Dicen los diccionarios que politiquear es hacer política con
superficialidad o en beneficio propio, y también hacer política de intrigas y
bajezas. Eso es lo que nos harta, el polítiqueo, no la política. La tentación
es fuerte y podríamos decir que pocos, muy pocos políticos, se han mantenido
siempre ajenos a las tácticas y estratagemas del polítiqueo; la carne es débil.
Es decepcionante en cualquier caso, pero resulta insoportable cuando es la
regla y la excepción la política. En esas estamos. Extraer un gramo de política
de un océano de politiqueo es tarea ardua, pero es lo que nos toca cada vez que
intentamos un análisis honesto de las acciones e intenciones del mundo de la
cosa pública.