Antes los partidos solían tener secciones juveniles: Juventudes Socialistas,
J. Comunistas, Nuevas Generaciones… Eran útiles para templar sólidos dirigentes,
hacer tareas poco estimulantes (pegar carteles) y tironear del partido siempre
hacia sus esencias porque, en realidad, eran los únicos que lo tenían clarísimo.
Ahora los jóvenes simplemente se han ido a otros partidos en los que abundan
los de su quinta: Podemos, Ciudadanos… No estaría mal que estos ahora organizaran
unas ‘senectudes’ (si se decidieran sugiero como muñidor en la de Podemos a J. Anguita), ya que
de vez en cuando les gusta mostrar algún pureta en los mítines y porque siempre
viene bien un puntito de nostalgia y niebla en los ojos ante tanta ‘mirada clara
y lejos’(1). A las generaciones nuevas, seguramente porque les cuesta abandonar
la casa paterna, no les mola nada compartir con sus progenitores la casa
partidaria. Las encuestas son transparentes, el divorcio político entre
generaciones parece incuestionable.