14 jul. 2011

El bipartidismo en solfa

El último cuarto del siglo XIX fue el de la fundación y consolidación de la Restauración un régimen con el que su creador, Cánovas del Castillo, pretendía superar los balbuceos políticos en que se había enredado el país desde la década de los 30. Lo hizo imitando al Reino Unido, que contaba con el sistema parlamentario más antiguo, pero que había evolucionado hacia fórmulas modernas sin sobresaltos revolucionarios ni reacciones violentas. No tuvo en cuenta que el sistema social británico nada tenía que ver con el español, o quizá pensó que el sistema político acabaría configurando al social. El caso es que la imitación quedó sólo en las formas dando lugar a un engendro en el que para mantener el turno de partidos (el bipartidismo se consideró la clave de la estabilidad de que gozaba la isla) se falseó la práctica electoral y la corrupción política se convirtió en el eje del mecanismo. Fue entonces (1879) cuando nació el PSOE aunque no lograra un escaño en el Congreso hasta 1910, en parte porque como partido obrero, marxista y revolucionario quedaba fuera del sistema. Como sabemos la Restauración acabó mal, en una dictadura que, sin quererlo, abrió las puertas a la 2ª República, como el caos de la 1ª se las había abierto a ella, una de esas simetrías con que nos suele sorprender la historia.

Inglaterra continuó su bipartidismo turnante sin más alteración que la sustitución del partido whig (liberal) por el Labour party cuando, después de la 2ª GM, llegó la hora de la socialdemocracia. El turno, durante el XIX y parte del XX, fue tan práctico que con frecuencia las leyes progresistas fueron obra de gabinetes conservadores y las reaccionarias de liberales, con lo que se evitaron excesos que invitaran a los sucesores en el turno a la eliminación de lo aprobado para volver a empezar, tentación tan común en otros ámbitos geográficos. Entre tanto el PSOE, como ocurriera con todos los partidos socialistas, templó su marxismo asumiendo el revisionismo (Bernstein) y después lo abandonó (1979); hoy se le acusa de haber abandonado también los principios socialdemócratas (capitalismo con Estado del bienestar), aunque no lo reconozca.

Cuando se diseñaba el sistema de la democracia en la Transición se tuvo miedo de que resurgiera la fragmentación política de la II República, una de las justificaciones del franquismo, y se pusieron trabas a la posible futura proliferación de partidos. Fue un éxito; a una incipiente eclosión de la temida sopa de letras siguió la hegemonía de dos partidos, PSOE, PP (nacido este de la refundación de la AP de Fraga, que recogió a buena parte de UCD, así como el voto de extrema derecha). Curiosamente se hizo realidad el sueño de Cánovas, aquella pesadilla, cien años después

Lamentablemente, con su práctica, hemos descubierto que el bipartidismo no nos va. No somos ingleses ni queremos serlo. En el bipartidismo el PSOE, pese a su deriva ya apuntada, se siente LA IZQUIERDA y no tolera ni comprende nada que se sitúe en ese espacio. IU es para ellos una anomalía sin otra finalidad práctica que apoyarlos en el momento que lo precisen (véase lo sucedido en Extremadura); su máxima preocupación para lograr las mayorías necesarias es capturar el voto difuso y vacilante que llaman de centro (dándole así una dignidad que no sé si merece), con lo que se derechiza progresivamente. La derecha, por su parte, tiene en España, quizá por herencia del franquismo, vocación totalizadora: no le basta con señorear en su ámbito, aspira a hegemonizar la totalidad, de la derecha a la izquierda. Es ahí donde difiere de sus afines europeos y nacionalistas. Por eso pienso que, de la misma manera que a la caída de UCD se produjo un auténtico cambio de régimen, entrando francamente en el bipartidismo, la previsible próxima derrota del PSOE puede generar su achicamiento (¿definitivo?), a la vez que un cierto florecimiento de otras izquierdas (hay estos días una abundante cosecha de manifiestos y propuestas de lo más variopinto), lo que facilitaría el sueño totalizador del conservadurismo. ¿Nos espera un nuevo cambio de régimen con un partido hegemónico, naturalmente el PP, acompañado de una constelación de partidos de izquierdas o nacionalistas incapaces de disputarle el poder, salvo estos últimos, también de derechas, en un par de comunidades autónomas?
 

6 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Muy buen artículo. Es una excelente presentación del panorama político que nos espera...

Saludos
Mark de Zabaleta

Juliana Luisa dijo...

De momento nos espera un partido hegemónico y ello no me agrada...
¿Qué se puede hacer? Me gustaría un partido con la valentía suficiente para corregir las deficiencias del actual sistema económico, deficiencias que todos conocemos, pero a las que ningún partido político quiere enfrentase.
Un saludo

Anónimo dijo...

Al final la mejor izquierda va a ser el viejo liberalismo, en una línea en la que en España son hitos Larra, Clarín, Galdós, Azaña... El PSOE va a menguar notablemente, como toda la socialdemocracia europea. Yo veo un futuro de liberales (UPyD) y conservadores (PP). Y luego la extravagancia terruña de los partidos nacionalistas, los tenemos hasta de izquierdas, como los carlistas-leninistas a los que aludía Tierno.
F.S.C.

jaramos.g dijo...

Excelente artículo. Tal vez un poco más generoso de la cuenta con los partidos PP y PSOE. Me explico: ves aún un cierto contenido ideológico (desdibujado, desorientado, falseado..., como sea, pero lo ves). A mí, en mis cortos conocimientos, se me representan como dos grandes agencias dedicadas a captar votos que les den el poder, con el ideario propio de una empresa como guía. Casi no veo más diferencias entre ellos que las siglas y un distinto talante o estilo. Los demás partidillos, también, aunque los nacionalistas presentan otras connotaciones. Tengo la impresión de que ya no es exacta la denominación "partidos polìticos". Hay dirigentes que utilizan desde hace algún tiempo la expresión "organización" para referirse a su partido. Salud(os).

Anónimo dijo...

De acuerdo con Jaramos.g, últimamente yo he oído hablar incluso de "la marca", refiriéndose tanto al PP o al PSOE; pronto oiremos hablar de "la firma" y al paso que vamos no tardaremos mucho de oirles hablar de "la familia".
F.S.C.

Arcadio R. C. dijo...

Todo está en cuestión en momentos de crisis. La financiera parió la económica y esta la política. La búsqueda de culpables y de causas posibles lo ocupa todo. Yo no sé si saldremos de ella con el concurso de liberales y conservadores y si al final habrenos cambiado la denominación de los partidos. Lo único que se me alcanza es que estamos en medio del torbellino y resulta (me resulta) casi imposible otear en que dirección está el futuro.
Saludos y gracias a los cuatro por vuestra aportación.