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25 oct 2020

Memoria e historia

 



Cuenta el neurólogo Oliver Saks1 que recordaba cómo de niño, llevado de la mano de su padre, caminaba por las calles del Londres bombardeado durante la guerra, sorteando escombros y envuelto por el olor a quemado que desprendían los restos de los incendios. Lo curioso del caso es que comentándolo con unos familiares le aseguraron que sus padres lo habían llevado fuera de Londres antes de los bombardeos y habían permanecido lejos de la ciudad durante toda la guerra. Era un recuerdo falso, fabricado en su cerebro sabe dios con qué estímulos y por qué necesidades. Y es que la memoria es así de leal con nosotros acudiendo a nuestras demandas y así de desleal con la realidad. Crea recuerdos, borra otros, modifica, transforma, embellece… Nuestra memoria es el pasado pero acomodado a las necesidades del presente: es el pasado que necesitamos, no nuestra historia.

Por eso la polémica y, de hecho, ya decaída ley de Zapatero denominada de la memoria histórica es un oxímoron, desde un punto de vista lingüístico encierra una contradicción en los términos: si es memoria no es historia. La memoria es pura subjetividad, la historia, en cambio, para merecer tal nombre, ha de buscar con ahínco la objetividad. Claro está que la memoria puede ser utilizada como fuente de la historia pero nunca sin contrastar y sin una crítica minuciosa y delicada. Después del parón que sufrió dicha ley durante los gobiernos del PP Sánchez la vuelve a resucitar en una secuela: Ley de la Memoria Democrática, de la que, es de agradecer, desapareció el término histórica. Comprendo la necesidad de ambas leyes y comparto, con matices, su oportunidad y alcance, pero me pronuncio por no usar el nombre de la historia en vano.

En vano y con alevosía se hace uso de la historia desmontando o atacando monumentos a Fray Junípero Serra2, Cristóbal Colón3 o Hernán Cortés, cambiando nombres del callejero o exigiendo disculpas públicas a un Estado por acciones de hace quinientos años4. El pasado que queremos, necesitamos o nos conviene no es la historia. En ¡Colón al paredón!, Letras Libres, Christopher Domínguez concluye su interesante artículo con esta reflexión:

Uno de los grandes logros del siglo XXI, el poner a los derechos humanos en el eje de la filosofía moral, se convierte, al aplicarse retrospectivamente, en la sustitución de la historia por la beatería de los poderosos, sean los talibanes o se trate de la izquierda conservadora que gobierna en México. En el fondo, quien dinamita los budas gigantes de Bamiyán o esconde la estatua de Cristóbal Colón responde, en proporciones hasta ahora distintas, al mismo principio, el del fanatismo.

Al Cesar lo que es del Cesar… y a la Historia lo que es de la Historia. El totum revolutum con que algunos espabilados nos presentan la política y la Historia sólo nos puede conducir a un sueño de la razón, que satirizara Goya, de nefastas e imprevisibles consecuencias.

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1 El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Saks, Oliver. Anagrama. 2008.

2 En junio de este año fueron dañadas varias estatuas de Fray Junipero en Los Ángeles.

3 La jefa de gobierno de la Ciudad de México mandó retirar en la víspera del 12 de octubre, la estatua de Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma.

4 El presidente de México López Obrador ha demandado del gobierno de España que pida perdón por la conquista de México, aprovechando la celebración del quinto centenario.

 

5 abr 2019

POPULISMO A LA MEXICANA

AMLO-Trump. Caricatura en Twiter
El indeginismo es un movimiento que, especialmente en México pero también en otros países latinoamericanos, reivindica los valores indígenas, pero que con frecuencia se utiliza como demanda nacionalista frente a los supuestos agravios de la colonización. En este sentido, y con todos los colores del populismo demagógico, ha sido utilizado recientemente por el presidente López Obrador al exigir en carta dirigida al rey de España la petición de perdón a la nación mexicana por lo acaecido en la “conquista”, de la que hará pronto 500 años. El suceso y la efemérides han sacado a la palestra aquellos episodios, afortunados, infamantes o gloriosos según perspectivas, pero, sin duda, trascendentes para todos. Conviene, también a todos, abandonar la demagogia y centrarnos en la historia, en la que, como en cualquier disciplina científica, hemos de mantener atadas en corto emociones y sentimientos para dar oportunidad a la razón. La concepción de la historia como un eterno combate entre héroes y villanos es vieja e inservible; puede ser útil como arma, si es la agresión lo que se busca, pero no como instrumento de conocimiento, mucho menos porque en ella los papeles son intercambiables, a tenor de quién haga el relato.

