3 dic. 2015

Los malos son ellos

Los malos y los buenos no están bien distribuidos. Casi todos los buenos están por aquí, a nuestro alrededor, en cambio los malos muestran una extraña preferencia por merodear en otros vecindarios, los del prójimo. Veo Carlos, la serie sobre el emperador con que nos obsequia TVE y me quedo pasmado de la maldad, frivolidad, doblez, estupidez o lujuria de los reyes de Francia o Inglaterra, incluso los papas, en contraposición a la caballerosidad, bonhomía y hasta capacidad para el amor verdadero, de los de España, que apenas si tienen que mejorar en alguna cosilla de poca monta. Hay que incluir a las reinas que aunque sean extranjeras de origen en seguida se contagian de las buenas cualidades del lugar, y si naciendo aquí marchan afuera nunca las abandonan. Viendo la serie no se me va de la cabeza aquella copla que dice: La española cuando besa/ es que besa de verdad… Debería estar en la banda sonora, por lo menos en las escenas con féminas.


Sin embargo por ahí no parecen tener la misma opinión. La visión de la España del XVI, XVII en Europa es tenebrosa. Hemos llamado a esa imagen leyenda negra, sin duda para reducirla al ámbito de la imaginación de gentes que nos quieren mal. Incluso de nuestras mujeres tienen otra opinión, como nos mostró Bizet, bastante tiempo después, es verdad, con aquella Carmen, sembrando el infundio de que a alguna sí que le interesa besar por frivolidad. Difama que algo queda.

Esto pasa cuando ‘nosotros’ somos España, pero cuando somos Europa u Occidente entonces los otros, los malos pasan a ser los asiáticos, los moros, los africanos… Es un fenómeno curioso, de difícil explicación, pero absolutamente incuestionable. Todos ‘nosotros’ sabemos que si Occidente bombardeó, invadió y masacró Irak, arruinando sus estructuras estatales y sociales y avocándolo al caos fue en defensa de valores e intereses superiores, o sea, los nuestros. Todos ‘nosotros’ sabemos que si se reorganizan con los restos del ejército y el Estado desmantelados, se dotan de una ideología anclada en sus raíces y nos replican con tácticas a su alcance, son terroristas. La maldad está donde está.

Pero si cerramos el ángulo de visión, haciendo abstracción de fronteras,  y analizamos lo que ocurre dentro de la sociedad, nos topamos con una imagen no muy diferente. Acabo de oír a una muy reputada locutora de radio comentar la cumbre sobre el clima que se celebra en París: se lamentaba de que tengamos que estar a expensas de las mentes de nuestros mandatarios en las que, al parecer, no cabe la comprensión de la gravedad del calentamiento global. ‘Nosotros’, los ciudadanos comunes, sí que estamos al cabo de la cuestión, no esos políticos que sabe Dios qué turbios intereses les mueven.

Sin duda, la naturaleza o Dios, como queráis, no nos vamos a pelear por eso, nos ha regalado una maravillosa válvula de escape, un chivo expiatorio para redimir nuestros pecados que no tiene precio: los otros, sean ingleses, franceses, moros, políticos… los otros, ellos, los malos. 

2 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Muy bien contemplado....

Saludos

jaramos.g dijo...

Oportuna y acertada reflexión. Personalmente, creo que no es fácil llegar a una visión y mantenerse equiditante del victimismo ("la culpa la tienen los demás") y la autoinculpación sistemática. Dependiendo de los protagonistas, del asunto, de las circunstancias, etc., las personas oscilamos y vamos de un extremo a otro. Con mucha frecuencia me abstengo de buscar al culpable de bastantes acaecimientos, aun a sabiendas de que es una postura harto cómoda. Salud(os).