14 ago. 2013

Islam y democracia


El cristianismo (a la fuerza ahorcan) se ha retraído al ámbito privado y de la conciencia individual, de forma que la sociedad ha podido desarrollar, sin su tutela, un espacio cívico democrático y laico. ¿Es posible esperar otro tanto del Islam?
Las peculiaridades del nacimiento y la evolución histórica del cristianismo en los primeros momentos hizo que se impregnara del pensamiento griego, del neoplatonismo que dominaba la vida cultural de entonces, lo que le dotó de un sustrato filosófico que constituyó el entramado de sus complejidades dogmáticas. Rodeado de cultos que habían desarrollado rituales igualmente complejos y ricos, se benefició de ellos, incorporándolos con adaptaciones más o menos importantes. Todo ello añadido a la tradición cultual judía de la que formó parte en los primeros tiempos. Durante al menos cuatro o cinco siglos, periodo de definición y de diferenciación respecto del judaísmo, el debate filosófico fue intenso.
Como en toda religión su espacio era la sociedad (por mucho que se diga, no se entiende la experiencia religiosa circunscrita al ámbito de la conciencia individual; no hay religiones individuales; la experiencia religiosa individual se socializa o desaparece sin dejar huella). La naturaleza colectiva del culto y las peculiares circunstancias históricas le permitieron hegemonizar el ámbito ciudadano donde quedó amalgamada con las prácticas políticas. Durante siglos religión y política o vida ciudadana fueron inseparables, y hasta indistinguibles.
Pero las contradicciones surgidas entre personal religioso (clero) y político (jerarcas laicos) generaron primero el debate sobre las dos ciudades (Agustín de Hipona, S.V). Después el conflicto Pontificado - Imperio (S. XII), que duró generaciones convertido en guerra abierta. Por último la separación de la Iglesia y el Estado (tras las guerras de religión (S. XVII), el regalismo (XVIII) y la revolución burguesa), lo que finalmente fue posible porque la sociedad laica se había ido dotando, en el transcurso de estos hitos, de armas ideológicas (Humanismo, Ilustración) con las que alzar su autonomía.
Hoy podemos proclamar que la religión debe retraerse al ámbito de lo privado y de la conciencia: 1) porque literalmente se arrebató a la iglesia la hegemonía y el poder que ejerció sobre la sociedad entera, como se ha descrito; 2) porque el cristianismo se dotó de una riqueza cultural y filosófica que puede satisfacer las conciencias sin más.
Pero ¿Qué ocurre con el Islam?
Las religiones del Libro, que dicen los musulmanes, no son tres religiones sino tres aspectos de un mismo fenómeno; sólo la evolución histórica las fue decantando como cultos diferenciados.
La obra del Profeta consistió en la adaptación del mensaje judeocristiano a las peculiaridades de las gentes que poblaban las estepas y desiertos arábigos, como el cristianismo había sido la adaptación del judaísmo al mundo grecorromano. Ahora bien, lo que necesitaban aquellos pastores nómadas era un mensaje simple y transparente, un ritual sencillo y, sobre todo un código de conducta individual y colectiva que los llevara del caos tribal al pueblo vertebrado.
Así pues, El Corán, supuesta trascripción fiel de las prédicas de Mahoma, devino un código civil y manual de conducta, desnudo de proposiciones filosóficas o dogmáticas, sustituidas por incesantes invocaciones a un dios omnisciente, bondadosos, justiciero, omnipresente…, así como innumerables citas de las Sagradas Escrituras, no siempre fieles con los textos judíos o cristianos.
La pobreza cultural de los pueblos del desierto permitió una adaptación perfecta al nuevo credo, que tuvo un éxito notable desde los primeros momentos. Sin embargo, difícilmente se podría explicar su expansión posterior de no haber mediado otros factores. El cristianismo se debatía en la polémica trinitaria, que levantaba en Oriente una fuerte controversia. Al mismo tiempo que algunas provincias bizantinas (Siria) caían bajo el dominio de clanes árabes (S. VII), los numerosos sectores unitarios, a los que repugnaba la idea trinitaria, fueron  decantándose en el Islam que acabó por integrarlos y absorberlos. Seguramente esto posibilitó su instalación desde Oriente Medio a los Pirineos en mayor medida que la conquista militar, hoy en entredicho en algunos medios historiográficos.
La nueva doctrina empezó pronto a fragmentarse, pero por razones de legitimidad de algunas tradiciones o líderes, no de filosofía teologal, reducida a la mínima expresión y reemplazada por cuestiones morales, de derecho y de organización social, como se ha dicho, que se convirtieron en medulares (Jomeini: "El Islam o es política o no es nada"). La falta de conceptos y estructuras cívicas que vertebraran la vida ciudadana fue  suplida por la religión.
El cristianismo se había superpuesto sobre el Estado, lo penetró y se fusionó con él, sustituyéndolo incluso en los momentos más bajos. Pero eso permitió que con el resurgir del concepto de Estado en el Renacimiento, fuera posible su depuración y la disociación final de los ámbitos religioso y cívico. En el Islam, en cambio, no existe más tradición cívica que la que aportó la religión. Aunque se extendiera después por territorios más romanizados, su reducción al modelo originario, árabe, que en ese momento era allí el exitoso, fue lo natural. Al tiempo las cuestiones de organización cívica se convertían en postulados de fe. Mal asunto para avanzar en el terreno de la laicidad.



3 comentarios:

jaramos.g dijo...

Lo primero, saludarte al regreso de las vacaciones. Lo segundo, alabar este primer artículo de mi "rentrée". Extraordinario, como todos. Lo tercero, anotar la casualidad de que hace unos días intenté, en vano, "discutir" con un musulmán sobre lo nocivo que es para el avance de la sociedad independizarse de la religión. No lo entendía: estaba él seguro de que el Corán es la norma de vida en cualquiera de sus aspectos. Cuarto, he leído estos días en la red (http://elmed.io/es-compatible-el-islam-con-la-democracia/) comentarios sobre la compatibilidad entre Islán y democracia; yo no estoy muy seguro de que casen bien y fácilmente. Salud(os), amigo.

Aashta Martínez dijo...

Poco se puede esperar de una religión que, entre otras cosas, defiende que las mujeres no pueden conducir porque ello perjudica a sus ovarios y que deben dedicarse a la obediencia y a dar placer al cónyuge...

Aashta Martínez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.