30 jun. 2014

Ayunos

Comienza el Ramadán para los musulmanes. Implica treinta días de ayuno riguroso de sol a sol. Siempre me sorprendió la inclinación de las religiones (o las iglesias) a establecer tabúes alimentarios, regulaciones a veces prolijas sobre los hábitos en la alimentación, como ayunos, abstinencia de determinados alimentos de forma temporal o permanente, y hasta las técnicas en la manipulación y preparación de los permitidos.

El ayuno es, y sobre todo ha sido, una práctica común. En el mundo cristiano ha ido perdiendo vigencia hasta casi desaparecer, pero en la Edad Media llegó a ocupar ritualmente, junto con la abstinencia de la carne, bastante más de cien días al año. Esporádicamente el ayuno ha sido utilizado por gentes piadosas como práctica penitencial y también como método de purificación: la escisión de la persona humana en dos entidades, espiritual y corporal (presente en todas las religiones), ha llevado a los creyentes a fantasear un conflicto o antagonismo entre cuerpo y alma en el que aquel ha llevado las de perder por sus necesidades materiales, que se presumen de baja condición. La idea recurrente es que el ayuno ayuda a meterlo en cintura. Leña al mono. Al fin y al cabo el cuerpo forma parte del reino animal.

23 jun. 2014

Inviolables y aforados

En el Antiguo Régimen la nobleza de sangre que constituía una oligarquía en la que se fundamentaba la monarquía gozaba del privilegio de no ser encausada más que por sus iguales, escapando así a la jurisdicción de los tribunales ordinarios. Aquella sociedad no estaba basada en el principio de la igualdad y los privilegios no se veían como injustos sino como la concreción jurídica de una desigualdad cuyas raíces estaban en la voluntad divina. Nadie creía en una sociedad igualitaria que se percibía como una perversión política y el camino más rápido para desembocar en el caos.


Pero nada es permanente y los cambios económicos acabaron por dinamitar las que se consideraban sólidas estructuras sociales.

16 jun. 2014

Información y espectáculo



Nunca sabemos las consecuencias a medio y largo plazo de los cambios que vivimos. Lo normal es que nos inquieten, aunque sólo sea porque amenazan un equilibrio −así percibimos la realidad  que transitamos− sin garantía de mejora. Eso explica la existencia de críticos en cualquier época histórica contra un presente que escapa de las manos como agua, nostálgicos de un supuesto pasado dorado, estable o virtuoso, y recelosos de un futuro que no se comprende. Aquel «Cualquier tiempo, pasado, fue mejor» del poeta (tradicionalmente mal leído como «Cualquier tiempo pasado fue mejor») lo expresó con concisión y profundidad líricas.

9 jun. 2014

Fundamentalismo democrático

Cada creencia, cada doctrina o ideología tiene su fundamentalismo. El vocablo comenzó a usarse en su valor actual en USA, a principios del XX, para designar a los que defendían la interpretación literal de la Biblia. Hoy se ha producido un trasvase en beneficio mediático del islam, de cuyo ámbito proliferan noticias sobre grupos radicales que nos impactan cada día con noticias truculentas sobre violación de derechos con la coartada de la palabra de Dios, los hechos del Profeta o la tradición. Pero el fenómeno no se restringe al ámbito religioso, cualquier doctrina, cualquier ideología tiene su fundamentalismo. Su secuencia es simple: nos oferta una versión, de lo que sea, pura, radical y sin fisuras, cuyo brillo debería inducirnos a la aceptación, para, después, pasar, sin más, a la imposición, si es que hemos sido tan cerriles como para caer en la duda o el rechazo. Todo ello, ignorando esa difusa, es verdad, pero imprescindible virtud que denominamos sentido común y que nos conduce a la no menos brumosa, pero deseable y ejemplar actitud de la moderación.

4 jun. 2014

Monarquía o república. El sueño de la razón...

Discurría Carrillo, en los primeros tiempos de la transición, que el dilema no era entre monarquía o república sino entre dictadura o democracia. Tenía que convencer y convencerse de que había que renunciar a algún principio si se quería que el partido estuviera presente en la arena política de aquel momento decisivo. Estos días, casi cuarenta años después, he leído un artículo de J. Cercas en el que escribe que ahora “el dilema real de este país no es el que obliga a elegir entre monarquía y república, sino el que obliga a elegir entre mejor o peor democracia”; sin que se sepa muy bien por qué tendríamos que renunciar a “mejor democracia” optando por la república.  En el primer caso, yo mismo lo asumí como pensamiento guía de mi activismo político de aquellos días. El de Cercas hoy me coge con más costra y, sinceramente, me resbala. Ahora estoy firmemente convencido de que la racionalidad nunca debe ser aplazada por argumentos coyunturales, de oportunidad, de esos en los que se emplea el manido y sospechoso “ahora no es el momento”.