Pierre Vilar, el famoso hispanista francés, ha dejado escrito, parafraseando a Lenin que el “imperialismo español en América” sería “la última etapa del feudalismo”. En el caso de la colonización hispánica hay que tener en cuenta, para entenderla, el universo mental en el que se mueven sus protagonista que es el del feudalismo tardío, o la modernidad temprana, si se quiere; y por supuesto las construcciones sociales, jurídicas… etc. en las que forzosamente actúan, no solo el estado de las tecnologías entre contendientes. La presencia castellana en América y la conquista (finales del XV y primera mitad del XVI) fue el primer episodio de la colonización europea: adelantó en más de un siglo a la británica, por ejemplo, ya en pleno desarrollo del capitalismo inicial. Juzgarla con parámetros del siglo XXI es un ejercicio inútil, si no malicioso.

John H. Elliott, conocidísimo hispanista inglés, ha hecho un reciente estudio de historia comparada, una de sus especialidades, entre el imperio español y el británico: Imperios del mundo atlántico. España y Gran Bretaña en América, 1492-1830. Madrid, 2006. De él el español no sale ni mucho menos malparado. Sin entrar en el detalle de las diferencias que se explican por las distintas y complejas circunstancias, baste con señalar el reconocimiento de la superioridad moral de la acción de España, aunque solo sea porque generó una interesante polémica interna sobre la legitimidad de la conquista y el trato a los indios, que dio lugar a una acción legislativa (Leyes de Indias), de las cuales, la polémica y la legislación, ni de algo parecido, encontramos rastro en las otras potencias colonizadoras europeas de la época.

Matthew Restall, historiador británico, ha publicado Los siete mitos de la conquista española de América. Barcelona, 2004. Ya en el título puede apreciarse el afán revisionista que lo mueve, aunque tal intención no afecte gran cosa al mundo académico, que tiene ya descontados tales mitos en gran medida. En el libro se manejan, en general, las fuentes españolas e indígenas con profundidad e inteligencia sin perder por eso el carácter de best seller histórico al alcance del gran público. El autor es uno de esos historiadores afortunados que saben llegar al profano en la materia sin perder rigor científico. Los siete mitos o ficciones son: 1) el mito de los hombres excepcionales ; 2) la creencia de que la conquista fue realizada por los ejércitos regulares de España (aquí); 3) el mito del conquistador blanco, en referencia a la presencia de la numerosa participación de indígenas en las acciones contra aztecas, incas, etc. que relativizan el protagonismo español y sugieren la guerra civil, de la que los conquistadores sacan provecho para sus intereses; 4) el mito de que la conquista se completó en la 1ª mitad del XVI; 5) el mito de la comunicación y el fallo comunicativo entre españoles e indígenas; 6) la falacia del exterminio indígena; y 7) el mito de la superioridad española. El prestigio crítico de Restall es un acicate para su lectura que resulta sin duda provechosa para el tema que nos ocupa.

Podría proponer más lecturas sugerentes para el tema, como quizás otro best seller reciente: Imperiofobia y leyenda negra. De Roca Barea (Madrid 1918), Que dedica amplio espacio a la acción en América, pero sería a costa de la extensión deseada para este artículo.

Es obvio que la iniciativa de López Obrador no hace nada por la historia; probablemente tampoco por la política, si hemos de hacer caso al historiador y escritor mexicano Enrique Krauze, que en un reciente artículo en El País exponía el riesgo de que, con tan inoportuna y absurda demanda, se rompa una tradición de acercamiento y comprensión entre España y México que dura ya ochenta años.

