12 sept. 2015

Sacerdotes de la memoria

Sacerdotes de la memoria llama Slomo Sand en La invención del pueblo judío a los supuestos científicos creadores de historias nacionales. Clerecía más apegada a las creencias que a las ideas dicen Arruñaca y Lapuente (El País, 4/9/15) que son los intelectuales del nacionalismo, incluidos historiadores y muchos auténticos clérigos de ambos sexos, exclaustrados o no. Después del futbol el nacionalismo es el culto laico de más éxito en este país y el más peligroso. Un culto que encontró un caldo de cultivo ocasional en la operación descentralizadora que emprendió la Transición, acabada en fiasco por la miopía de muchos políticos, la perezosa incomprensión de tantos ciudadanos y la tentación populista, no sin originar por mil rincones de este país un afán por encontrar irreductibles identidades detrás de cada giro lingüístico, de cada evento o hábito folclórico; una carrera por situar la antigüedad o marcar la mayor pureza, o el mayor mestizaje, según convenga, de pueblos imaginarios. En este tiempo en que las naciones no se sabe lo que son y los estados se sabe que ya casi no son, caemos en la paradoja de pelear por construir estados liliputienses con naciones fantasmales, asentadas en relatos de historia ficción y justificadas en agravios obtenidos en los espejismos que produce la desertización del entendimiento (quizás esta sea la corriente de la historia: liquidación de los estados desde dentro colaborando con la erosión que viene de fuera, y entonces estaríamos en la cresta de la ola).


Lo sorprendente es que alguien se asombre del giro que han tomado los acontecimientos, de la aceleración del proceso. Desde que un día, creo que de enero del 2006, me abordara en la calle una entusiasta militante del PP para pedir mi firma “contra Cataluña”, o desde que poco tiempo después Alfonso Guerra, en uno de sus típicos y estúpidos alardes de humor y cerrilidad política, alardeara de que el Parlamento había “cepillado” el Estatut y después de que literalmente se lo cepillara el Constitucional, yo empecé a hacerme a la idea de que el final de esta historia no sería ni feliz ni muy tardío.

Ciertamente el virus nacionalista es contagioso y letal. Hay inquietantes muestras en Baleares, Valencia, Canarias, Galicia y otras, más ridículas que preocupantes, al menos de momento, en Andalucía, etc., pero no subestimemos el potencial de morbilidad del contagio. Los síntomas aparecen un día y al siguiente se puede estar en la uci. El ejemplo catalán es aleccionador: el seny se fue de vacaciones y en un pis pas los vascos quedaron atrás.

Yo soy pesimista. Se han dado pasos difíciles de desandar y ahora casi veo más fácil la secesión que otra cosa. Es una bobada intentar asustar con la salida de la UE porque cualquiera puede inferir que si eso se produjera sería de corta duración para la región más europea de la Península; menos con hipotéticas catástrofes económicas: éste es asunto ideológico, de creencias, y las vinculaciones con la economía no son nunca explícitas sino subterráneas y derivadas en segunda o tercera instancia, difíciles de evidenciar. Los secesionistas han visto la luz ¿Quién o qué podrá ya detenerlos?

Sólo si el gobierno tiene imaginación y valor para coger el toro por los cuernos y lidiar en el terreno del “derecho a decidir” habría una oportunidad. Sin embargo este gobierno no lo hará. Los españoles, por una fatalidad de la fortuna o por la incuria de la mayoría, nos hemos dotado de un ejecutivo inepto para estas lides y, para colmo, lo dotamos de mayoría absoluta. Que Dios nos conserve la vista.

1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

No tienen calidad de Estadistas para hacerlo...

Saludos