26 abr. 2017

¿Quo vadis, PSOE

La gente de mi edad hemos visto los últimos destellos de la utopía comunista, el motor imprescindible que impulsó al «movimiento obrero», para desmoronarse inmediatamente después aplastada a la par por la realidad que venía del otro lado del «telón» y el escepticismo ciudadano, de éste lado, de que fuera compatible con la democracia liberal, esa que nadie ha logrado demostrar que no sea la única democracia posible, la misma que a esas alturas había logrado más adeptos que el problemático «paraíso proletario»
«…cuando llegó el Estado del bienestar y la “clase obrera” adquirió derechos civiles y sociales, la muralla que el comunismo histórico había construido con esa roca [la “conciencia obrera”] fue derribada por el capitalismo…» José Luis Pardo, Estudios del malestar. Barcelona 2016, pg. 270
Ahora son los socialistas los que hacen agua en todas partes. Lograron éxitos impagables a lo largo del siglo pasado en el proyecto de avanzar hacia la igualdad y la ampliación de derechos sin abandonar el seno del capitalismo, que había logrado cotas históricas de desarrollo convirtiéndolo en bienestar social.

19 abr. 2017

Suicidios democráticos


Cuenta F. Savater en un reciente artículo en el País que la asamblea ateniense votó en una ocasión una moción que proponía abandonar la democracia. Sin duda la realidad conseguida no estaba a la altura de sus sueños. Y es que la democracia no hace milagros. Con toda probababilidad el bienestar (económico) no es hijo de la democracia sino a la inversa. No es que en Occidente se hayan conseguido las máximas cotas de bienestar porque se han practicado políticas democráticas, sino al revés, aunque es cierto que la democracia puede dar a continuación pinceladas nada despreciables. En los setenta, al comienzo mismo de la Transición, en una asamblea de jornaleros alguien aseguró que la democracia iba a acabar con el paro de inmediato; aún recuerdo las caras de los concurrentes cuando insinué que eso podía no ser necesariamente así. Con democracia o sin ella los problemas persisten si no se aplican los remedios adecuados; incluso con ella puede que tengamos que soportar con frecuencia irritante a mandatarios mediocres, conflictos internos insistentes y, desde luego, por la propia naturaleza del sistema, los problemas se hacen más visibles. Sin embargo, nos proporciona algo que no podemos encontrar de ninguna otra manera en sociedad: la completa dignidad de ciudadanos. La contrapartida es la participación y la responsabilidad de elegir. Ambas pueden ser duras. Ninguna es un juego.

10 abr. 2017

Aislacionismo y globalización



La pasada semana hizo justo cien años que EE.UU. declaró hostilidades a las potencias centrales después de que Alemania desencadenase la guerra submarina en el Atlántico, lo que suponía el hundimiento indiscriminado de todo lo que flotara (la tecnología del momento no daba para mayores sutilezas); el alto mando alemán estaba convencido de que la acción asfixiaría a los aliados por falta de suministros antes de una más que previsible intervención americana. Efectivamente el hundimiento de numerosos barcos propios convenció a los americanos de lo ineludible y urgente de la intervención, lo que se produjo antes de la profetizada asfixia. Eso cambió el signo de la guerra, pero también de la política ancestral de EE.UU. y de las relaciones internaciones en el futuro, abriendo el siglo americano.