15 abr. 2016

La batalla de Podemos

La batalla de Podemos no se libra contra la derecha sino en el seno de la izquierda. El objetivo a abatir es el PSOE, como lo fuera el intento fallido de tiempos de Anguita. Están en su derecho si están convencidos, como parece, de que el liderazgo socialista hace más daño que otra cosa y ya se prolongó demasiado. Me atrevería a decir, incluso, que la prepotencia y soberbia de que hacen gala algunos de los dirigentes de la nueva formación no desmerecen de las que usó el PSOE en el trato con los que se situaban a su izquierda, desde los comienzos de la Transición hasta ayer mismo, cuando se veían a sí mismos como la única izquierda y a los demás como payasos. También es cierto que desde el primer momento de acceder a la Moncloa en los 80 emprendió una política de asunción del neoliberalismo, como algo inevitable, y de alineamiento estratégico, en lo que quedaba de Guerra Fría, que contradecían los presupuestos del discurso con los que había accedido al poder. Que a posteriori sea valorado este rumbo como acierto o error dependerá de la ideología del observador; que sea considerado una traición o no, del papel que asignemos a los partidos (pedagógico, de liderazgo o sólo transmisor de una supuesta voluntad popular); en todo caso, en los comicios subsiguientes siempre se pueden exigir responsabilidades, y lo cierto es que sólo apareció una contestación significativa después de 2010  con la crisis económica.


La insistencia de Pedro Sánchez en las llamadas a la puerta de Podemos producen un poco de vergüenza ajena, desconciertan a la clientela socialista y sorprenden a los demás porque parecen dar por sentado que unas posibles nuevas elecciones arrojarán peores condiciones para el PSOE. Por su parte Podemos combate los malos presagios, para ellos también, con el acercamiento a IU, desfondada y desmoralizada, de la que espera obtener, si al final se dejara, y todo parece indicar que así será , más de un millón de votos. ¿Se cumplirá así el sueño del sorpasso?

A mi modo de ver la cuestión no es si se producirá o no sino para qué.
Un PSOE con perfil socialdemócrata, aunque con veleidades liberales y simpatías pro norteamericanas, ha conseguido seis legislaturas frente a las cuatro del PP. Con ellas se construyó un Estado del bienestar modesto pero sólido y una modernización impensable una generación anterior  ¿Podría hacer otro tanto un Podemos con un perfil difuso que va del leninismo, pasando por el trostkismo a un populismo postmoderno de genética sudamericana, con el que pretende camuflar un look ya rancio, y del que ignoramos sus objetivos, seguramente, pensando bien, porque no han sido capaces de definirlos?

Un tal liderazgo de la izquierda, que, en el mejor de los casos, difícilmente podría gobernar alguna vez fugazmente, no mejoraría la situación actual. Por supuesto cuando se nos pasara la indignación que indujo la crisis, no sabríamos que hacer con él y el fiasco lo pagaría la izquierda en su conjunto que correría el riesgo de quedar arrumbada en el baúl de los recuerdos, con un socialismo jibarizado y una izquierda radical incapaz de tocar poder de modo significativo, como siempre.

¿Entonces?

3 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Muy buen artículo...

Carlos F. Asís Campos dijo...

Pues entonces hay que pensar y votar por el mal menor. Prosaico, sin duda, pero es que la política es así. Y el que piense otra cosa lo lleva claro.

Arcadio R. C. dijo...

Gracias por tu visita.
Ser práctico nunca es desacertado y menos en política.
Saludos.