26 ene 2019

La historia y el mito. El Islam

El mito es un recurso cognitivo para hacer fácilmente comprensible aquello que es complejo y difícil de entender. Pese al actual dominio y prestigio de la ciencia y sus métodos seguimos fabricando mitos o recurriendo a los que continúan disponibles, a veces desde tiempo ancestral, disimulados por el entorno mental del momento y protegidos por la rutina, o quién sabe qué otras necesidades. Pero los mitos no sólo son un instrumento interpretativo de la realidad compleja, también juegan un papel social fundamental creando y permitiendo la permanencia y cohesión de grupos humanos amplios: tribus, pueblos, castas, naciones, iglesias…, uniéndolos, cementándolos y disciplinándolos en tanto sus componentes comparten las mismas fábulas, elevadas a la condición de historia, creencias o valores.

Con frecuencia la difícil tarea de los historiadores consiste en identificar y arrancar del camino de la investigación mitos y adherencias indeseables, que  perduran siglos. Una labor sólo comparable a la de Sísifo, que, castigado por los dioses a causa de su impiedad se vio obligado a empujar por una montaña una roca que, antes de llegar a la cima, volvía a rodar hacia abajo para tener que subirla de nuevo. Al fin y al cabo la fabulación es tan inseparable de la condición humana que puede constituir la diferencia fundamental respecto a la animalidad, el catalizador que hace posible la creación de cultura y, por ende, de la historia(1).

Desde que en algún momento irrumpió en nuestra mente la razón, el mandato de empujar la roca hasta la cima, no hacemos sino desbrozar el camino de fábulas, si bien es verdad que crecen otras nuevas casi al mismo ritmo. Seguramente sólo hemos expurgado aquellas más evidentes, elementales o envejecidas que comienzan a despertar incredulidad y por tanto ineficaces ya (la eficacia del mito se basa en su aceptación general); así pues el fenómeno al que se refiere el cuento de Sísifo, significará que la identificación y voladura de los mitos es tarea inacabable. Asumámoslo. Al fin y al cabo, eso sí, somos convictos y confesos de impiedad.

Precisamente uno de los mitos históricos que comienza a ser puesto en cuestión es el modo cómo se cuenta el nacimiento y expansión del islam y, lógicamente, la invasión (711) y conquista de la península ibérica. Al respecto dice la hispanista francesa Rachel Arié que «el relato de la conquista del noroeste de África y de España pertenece más a la tradición religiosa que a la historia»(2), evidenciando su carácter legendario. En palabras del arabista González Ferrín(3) ‒el investigador que ha planteado más claramente la necesidad de una revisión completa‒ encontramos mayores precisiones sobre las dudas que plantea la versión tradicional: «No resulta convincente ‒al no haber pruebas al respecto‒ que el Islam ‒civilización‒ se expandiese por el Mediterráneo a requerimiento, o en paralelo, al islam ‒religión‒ por la fuerza de las armas y a las órdenes de determinados califas. En este punto se centra nuestra visión historiológica de la cuestión, que pretende desestimar el concepto clásico de conquista. Sin embargo, y dado que tanto el Islam como el islam se expandieron desde Europa ‒Al-Andalus y Sicilia‒ hasta, al menos, Indonesia, forzoso resulta plantear una explicación alternativa, dado que la mera negación del procedimiento comúnmente asumido no conlleva en sí una explicación plausible. Negando, no explicamos. Otra cosa es que tengamos siempre las de perder, ya que la explicación mítica siempre resulta más clara ‒para eso surge un mito, precisamente‒»

La casi inexistencia de fuentes primarias de un periodo especialmente oscuro y complejísimo ha permitido que la historiografía tradicional haya recurrido y aceptado en lo fundamental el relato simple de la expansión militar impulsada por la nueva fe que cuentan las fuentes (secundarias) árabes ‒aunque tengan más de apologética religiosa que de crónica histórica‒, después de haber sido expurgadas de fantasías flagrantes que repugnaban al espíritu más científico de los historiadores occidentales; con todo, ninguna de ellas se acerca menos de un siglo a los hechos y todas tienen el mismo aspecto de instrumento propagandístico, de un arma más en la lucha expansiva del islam, justificando la increíble facilidad en la conquista por el favor de Dios. Narración no más creíble que aquella bíblica en la que un fantasmal pueblo judío sale del desierto por donde había vagado cuarenta años para masacrar y ocupar las tierras de Canaán, derribando las murallas de sus ciudades a golpes de trompeta por la gracia del Señor y para cumplir su promesa. Ficción asumida como historia por millones de seres durante milenios, y que aún hoy sirve de mito fundacional al Estado de Israel y de justificación a sus política genocidas contra los palestinos.

