14 abr. 2010

El extraño caso de los árabes invasores (1)

La investigación de la historia tiene semejanza con la encuesta policial. Frecuentemente nos encontramos inmersos en un auténtico laberinto que nada envidiaría a la más elaborada trama de serie negra. A veces también hay que sacar del archivo donde dormitaban antiguos expedientes que creíamos resueltos, a los que nuevas pruebas, un nuevo enfoque aportado por un audaz investigador novel, lo vuelve a la vida. Algo así está ocurriendo con la manida, archisabida y más que asimilada invasión árabe, a la que ahora empezamos a mirar de través porque cada día nos parece más increíble y de la que si no hemos arrojado a la papelera toda la información es porque empleamos siglos en elaborarla y, para colmo, participaron en ella ilustres investigadores.

Existe hoy una línea de investigación que trata de demostrar o parte de la idea de que los árabes jamás invadieron la Península. Entroncan con aquellos que entienden que la fulminante expansión militar árabe, que en el transcurso de un siglo (VII al VIII) llegaron a dominar del Indo a los Pirineos, es un mito, una leyenda, una falsificación de la realidad, a veces interesada, a veces casual, que encontró un camino propicio para prosperar. Lo que se pone en duda no es la civilización Islámica, hecho incuestionable, sino que un estado fundado por Mahoma –comerciante caravanero y profeta– se expandiera con la rapidez señalada por miles de kilómetros sobre los que sus inmediatos sucesores –un traficante en telas, un comerciante de cereales…– crearan tan vastísimo imperio; contaban para ello con un contingente humano salido de uno de los desiertos más inhóspitos del mundo y cuyo único bagaje cultural, si excluimos su habilidad para utilizar los escasísimos recursos naturales, era una cierta poesía amorosa –que algunos también ponen en duda– y que antes de que los convirtiera Mahoma al monoteísmo con una sabia mezcla de predicación y acción militar, practicaban un politeísmo primitivo, más bien animismo, con una organización social tribal.

El asunto de la invasión (en España) viene encogiendo desde hace tiempo. El primer jarro de agua fría se produjo al conocerse el contenido de las llamadas crónicas bereberes que reducían a cifras minúsculas (no más de 25.000) el contingente de los invasores, descalificándoles como tales. El segundo lo materializó Ortega y Gasset al afirmar lo que nadie se atrevía a decir, que una reconquista de ochocientos años es cualquier cosa menos reconquista; los historiadores respondieron reduciéndola a apenas (nada menos) dos siglos (XI al XIII). El tercero y definitivo lo proporciono I. Olagüe, un historiador “aficionado” que afirmó, con una argumentación sólida y compleja, que los árabes jamás invadieron la península. Fue ignorado durante décadas, pero ahora sus tesis han sido recogidas por historiadores “oficiales” y la cosa ha cambiado sustancialmente.

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Los artículos de la serie:

El extraño caso de los árabes invasores (1)
El extraño c… (2). Quién nos contó el cuento y por qué lo creímos
El extraño c… (3). El cuento
El extraño c… (4). La versión no autorizada
El extraño c… (5). Los sabios indiscretos

2 comentarios:

jaramos.g dijo...

¿Que los árabes no estuvieron en España? ¿Eso es lo que se dice que defienden algunos? Por Dios santo, sólo hay que darse un paseo por Córdoba o Sevilla o cualquier otra ciudad andaluza, por no salirnos del territorio con más evidencias arquitectónicas. O asomarse al vocabulario español. Etc. Etc..

Arcadio R. C. dijo...

Es natural tu reacción, pero la cosa no es ni mucho menos tan simple. Como habrás visto no se trata de negar la islamización ni la arabización, sino la idea de una conquista fulminante por tropas árabes, ni siquiera comandadas por árabes. Respecto al arte también hay mucho que hablar. En todo caso se trata de una tesis que hoy mantienen historiadores serios como González Ferrín de la Universidad de Sevilla.

En post siguientes, dos o tres, aportaré algunas ideas de esta tesis, ya no tan novedosa como pudiera parecer a primera vista.