30 jun. 2011

Despidiendo a Zapatero

            Lo ha dicho el propio Zapatero, debió pinchar la burbuja. Los errores de bulto de las últimos momentos del segundo mandato Aznar (guerra de Irak, que a los españoles resultaba tan ajena; pésima gestión del atentado del 11M, en la que el interés partidario primó sobre cualquier otra consideración a pesar de la gravedad del suceso), junto con la ilusión que despertaba un candidato que venía demostrando nuevos modos, un etos inusual  en el mundo de la política, produjo el vuelco en la elecciones de aquel 2004, insospechado semanas antes. 
La herencia recibida (no hay ganador que pueda librarse de un hándicap heredado, que, de algún modo, marcará su actuación, aunque sea sólo por rechazarlo, como ocurrió con las tropas en Irak,  que lastró las relaciones con USA durante años), la herencia recibida, digo, incluía una brillante situación económica, al menos en apariencia, que situaba al país en cotas macroeconómicas y escenarios vitales jamás vistos. Recuerdo que la llegada al gobierno de Felipe González, muchos años antes (1982), lo enfrentó a una traumática operación económica que recibió el nombre de reconversión industrial, consistente en la práctica liquidación de la industria básica creada durante la autarquía y el desarrollismo de los sesenta, que a esas alturas se demostraba inviable, y el desmantelamiento de las estructuras empresariales estatales igualmente procedentes del dirigismo franquista, dadas las necesidades de modernización (liberalización) de la economía, entre otros motivos por las aspiraciones de integración en Europa. Fue una operación valiente que le valió el enfrentamiento con los sindicatos, con lo que eso suponía para un partido socialista, y la profundización en el abismo del desempleo. Decisiones Imposibles para un socialista de no haber tenido la fuerza de liderazgo que supo mantener Felipe González. De todas maneras no se destruyó una situación boyante, la UCD no había logrado que el país levantara cabeza económicamente de modo significativo, aunque sí alejar la catástrofe que nos sobrevoló en los años setenta.

Por el contrario Zapatero se encontró con un país próspero que crecía a más velocidad que la media de Europa, lo que le permitía ir ganando posiciones en una escalada inédita en la historia española. Todo parecía indicar que se tocara lo que se tocara, la economía era lo único que había que dejar tal cual ¡Craso error! Como González, casi veinte años antes, habría que haber cogido el toro por los cuernos y desmontar las bases de aquella prosperidad, que era falsa, una burbuja que pedía a gritos ser desinflada. No soy un técnico y no sé si aquello se podría haber hecho paulatina y controladamente, pero hoy parece evidente que debería haberse hecho. No se habría evitado la crisis, que no tuvo aquí su origen, pero ¡qué distinta sería nuestra situación ahora!

Soy perfectamente consciente de que decir esto es fácil pero hacerlo es harina de otro costal ¿Quién es el osado que le pone el cascabel a ese gato? ¿Y cómo lo explica? ¿Cómo se vende a la ciudadanía un parón voluntario en la prosperidad, viviendo de donde veníamos, por lo que pueda ocurrir en el futuro? Zapatero no lo hizo y era su obligación. Se arrepiente ahora. El error lo estamos pagando todos con una situación lamentable y lo pagará el PSOE, con toda probabilidad, con la pérdida del gobierno. La autocrítica que empieza a hacer antes de marcharse le honra.

Hay otra cuestión que tendrá que explicar muchas veces o cambiar de argumentos, antes de convencernos a muchos: ¿Por qué no presentó una cuestión de confianza, o dimitió, o convocó elecciones en el momento en que desde la UE y el FMI le presionaban para cambiar drásticamente de política? ¿No era una situación suficientemente grave como para haber dado voz a los ciudadanos, en ese momento, haciendo uso de los recursos de que dispone el parlamentarismo? ¿No habría sido más coherente con los valores que lo llevaron al gobierno? ¿No habría compartido así la responsabilidad en los remedios? ¿No habría demostrado, también así, fe en el sistema de la que tan faltos nos hemos vuelto?
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La ilustración la obtuve en la red sin que haya podido determionar el autor.

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4 comentarios:

Mark de Zabaleta dijo...

Excelente artículo. Muy bien estructurado.

Saludos
Mark de Zabaleta

jaramos.g dijo...

Totalmente de acuerdo con tan interesante y completa exposición, así como con la valoración de los hechos y omisiones. Tan sólo me atrevo a introducir una puntualización: donde dice "Zapatero" creo que es relevante detallar (o entender) "Zapatero y su equipo". Y lo creo porque está llamando ya a la puerta del futuro un componente de ese equipo, corresponsable de lo que tú tan bien expresas. En otro orden de cosas, llevaba ya tiempo con ganas de leer lo que afirmas en forma de preguntas en el último párrafo y que resumo en esta: "¿Por qué no presentó una cuestión de confianza, o dimitió, o convocó elecciones en el momento en que desde la UE y el FMI le presionaban para cambiar drásticamente de política?". Salud(os).

Arcadio R. C. dijo...

MARK. Aprecio tu amabilidad. Un saludo.

JARAMOS. Yo mismo pensé en hablar del equipo, efectivamente, anque me temo que pensando en persona diferente. Sin duda tu te refieres a Rubalcaba, pero yo me hubiera gustado referirme a Solbes, personaje nefaspo que se marchó de rositas cuando la cosa se ponía fea, que nunca fue ni socialista ni economista (aquí seguimos inclinándonos ante los ingenieros como si fueran brujos del saber)y que era el técnico. La responabilidad última es de Zapatero por haber contado con él y por eso lo cité en solitario, pero ya ves que diferimos en esta cuestión.
Eso no es óbice para desearte feliz verano una vez que has superado el complejo abdominal. Saludos

Juliana Luisa dijo...

Estoy totalmente de acuerdo. ¿Por qué en el momento en que la UE y el FMI le presionaron para cambiar drásticamente de política, no explicó a todos lo que se le pedía y o dimitió o convocó elecciones? De momento, sólo él lo sabe.
Sin embargo, ¿qué hacer ahora? Somos los ciudadanos los que tenemos que decidir.Lo que sucede es que no estamos acostumbrados. "Los mercados" se han encargado de que no nos diéramos cuenta de las bases en que estába asentado el modo de vida de que disfrutábamos.
Pero no perdamos la esperanza, a pesar que nos esperan malos momentos.