Es más, las escasísimas fuentes primarias tampoco confirman la tesis tradicional. Un ejemplo significativo: Juan Damasceno (+750) intelectual y escritor en griego, perteneciente a la elite de Damasco en el momento en que supuestamente es la capital del imperio omeya «no acierta a reconocer al Islam como tal, ni siquiera sabe qué pueda ser el Corán, por más que sabe quién es Mahoma, al que incluye en su relación de herejías destacadas, en el libro La fuente del conocimiento»(4). Cita el libro de la Vaca, que como sabemos es una sura del Corán, como uno de sus numerosos(?) escritos, lo que indicaría que la compilación del texto sagrado islámico no estaba concluida aún en 750. Todo eso cuando, según las fuentes árabes, los musulmanes habían llegado triunfantes a los Pirineos después de engullir todo el norte de África y la Península Ibérica y se había enfrentado al Reino Franco en Poitiers, supuestamente bajo el mando de los califas de Damasco y la guía del Corán.

Obviamente esta historia no está escrita aún o hay que escribirla de nuevo.
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(1)Noah Harari, Sapiens. De animales a dioses. Debate. Madrid, 2014
(2)Arié, Rachel (1984), España musulmana (siglos VIII-XV). Barcelona: Labor, Historia de España III.
(3)Emilio González Ferrín, 711 – Historiología de una conquista. Aparte este pequeño trabajo es en Historia general de Al-Andalus. Almuzara, 2006 y en La angustia de Abraham. Almuzara, 2013 donde expone sus tesis con amplitud.
(4)Ibid.

8 mar 2017

C = ExT

Ian Morris, arqueólogo e historiador moderno y polémico, ha reducido a la fórmula que me sirve de título la clave para entender el devenir de la humanidad a lo largo de los escasos o prolijos milenios (según perspectivas personales) que lleva la Tierra soportando nuestra presencia: C sería cultura, E energía y T tecnología. Nada nuevo, si bien se mira, ya que hace más de siglo y medio don Carlos Marx avisaba de que, desde siempre, los historiadores habían hecho descansar a la historia sobre la cabeza (las ideas como motor de cambio) y urgía colocarla sobre los pies: las técnicas en uso en cada momento, explicaba, condicionan las relaciones de trabajo y el sistema de producción que, a su vez construye la estructura jurídica, política, ideológica… que definen una cultura. Morris ha echado mano de la herramienta matemática para decir más o menos lo mismo, insertando números para cuantificar el consumo de energía y, por tanto, el progreso tecnológico, con los que marcar hitos en la secuencia cultural; pero olvidando el juego dialéctico, la grasa que impide que el constructo marxista se gripe.

5 abr 2016

Neoliberalismo

Dice Vargas Llosa en El liberalismo entre dos milenios: «Me considero liberal y conozco a muchas personas que lo son y a otras muchísimas más que no lo son. Pero, a lo largo de una trayectoria que comienza a ser larga, no he conocido todavía a un solo neo-liberal. ¿Qué es, cómo es, qué defiende y qué combate un neo-liberal? A diferencia del marxismo, o de los fascismos, el liberalismo, en verdad no constituye una dogmática, una ideología cerrada y autosuficiente con respuestas prefabricadas para todos los problemas sociales, sino una doctrina que, a partir de una suma relativamente reducida de principios básicos estructurados en torno a la defensa de la libertad política y de la libertad económica —es decir, de la democracia y del mercado libre— admite en su seno gran variedad de tendencias y de matices. Lo que no ha admitido nunca hasta ahora, ni admitirá en el futuro es a esa caricatura fabricada por sus enemigos con el sobrenombre de "neo-liberal”.»

30 mar 2016

Pecados originales


A media distancia camino de Oriente es lo que querían decir los británicos con la expresión Middle East (Oriente Medio), que acuñaron en el siglo XIX. Desde entonces se ha impuesto para designar una región, que fue cuna de civilización, haciendo referencia sólo a su posición respecto de Europa. 

