El siglo XX comenzó con la gran oportunidad de la utopía
comunista (1917), definitivamente derrumbada a principios de los noventa, y ha
terminado con la muerte de Fidel Castro,
símbolo de la utopía caribeña que vivió con respiración asistida desde la
crisis de los misiles y en franca agonía desde los 90 —la revolución viajaba
del septentrión al trópico pero prendiendo con credibilidad sólo en la
periferia del sistema—. Únicamente la supervivencia del Comandante permitía,
por el valor de los símbolos, considerarla viva aún. Los comunismos asiáticos
son zombis que mueven a temor y a risa, como es propio de estas fantásticas criaturas,
pero nadie en su sano juicio los vería como portadores de una promesa
liberadora e igualitaria.
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1 dic 2016
26 sept 2014
¿Retroprogreso?
Hay muchos que no creen en el progreso o dan a
la evolución (positiva) que se esconde en el vocablo un sentido negativo. No es
nada nuevo, ya en la Grecia de finales del siglo IV a.n.e., seguramente como
reacción al progreso material y cultural del momento, surgió una escuela de
filósofos llamados cínicos que vivían según la naturaleza despreciando los
bienes de la civilización, de ahí su nombre (κύων kyon: ‘perro’; kynikon: perruno, que viven como
perros). Por otra parte, los mitos de la edad de oro o del paraíso perdido
sintetizan la historia humana como una regresión brutal e irreversible.
11 sept 2014
Cambiar de escenario
El fin de la historia se ha proclamado o se ha anunciado muchas veces. La de Fukuyama a finales del siglo pasado, en la que proclamaba al neoliberalismo –la última utopía− como el agente clausurador, sólo ha sido la más reciente1. Todas, incluidas las utopías religiosas, anuncian el fin del movimiento para el momento de su triunfo, a partir de entonces el cambio se convierte en estúpido descarrío, o en simple imposibilidad. El establecimiento de la utopía reclama la quietud, el fin de la historia.
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