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25 oct 2020

Memoria e historia

 



Cuenta el neurólogo Oliver Saks1 que recordaba cómo de niño, llevado de la mano de su padre, caminaba por las calles del Londres bombardeado durante la guerra, sorteando escombros y envuelto por el olor a quemado que desprendían los restos de los incendios. Lo curioso del caso es que comentándolo con unos familiares le aseguraron que sus padres lo habían llevado fuera de Londres antes de los bombardeos y habían permanecido lejos de la ciudad durante toda la guerra. Era un recuerdo falso, fabricado en su cerebro sabe dios con qué estímulos y por qué necesidades. Y es que la memoria es así de leal con nosotros acudiendo a nuestras demandas y así de desleal con la realidad. Crea recuerdos, borra otros, modifica, transforma, embellece… Nuestra memoria es el pasado pero acomodado a las necesidades del presente: es el pasado que necesitamos, no nuestra historia.

Por eso la polémica y, de hecho, ya decaída ley de Zapatero denominada de la memoria histórica es un oxímoron, desde un punto de vista lingüístico encierra una contradicción en los términos: si es memoria no es historia. La memoria es pura subjetividad, la historia, en cambio, para merecer tal nombre, ha de buscar con ahínco la objetividad. Claro está que la memoria puede ser utilizada como fuente de la historia pero nunca sin contrastar y sin una crítica minuciosa y delicada. Después del parón que sufrió dicha ley durante los gobiernos del PP Sánchez la vuelve a resucitar en una secuela: Ley de la Memoria Democrática, de la que, es de agradecer, desapareció el término histórica. Comprendo la necesidad de ambas leyes y comparto, con matices, su oportunidad y alcance, pero me pronuncio por no usar el nombre de la historia en vano.

En vano y con alevosía se hace uso de la historia desmontando o atacando monumentos a Fray Junípero Serra2, Cristóbal Colón3 o Hernán Cortés, cambiando nombres del callejero o exigiendo disculpas públicas a un Estado por acciones de hace quinientos años4. El pasado que queremos, necesitamos o nos conviene no es la historia. En ¡Colón al paredón!, Letras Libres, Christopher Domínguez concluye su interesante artículo con esta reflexión:

Uno de los grandes logros del siglo XXI, el poner a los derechos humanos en el eje de la filosofía moral, se convierte, al aplicarse retrospectivamente, en la sustitución de la historia por la beatería de los poderosos, sean los talibanes o se trate de la izquierda conservadora que gobierna en México. En el fondo, quien dinamita los budas gigantes de Bamiyán o esconde la estatua de Cristóbal Colón responde, en proporciones hasta ahora distintas, al mismo principio, el del fanatismo.

Al Cesar lo que es del Cesar… y a la Historia lo que es de la Historia. El totum revolutum con que algunos espabilados nos presentan la política y la Historia sólo nos puede conducir a un sueño de la razón, que satirizara Goya, de nefastas e imprevisibles consecuencias.

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1 El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Saks, Oliver. Anagrama. 2008.

2 En junio de este año fueron dañadas varias estatuas de Fray Junipero en Los Ángeles.

3 La jefa de gobierno de la Ciudad de México mandó retirar en la víspera del 12 de octubre, la estatua de Cristóbal Colón del Paseo de la Reforma.

4 El presidente de México López Obrador ha demandado del gobierno de España que pida perdón por la conquista de México, aprovechando la celebración del quinto centenario.

 

20 jun 2019

GANANDO TIEMPO

Estoy un tanto perplejo con la inactividad de Pedro Sánchez tras su victoria electoral. Puede ser una percepción torcida por mis prejuicios sobre el personaje, eso que llaman los expertos sesgos cognitivos, pero lo comparo con su predecesor después de que aquel ganara sus últimas elecciones y no aprecio ni un ápice de mayor diligencia por confeccionar un gobierno viable, si acaso un punto menos, aunque era Rajoy el que gozaba de fama de vago, de sentarse a verlas venir. En los debates mediáticos que tratan el asunto a diario durante horas interminables oigo a algunos periodistas áulicos justificar la inacción del presidente in pectore, o en funciones, como una estrategia para “ganar tiempo”, y mi confusión crece: “ganar” o “perder” el tiempo ¿Cuál es la diferencia? Seguramente dependerá del punto de vista, como tantas cosas.