26 feb 2016

Diputaciones


Aparecen las diputaciones provinciales en la Constitución de 1812, aunque sin concreción y como un recuerdo, que aspira a institucionalizarse, de las juntas o diputaciones de defensa que habían surgido a nivel provincial por toda España frente a la invasión francesa. Conviene aclarar que cuando la Constitución del 12 habla de provincias se refiere a 19 circunscripciones, que nombra y que se parecen más a los reinos o divisiones del Antiguo Régimen que a las provincias actuales. Como es sabido, la constitución fue abolida sólo dos años después (1814), así que no hubo tiempo de ponerlas en marcha. Tampoco en el trienio del 20 al 23 en que los liberales volvieron al poder. Fue en la década de los 30 con el cambio de régimen que trajo el relevo en la corona y después de que cuajara la división provincial de Javier de Burgos, cuando, por fin, comienza su andadura efectiva. Junto a los gobernadores provinciales fueron las dos instituciones que ayudaron a consolidar la nueva estructura provincial, que caló en la conciencia de los españoles profundamente hasta el punto de crear una especie de patriotismo provincial visible todavía hoy. Con todo, la provincia, los gobernadores y las diputaciones, fueron elementos de un Estado centralista (y racionalista), heredero a un tiempo de la monarquía borbónica dieciochesca e ilustrada y del jacobinismo revolucionario francés.

18 ene 2016

El Estado contra Sócrates


En la Atenas clásica la democracia se había desarrollado y profundizando durante cuarenta años hasta que a finales del siglo V antes de nuestra era colapsara como consecuencia de la Guerra del Peloponeso. Esparta, polis que encabezaba la coalición vencedora, propició la formación de un gobierno oligárquico que fue denominado por sus oponentes demócratas “de los treinta tiranos”. En el año escaso de su duración las represalias y la cruel persecución a los demócratas fue feroz, tarea en la que destacó Critias, notable discípulo del filósofo Sócrates, muerto al fin en los altercados que pusieron término al régimen tiránico. Meses después fue juzgado el filósofo por los tribunales, otra vez democráticos, acusado de conducta impía, de corromper a la juventud y otros cargos.

13 ene 2015

De San Bartolomé a Charlie Hebdo

Matanza de la noche de S. Bartomé
Uno puede pensar que la radicalización islamista que está dando lugar a episodios de terrorismo en Europa tiene una explicación relativamente simple. En el caso de los que atentaron contra Charlie Hebdo eran emigrantes de segunda generación y de nacionalidad francesa, lo que pone un punto de perplejidad en el observador. Sin embargo podemos elucubrar sobre la marginación que vive en Francia (en Europa) este sector, al que se unen los problemas de identidad en individuos que se encuentran en la frontera entre la cultura de origen y la de acogida sin que puedan identificarse plenamente con ninguna de las dos. Marginación y problemas de identidad son factores importantes que quizás los empujen a una ansiosa identificación con versiones integristas de su cultura originaria. Mucho más si existe la percepción de una confrontación de civilizaciones que arrancaría de la colonización y se habría perpetuado y agravado con la relación desigual (de explotación) entre occidente y el resto del mundo. Poco importa que esta visión arranque del espejismo simplificador con que se ha ocultado la inhumanidad explotadora del capitalismo moderno, porque lo que aparece a simple vista se nos antoja siempre incuestionable.

4 dic 2014

Memorias del abuelo Cebolleta

En España no nos dábamos mucha cuenta, estábamos expectantes con el parto de la democracia, que aquí costó lo suyo, pero afuera, había comenzado desde los setenta la ofensiva neoliberal, empeñada en liquidar el ciclo keynesiano y socialdemócrata que había logrado en Europa la mayor etapa de bienestar de todos los tiempos. La destrucción masiva de capital en la guerra y la amenaza contra el capitalismo de los herederos de la revolución soviética, fuertemente anclados, o eso parecía, en la Europa del Este y en Asia, habían inducido el florecimiento de un sistema mixto que mostraba la posibilidad de aunar lo mejor de un mundo y de otro: democracia e igualdad.

