26 abr. 2017

¿Quo vadis, PSOE

La gente de mi edad hemos visto los últimos destellos de la utopía comunista, el motor imprescindible que impulsó al «movimiento obrero», para desmoronarse inmediatamente después aplastada a la par por la realidad que venía del otro lado del «telón» y el escepticismo ciudadano, de éste lado, de que fuera compatible con la democracia liberal, esa que nadie ha logrado demostrar que no sea la única democracia posible, la misma que a esas alturas había logrado más adeptos que el problemático «paraíso proletario»
«…cuando llegó el Estado del bienestar y la “clase obrera” adquirió derechos civiles y sociales, la muralla que el comunismo histórico había construido con esa roca [la “conciencia obrera”] fue derribada por el capitalismo…» José Luis Pardo, Estudios del malestar. Barcelona 2016, pg. 270
Ahora son los socialistas los que hacen agua en todas partes. Lograron éxitos impagables a lo largo del siglo pasado en el proyecto de avanzar hacia la igualdad y la ampliación de derechos sin abandonar el seno del capitalismo, que había logrado cotas históricas de desarrollo convirtiéndolo en bienestar social.


Las presidenciales en Francia han relegado a los socialistas a un puesto de comparsa. Ya había ocurrido en Inglaterra, en Alemania, en Italia, en Grecia… Está ocurriendo en España. Leo en un columnista de la prensa de hoy que Francia se comporta como las placas tectónicas: pasan mucho tiempo inmóviles, pero cuando la presión resulta insostenible la energía liberada al friccionar por fin entre sí provocan sismos catastróficos; de ahí la hondura de sus revoluciones y su eco. Lo sucedido allí con los socialistas podría considerarse la ratificación definitiva de un movimiento ya generalizado: su sustitución por otras opciones.

No sabemos cuál será en el futuro inmediato la distribución de fuerzas en el anfiteatro político, pero el botín en oferta por el declive socialista parecen disputarlo los populismos de izquierda y un nuevo liberalismo de corte social que implementaría medidas socialdemócratas (en Europa ya lo hizo antes de la eclosión socialreformista de la postguerra, urgido, eso sí, por un movimiento obrero amenazante). Los populismos son sólo movimientos de resistencia: el de derechas, del nacionalismo frente a la globalización; el de izquierdas intentando contrarrestar y capitalizar la desorientación de los agentes sociales por los cambios últimos, de difícil manejo con las recetas de la abuela, por lo que se han añadido aliños procedentes del friquismo postmoderno. Ambos son retrógrados y no deberían tener futuro, pero todo dependerá de cómo se muevan los demás.

Los dos líderes en liza en el socialismo español: Susana Díaz, que pretende encabezar el socioliberalismo, y Pedro Sánchez, al frente de un socialismo podemizado, las dos almas del PSOE, tienen sus auténticos competidores fuera del partido, en Ciudadanos y en Podemos. Para subsistir buscan envenenadas alianzas con uno y con otro, cuando, a la hora de la verdad, quien le echa un cable es su cordial enemigo de siempre, el PP. Una situación perversa que vislumbra un futuro difícil.

Con independencia de cuál sea el resultado concreto en la distribución final de papeles el socialismo parece haber perdido su sitio, o está en trance de perderlo, en España y en el Mundo.

3 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Una situación preocupante...

Manuel Reyes Camacho dijo...

Un caos político que, a mi modo de ver, viene de que estamos viviendo un cambio de era estamos pasando de la era industrial a la robótica (intento escribir un articulillo sobre el tema. A ver si soy capaz de enjaretarlo). Hoy las máquinas no nos ayudan en el trabajo, NOS SUSTITUYEN, y esto crea una situación de pérdida irreparable de puestos de trabajo que abocará hacia cambios sociales tan profundos como los que hubo cuando la revolución industrial. Sin embargo los políticos, o no lo comprenden, o callan porque no saben qué decir y menos qué hacer.

Manuel Reyes Camacho dijo...

Pido disculpas. El anterior comentario pensaba ponerlo en el artículo anterior titulado SUICIDIOS DEMOCRÁTICOS. Lamento el despiste.