28 sept. 2015

28 S... y siguientes

Nos pasaremos muchos años sacando consecuencias de las elecciones del 27S en Cataluña, pero así, recién celebradas, se me ocurren algunas como futuribles no descabellados.

Respecto a la independencia seguramente habrá un efecto similar al que tuvo el fallido referéndum de hace unos meses: hasta los soberanistas verán tarde o temprano que han retrocedido respecto de la situación de la pasada legislatura, en votos y escaños, pues, aunque hayan conseguido la mayoría de diputados, los otros datos les desautorizan para concluir el procés; en esta tesitura nada empieza y nada acaba, pero de momento quizás cunda cierto desánimo en sus filas; desde luego, nada que no pueda arreglar un nuevo predicador, un nuevo acto de fe. De cualquier modo, las decisiones a tomar en los próximos días pueden convertirse definitivamente en una huida hacia adelante en la que será difícil mantener la unidad que han exhibido hasta el 27. No les arriendo la ganancia.

23 sept. 2015

Cataluña, otra encrucijada

En 1931 Francesc Maciá proclamó la República de Cataluña desde el balcón del ayuntamiento aprovechando el triunfo de Esquerra Republicana en las elecciones municipales recién celebradas. Puede parecer extraño tratándose de unas municipales, pero casi simultáneamente se había proclamado la Republica Española en Madrid como resultado de las mismas elecciones. El desprestigio de la monarquía que había llegado al límite con la solución dictatorial de Primo de Rivera de la que había sido consentidora y cómplice y la derrota de los partidos del sistema hicieron posible el cambio de régimen catapultado desde unas elecciones que legalmente sólo pretendían restaurar la democracia en los ayuntamientos. Inmediatamente el Gobierno Provisional republicano negoció con los independentistas que se avinieron a razones con la promesa de un estatuto y la resurrección de la Generalitat desaparecida desde 1714. Si la historia da lecciones aquí hay una.

19 sept. 2015

Desintegración vs. integración

Primero fue el Euro, la moneda común. Ahora Schengen, la libertad de circulación. El impacto de la crisis económica ha hecho tambalear la moneda y aún no sabemos si escapará sin daños de la conmoción, ni siquiera si pervivirá. La crisis en Oriente Medio, en donde Siria era una piedra maestra, removida en buena parte por los errores en la política exterior de EE.UU. y sus aliados, afecta ahora gravemente a Europa en forma de una apabullante marea de refugiados. La moneda y las fronteras, los dos símbolos más evidentes de la soberanía, que los Estados más decididos (¿ingenuos?) de la Unión quisieron empezar a poner en común como símbolo, a su vez, de la firme decisión de caminar juntos, amenazan con regresar a sus posiciones de partida ante la onda renacionalizadora que traen las crisis (económica y política) y la falta de convicción y experiencia comunitarias de los países integrados en aluvión en las últimas ampliaciones.

15 sept. 2015

La política, estúpido

Una cosa es la incongruencia del nacionalismo y otra la necesidad política de tenerlo en cuenta en cualquier proyecto de convivencia. Es cierto, además, que muchas veces la oposición al nacionalismo viene impulsada por otro nacionalismo. La cuestión es de máximo voltaje político y hay que tratarla con cuidado exquisito. Lamentablemente cuando el nacionalismo se convierte en problema los ciudadanos oponentes suelen reaccionar con ira y dotarse de dirigentes inclinados a una inmovilidad pétrea o a soluciones drásticas, con poco uso del cerebro. Señal evidente de que lo que hay al otro lado es otro nacionalismo, otro sentimiento agraviado.

12 sept. 2015

Sacerdotes de la memoria

Sacerdotes de la memoria llama Slomo Sand en La invención del pueblo judío a los supuestos científicos creadores de historias nacionales. Clerecía más apegada a las creencias que a las ideas dicen Arruñaca y Lapuente (El País, 4/9/15) que son los intelectuales del nacionalismo, incluidos historiadores y muchos auténticos clérigos de ambos sexos, exclaustrados o no. Después del futbol el nacionalismo es el culto laico de más éxito en este país y el más peligroso. Un culto que encontró un caldo de cultivo ocasional en la operación descentralizadora que emprendió la Transición, acabada en fiasco por la miopía de muchos políticos, la perezosa incomprensión de tantos ciudadanos y la tentación populista, no sin originar por mil rincones de este país un afán por encontrar irreductibles identidades detrás de cada giro lingüístico, de cada evento o hábito folclórico; una carrera por situar la antigüedad o marcar la mayor pureza, o el mayor mestizaje, según convenga, de pueblos imaginarios. En este tiempo en que las naciones no se sabe lo que son y los estados se sabe que ya casi no son, caemos en la paradoja de pelear por construir estados liliputienses con naciones fantasmales, asentadas en relatos de historia ficción y justificadas en agravios obtenidos en los espejismos que produce la desertización del entendimiento (quizás esta sea la corriente de la historia: liquidación de los estados desde dentro colaborando con la erosión que viene de fuera, y entonces estaríamos en la cresta de la ola).