17 sept 2014

España y Cataluña

El catalanismo soberanista se zampa los siglos como rosquillas. De lo que hoy se habla en Cataluña es de 1714 (Guerra de Sucesión) o de 1640 (rebelión de los catalanes) y si me apuráis del matrimonio de Petronila y Ramón Berenguer IV (S. XII), coyunda que inició la vocación peninsular catalana y de cuando le viene la condición de principado, ya que como consorte de la reina de Aragón el conde usó el título de príncipe. En cambio apenas si recuerdan algo del XVIII para acá que no sea la lacra franquista; por cierto, soportada por todos los españoles (y financiada por unos pocos, algunos de los cuales eran catalanes y otros vascos), o aquella ocurrencia de Espartero de bombardear Barcelona desde el puerto cuando la polémica proteccionismo-librecambio (los industriales catalanes exigían proteccionismo, o sea, más Estado).

25 mar 2014

Suárez y la Transición

La desaparición de Adolfo Suárez nos hace volver de nuevo sobre la Transición y sus protagonistas, y, cómo no, sobre el valor político y humano del personaje.

Los análisis a corto plazo son siempre problemáticos por la inaccesibilidad de los documentos, los intereses aún vivos y las traiciones de la memoria. La mitomanía, tan irresponsable y frecuentemente cultivada, es otro elemento tergiversador.

11 mar 2014

¿Existe una cultura europea?

¿Existe una cultura europea? Si la respuesta fuese afirmativa ¿Cómo definirla o describirla? En este momento en que la construcción de una unión europea parece imparable (a pesar de la crisis y porque al superarla es de prever un salto adelante) estas preguntas son pertinentes.

Cuenta la mitología clásica que Europa era una princesa fenicia, semita según nuestros esquemas etno-históricos de hoy, que fue raptada por Zeus. Se había mostrado ante ella como un manso toro blanco, pero tan pronto la ingenua muchacha se encaramó confiada en su lomo emprendió la carrera que ya no detuvo hasta llegar a Creta.

29 dic 2013

Ocio y negocio. El mito de la laboriosidad catalana y la holganza andaluza

Los latinos utilizaban el término negotium, que es la negación de otium (ocio), para expresar un quehacer o trabajo. Recurrir a una expresión negativa no es una casualidad sino el reflejo de una cultura que entendía propia de esclavos y libertos cualquier actividad productiva. En el otium se educaban las clases poderosas, como en Grecia, y de él salieron desde tantos logros del arte o la filosofía hasta las empresas militares que construyeron un imperio. El cristianismo no cambió nada al introducir la idea del trabajo como castigo por el pecado original.

9 dic 2013

Aniversario

He echado cuentas y resulta que he vivido ya algún año más con la Constitución que con Franco, eso sin contar los tres años cruciales en que se fraguó el nuevo régimen (75/78). Se repartan como se repartan lo cierto es que ya pasé el ecuador. Es una satisfacción poder decir que he vivido más tiempo a este lado que a aquel otro.
En tiempos del padrecito, que se autoproclamó caudillo, me agobiaba la idea de no vivir nunca la democracia, de pasar el resto de mis años en la indignidad del autoritarismo. Pero, todo pasa y también pasó el tiempo de la dictadura. Lo expreso de modo impersonal porque sinceramente creo que la voluntad consciente de las personas no fue decisiva. Hubo esforzados que arriesgaron su libertad y su vida, algunos las perdieron, y con su acción empujaron el proceso, pero fueron demasiado pocos. Lo cierto es que si se produjo una transición es porque el impulso decisivo para el cambio provino desde dentro; si hubiera venido de fuera se habría producido la ruptura.