Hemos visto como después de un largo impasse Sánchez se ponía en movimiento, por un instante, recibiendo en la Moncloa a algunos líderes (los no manchados por la incorrección política a la moda, que hoy excluye a Podemos, incluye a Vox y mantiene una sospechosa ambigüedad con el secesionismo). La sorpresa es que lo ha hecho como el Rey, como un acto protocolario, un ritual de cara a la galería, no un intento real de cotejar intereses encaminado a la formación de gobierno, para, a continuación, ensimismarse otra vez en la meditación ¿ganando tiempo? ¿perdiendo el tiempo?. Como de esas reuniones no salió nada, entre otras cosas porque él nada ofreció, salvo la predicción de la tranquilidad de espíritu de que gozarían si le permitían gobernar, da la impresión de que sólo quería justificarse ¿Para qué? Eso es lo que asusta, que no lo sabemos… tanto si él bien que lo sabe, como si él tampoco lo sabe.

Desde que se conocieron los resultados de las elecciones generales–autonómicas– locales–europeas me pareció que la clave para una primera evaluación del complejo evento estaba en Navarra. Ya comienzan a revelarse consecuencias y no pintan bien (entendiendo por no pintar bien la consolidación de los secesionistas en el poder navarro). Un servidor piensa que el mayor peligro que puede sufrir un país es que cada vez más ciudadanos pongan en cuestión su integridad territorial, y la expansión del secesionismo, descarado en Cataluña (no en el pasado), soterrado y silencioso en el País Vasco (en el presente) muestran que eso es lo que está ocurriendo. No olvidemos que la presión del nacionalismo vasco logró colar en la Constitución un artículo (Disposición transitoria cuarta) que permite la anexión de Navarra a Euskadi y que si eso ocurriera haría por fin viable la independencia del País Vasco, hoy problemática por su exigüidad territorial y demográfica. Entonces veríamos donde quedaba la “prudencia” y el “buen hacer” del PNV, el partido kalós kai agazós (καλός καί ἀγαθός) de nuestro panorama político, según el papanatismo mediático mayoritario.

Navarra nos revela el camino que seguirá Sánchez si no me equivoco demasiado: demonización de las “tres derechas” (ninguna de las cuales ha puesto en cuestión la Constitución, la existencia de España tal y como la conocemos/disfrutamos/padecemos, ni el proyecto europeo); aproximación a populistas de izquierda y secesionistas (todos los cuales han cuestionado la legitimidad democrática de la Constitución y la integridad territorial del Estado, y, algunos, la UE por capitalista); justificación ante el partido, que lo defenestró hace nada por lo mismo (la querencia hacia el populismo izquierdoso y el secesionismo), y justificación ante sus votantes, abducidos o perplejos (en todo caso pasmados), con la escuálida entrevista que mantuvo con los candidatos a opositores o aliados. Y aquí habrá que reconocer que, por las razones que sean, porque son más tontos que él, porque les cogió con el pie cambiado, porque absortos por intereses a corto no ven el horizonte, por lo que sea, repito, se lo han puesto muy fácil, especialmente Ciudadanos, cuyo futuro, me temo, se jugó en esta mano.

Ganar o perder tiempo, esa no es la cuestión.

23 may 2017

El nuevo Montecristo

Nos creemos libres porque desconocemos las causas de nuestro comportamiento, según nos reveló Espinoza, allá por el XVII, y luego (S. XX) Freud al afirmar que lo que deseamos es siempre fruto de impulsos inconscientes, es decir, al mostrar las causas. El caso es que nunca sabré con exactitud por qué no me gusta Pedro Sánchez, quiero pensar que, precisamente, porque se deja llevar por pulsiones subconscientes que eluden la racionalidad, pero lo mismo podría decirse de mí al desplegar esta emoción, que yo veo y justifico como conclusión de un análisis inteligente. Mientras alguien no me diga algo definitivo sobre este enredo lo dejaré aparcado en el frontispicio de este escrito como prueba de mi honestidad intelectual. Dicho lo cual vamos al lío.

25 ene 2016

En funciones

La rutina del turno nos había ocultado otra disfunción constitucional que acaba de saltar a la palestra tan pronto se ha descompuesto el paso a dos habitual. En las constituciones similares y próximas a la nuestra la designación por el jefe del estado de un candidato no obliga a éste a presentarse ante el parlamento hasta que haya logrado apoyos suficientes; si no los consigue renuncia. En la nuestra la designación obliga a presentarse y a que empiecen a correr plazos, convirtiendo el rechazo de la cámara en la escenificación de un fracaso. Es lo que ha intentado evitar Rajoy con su espantada. Naturalmente Pedro Sánchez podría hacer igual, con lo que entraríamos en un bucle idiota. Quizás los padres de la constitución (putativos y biológicos, por si no fueran los mismos) estaban tan obsesionados con el turno que ni siquiera contemplaron la posibilidad de que se podía desarticular alguna vez y, entonces, con este texto habría dificultades. Una razón más para la reforma.