

Trampas.- Los barones del PSOE, presidentes regionales, que ven peligrar sus puestos en las próximas autonómicas, reclaman primarias para sustituir a Zapatero, pero, eso sí, con un único candidato (Rubalcaba, previamente elevado a la vicepresidencia por el Jefe de Gobierno y secretario del partido), lo que significa que optan por la designación pero encubierta por un proceso seudodemocrático.

Incógnitas.- ¿Valora la ciudadanía el origen, democrático o no, de la candidatura a futuro presidente del gobierno? De momento no existe la más mínima prueba de que la contestación deba ser afirmativa. ¿No son las primarias un arma de la lucha interna en el partido socialista que deja fría a la mayor parte de la ciudadanía, cuando no contribuye a un mayor desprestigio de la política por la saturación en la exhibición de la lucha por el poder? Después de las polémicas primarias de Madrid ¿están los socialistas más cerca del triunfo o más lejos? Las primarias son un procedimiento ideado en USA donde existe un régimen presidencialista y en donde la tradición hace de las elecciones una fiesta ciudadana, ¿estamos seguros de que tiene encaje en un sistema parlamentario como el nuestro y en nuestra peculiar idiosincrasia? ¿Quién lo dice? ¿Con qué pruebas? Cuando la restauración canovista quiso trasplantar desde Inglaterra el mecanismo parlamentario y el turno de partidos, en nuestro país se convirtió en una parodia ridícula ¿No lleva este asunto el mismo camino?

Hay modos de profundizar en la democracia como, por ejemplo, la sustitución de la ley electoral que soportamos por otra menos absurda; pero, curiosamente, aquellos socialistas que abogan por las primarias en su partido alardeando de purismo democrático no sienten necesidad de corregir los entuertos de una ley concebida por el equipo de Suárez cuando se planteaban como cuestión prioritaria liderar sin estorbos su proyecto de transición, para lo que necesitaban una hegemonía que podían obtener de esa norma preparada ad hoc. Por supuesto la derecha y los nacionalistas se mantienen en la misma onda que el PSOE por idénticos intereses. Una buena ley electoral no sólo es garantía de justicia en el acto decisivo de la democracia, sino que forzará a los partidos a acomodarse a ella transformando sus mecanismos internos.

Juegos con la palabra, juegos con el concepto, que vienen de todas partes, que todo el mundo practica y que tienen, siempre, otros fines distintos de los que se pregonan. No nos engañemos, más que nada, lo que realmente exige la democracia son ciudadanos sólidamente formados y ampliamente informados que puedan leer entre líneas y devuelvan el engaño con el rechazo. Con ellos muchos mecanismos pueden ser válidos, sin ellos ninguno lo es.

8 abr 2010

¿Quién teme a la reforma electoral?

Una buena ley electoral es elemento decisivo para que el desarrollo democrático sea de calidad, lo que no queda siempre garantizado en la constitución, por excelente que ésta sea. Y es que aquella frase tantas veces repetida de Romanones, uno de los más maniobreros políticos de la España contemporánea: «Haced vosotros las leyes, dejadme a mí los reglamentos» tiene y tendrá siempre un fondo incuestionable de verdad y de actualidad.

El sistema D’Hondt y las circunscripciones electorales de carácter provincial tal y como se utilizan hoy propician unos resultados que sin alterar el mandato constitucional benefician escandalosamente a los grandes partidos (PP, PSOE) y a los que se presentan en pocas circunscripciones (nacionalistas); como ejemplo, valga el dato de que un diputado de IU cuesta más de 400.000 votos y uno del PSOE o del PP algo más de 60.000; al tiempo, los partidos bisagra son siempre nacionalistas: vascos, catalanes, gallegos o canarios, que se postulan como mucho en cuatro circunscripciones, con lo que su importancia a nivel estatal se magnifica hasta el despropósito.

Cuando se diseñó el método vigente se tuvieron en cuenta, entre otras, dos cuestiones capitales en aquel entonces: 1)fortalecer el sistema de partidos con diversas medidas, como las listas cerradas y bloqueadas y otras sutilezas que impidieran una excesiva proliferación, lo que también redundaría en beneficio de la gobernabilidad, no en balde salíamos de un régimen autocrático que durante casi cuarenta años se había dedicado con aplicada inquina al descrédito del sistema de partidos; 2)respetar los anhelos nacionalistas, compañeros inseparables de cualquier eclosión democrática en nuestro país, según demuestra la historia , pero que fue la bestia negra del centralismo franquista. Seguramente fue una decisión acertada, pero han transcurrido treintaidós años, los jóvenes de hoy confunden a Franco con el tío del saco, aquel ente de ficción con el que asustaban las abuelas a los niños que hoy somos abuelos, y ya la ley electoral chirría.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Granada ha puesto en marcha con todo el aparato científico que cabría esperar un proyecto de reforma de la Ley Electoral, poniendo buen cuidado en que no pueda ser rechazado por utópico. De hecho un primer proyecto en 2008 que proponía una mínima reforma constitucional (Art. 68) ha sido sustituido por otro en 2009 que conserva el mismo espíritu pero que no requiere tocar la Constitución (Informe GIME’09). Por un ingenioso procedimiento que incluye ampliar a 400 el número de diputados desaparece la penalización que pesa sobre los partidos de ámbito estatal no mayoritarios, mantiene los escaños que alcanzaron los nacionalismos periféricos con escasísima alteración y conserva la situación predominante de los grandes partidos. La equidad mejora considerablemente sin menoscabo de la gobernabilidad. Permanece la ley d’Hondt, como deseable corrección a la proporcionalidad y garantía de gobernabilidad, así como las circunscripciones provinciales que se consideran una tradición en la historia electoral de España. No se puede pedir más por tan poco.

La comisión electoral del Congreso de los Diputados trabaja estos días en una reforma que tiene como objetivo cerrar por completo el paso a los afines a ETA y sobre las circunscripciones en las europeas, pero no se van a ocupar en absoluto de las elecciones al Congreso, han rechazado una propuesta en ese sentido de IU y UPD. Ninguno de los dos grandes partidos tiene el mínimo interés en una reforma que sólo puede debilitar su posición, al fin y al cabo su situación de privilegio la han logrado con esta ley y, sin ellos, nada es posible; cuentan además con la alianza de los más beneficiados por el sistema: los partidos nacionalistas. A menos que IU y UPD consiguieran sacar el tema a la calle y presionar con la movilización popular, no habrá reforma. ¿Tendrán capacidad para eso? Permitidme dudarlo. De momento se limitarán a incluirlo en sus programas electorales con la esperanza de arañar algún voto, pero carecen de nervio para otra cosa, y la colaboración es cosa que ni se contempla, faltaría más. Los electores de momento o practicamos la virtud de la resignación o el vicio de la desafección.

Y aquí paz y después gloria.

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