17 dic. 2015

Física, geografía y política

La física tiene reglas inmutables: ningún cuerpo puede ocupar al mismo tiempo el lugar de otro, según la ley de impenetrabilidad, que no requiere mayores explicaciones porque se puede percibir y aceptar intuitivamente sin gran esfuerzo intelectual. En política, por el contrario, parece no haber nada inmutable, pero, así y todo, en la geografía partidaria esta ley se cumple siempre. El feroz combate por el centro que se libra entre todos los partidos que aspiran en serio a conquistar el poder es demostración palpable.


El panorama de la izquierda en España revelaba un centro izquierda ocupado por el PSOE, una izquierda más nítida (IU, antes PCE) y unos grupúsculos en el extremo, numerosos y variopintos. No considero el factor nacionalista que complicaría el asunto ad infinitum. IU era considerada desde el centro como radical, pero como reformista y entreguista desde el extremo. Todo esto es obvio.

El movimiento espontáneo del 15M fue liderado y utilizado como palanca política por algunos de los grupúsculos de izquierda y ciertas personalidades carismáticas que lo han convertido en una opción política ‘normal’, lo que implica ya una voluntad de moderación, para competir por los votos. Lo hizo al principio con un discurso radical y supuestamente novedoso que deslumbró a la juventud (y a cierta ciudadanía senior que fantasea sobre su lozanía intelectual) porque rechazaba la dialéctica política al uso desde la transición, de la que IU alardeaba, hasta ahora, por haber contribuido decisivamente a su construcción. Una vez instalado en el terreno de juego, Podemos, que de esa formación se trata, inició un viaje hacia el centro aunque cuidándose de mostrar siempre por las ventanillas las banderas revolucionarias. No voy a detallar los hitos de esta gran marcha porque está a la vista y aún no llega a término, pero ha sido arrolladora y ha tenido logros importantes. Los radicales que cabalgan Podemos y que antes y durante el 15M criticaban a IU por entreguista, derechista, inoperante y otros pecados, la han adelantado por la derecha sin inmutarse. La consecuencia inmediata es que la candidatura de Garzón, el líder comunista (¿se puede usar todavía el vocablo?) de después de la debacle, es, sin duda, la más nítidamente de izquierdas, lo que, muy probablemente, no la sacará de las arenas movedizas en que ha caído.  El adelantamiento ha convertido a los ‘moderados’ en radicales y a los ‘radicales’ en moderados, por mucho que estos últimos conserven un lenguaje y modos populistas que dan el tono que conviene y ayuda a que no se desenganchen sus primeros seguidores, alentados también por el triunfo que se atisba.

No había duda hasta ahora de que el PSOE ocupaba el centro izquierda: ha demostrado gobernando que no conserva las mínimas veleidades revolucionarias, pero sí que es capaz de reformas sociales, que, teniendo en cuenta la excéntrica ubicación de nuestra derecha, pueden considerarse aceptables. Esa política se correspondía con una actitud de moderación en todos los aspectos. Sin embargo el acoso de Podemos ha empezado a provocar gestos de rigidez radical en sus líderes que anuncian un cambio de actitudes.

Es más difícil suplantar al PSOE en su ubicación que a IU, pero es evidente la vocación de los líderes del nuevo partido, aunque no hay tanto radical de izquierdas para el "asalto al cielo" que anunciara Iglesias: la batalla, como siempre, está convocada en el centro.

¿Qué hacer? La pregunta ya no se la hacen en el staff de Podemos, la tienen superada. No hay más que oír el nuevo tono de voz de su líder, tan parecido al de un solucionador de conflictos, aunque ‘en privado’ siga declarándose marxista. Quizás por aquello de: “Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros”

Ustedes mismos.


1 comentario:

Mark de Zabaleta dijo...

La frase de Groucho Marx es la moderación en estado puro...

Saludos