16 nov 2013

Desenterrando la Biblia

Los cinco primeros libros de las Sagradas Escrituras, que los cristianos llaman Pentateuco y los judíos Tora, contienen el germen de las tres religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo e islamismo). Son sin duda los escritos que han ejercido una mayor influencia en la historia de la humanidad, considerando que los evangelios y el Corán son algo así como la ampliación y actualización de la revelación, según cristianos y musulmanes. Muchos millones de personas creen todavía hoy que han sido inspirados por Dios y que, por tanto, encierran las verdades fundamentales que han de guiar la vida de los hombres. Sin mencionar que han constituido la médula ideológica en torno a la cual se han levantado dos grandes civilizaciones, la cristiana y la islámica

10 nov 2013

Perdiendo el control

El despuntar del capitalismo (baja Edad Media) fue temprano y su arraigo lento, difícil y paulatino, aprovechando las contradicciones del anterior sistema y formación social (feudalismo).
 El poder de los monarcas sólo podía crecer a costa de los nobles, auténticos beneficiarios del feudalismo, pero también principales sostenedores de la monarquía. Para ello los reyes tuvieron que buscar financiación allí donde había dinero: las ciudades (burgos), hogar de la burguesía. El proceso de pactos, complejo, accidentado y titubeante acabó convirtiendo, al cabo de unos siglos, a la nueva clase en protagonista de una revolución que acabaría con las monarquías y todo el sistema feudal.

17 oct 2013

La humanidad vista desde el aire

Misha-Godin. Multitud
Vista desde el aire la humanidad semeja un gigantesco hormiguero. Decía Saint Exupery que esa era la razón por la que es difícil encontrar un piloto amante de la democracia. En realidad el escritor francés tenía una cierta querencia hacia posiciones aristocráticas (era de familia noble) y el mismísimo de Gaulle  le tachó alguna vez de germanófilo, lo que en aquel momento venía a significar fascistófilo (perdón por el palabro). Quizás fueran esas las razones y no la altura. En otro lugar he leído que cuando se conoce al hombre (las personas) en la distancia corta y uno por uno es imposible tener confianza en el porvenir de la humanidad o del  mundo que la soporta. Alejándose o acercándose parece que siempre es demasiado fácil encontrar excusas para desconfiar  del género humano. Sirva de guinda aquella tontería a la que puso música un famoso cantante: «Quisiera ser civilizado como los animales».

14 ago 2013

Islam y democracia


El cristianismo (a la fuerza ahorcan) se ha retraído al ámbito privado y de la conciencia individual, de forma que la sociedad ha podido desarrollar, sin su tutela, un espacio cívico democrático y laico. ¿Es posible esperar otro tanto del Islam?
Las peculiaridades del nacimiento y la evolución histórica del cristianismo en los primeros momentos hizo que se impregnara del pensamiento griego, del neoplatonismo que dominaba la vida cultural de entonces, lo que le dotó de un sustrato filosófico que constituyó el entramado de sus complejidades dogmáticas. Rodeado de cultos que habían desarrollado rituales igualmente complejos y ricos, se benefició de ellos, incorporándolos con adaptaciones más o menos importantes. Todo ello añadido a la tradición cultual judía de la que formó parte en los primeros tiempos. Durante al menos cuatro o cinco siglos, periodo de definición y de diferenciación respecto del judaísmo, el debate filosófico fue intenso.

29 jul 2013

El cura Meslier. Un ateo en la sacristía

Se suele achacar a la presencia asfixiante de la Inquisición la falta de pensamiento científico y aún de pensamiento crítico en general en la España de hace unos siglos. Pero tal idea tiene todo el aspecto de autojustificación endeble o de mentira piadosa. Más bien, la anómala supervivencia del tribunal del “Santo Oficio” en nuestro solar (hasta bien entrado el S. XIX) se podría explicar por la falta o inconsistencia de un pensamiento racional generalizado en las élites, para lo que, a su vez, habría que buscar condicionantes socioeconómicos en nuestro peculiar devenir histórico. Sea como sea, lo cierto es que mientras en otros rincones de Europa la Ilustración rompía con los esquemas tradicionales de pensamiento, en nuestro país apenas si se intentaba cierta lucha contra las supersticiones más burdas o se pretendía difundir la enseñanza de algunas ciencias útiles. Todo eso sin poner jamás en cuestión los fundamentos ideológicos (filosófico-religiosos) ni, por supuesto, políticosociales del sistema. Un Voltaire o un barón de Holbach no hubieran tenido lugar entre nosotros, no ya porque los poderes religioso-políticos los hubieran acallado, sino porque ni siquiera hubieran nacido o prosperado en un caldo de cultivo tan poco estimulante.