«Aquí no cabemos todos» es una frase que se ha oído en todas las lenguas peninsulares un montón de veces. No ha habido una etapa de nuestra historia en la que alguien importante, alguien con poder, haya dejado de pronunciarla: seguramente es lo que los romanos les dijeron a los cartagineses, los cristianos a los judíos y a los moriscos, los franceses a los patriotas, los conservadores a los liberales, Franco a los republicanos, los señoritos a los jornaleros… Aquí no cabemos todos. Hacía tiempo que habíamos dejado de oírla y algunos empezábamos ingenuamente a olvidarla cuando llega Alicia Sánchez Camacho (¿quién diablos será?) y la suelta en nombre del PP. Al principio pensé que se refería a las oficinas de la calle Génova (el PP anda tan bien...), pero en seguida comprendí que el espacio en donde alguien sobraba era España y los que estaban demás, vaya por Dios, eran los inmigrantes.
En boca de esta Alicia (nada que ver con la de Carroll) la frase tiene un regusto maltusiano: el inglés hablaba del banquete en el que los comensales crecían más que los alimentos. Caramba, esta chica debió quedarse en primaria porque los de secundaria saben que Malthus erró, la catástrofe que él anunciaba no se produjo; y es que el aumento de la población activa es el más importante factor de crecimiento económico; los que ella piensa que sobran son los encargados de suministrar el condumio en la mesa del banquete. Ya he dado a entender que no conozco la biografía de esta señora (quizás debiera, pero de momento no me urge), sin embargo, imagino que siempre encontró la mesa puesta, si me equivoco, pues que perdone, pero entonces no la entiendo. Bueno, seamos sinceros, sí que la entiendo, lo que ella quiere es decir a la señora que perdió el empleo, al chico que no encuentra el suyo, al obrero que vio cerrar su taller, que si no fuera por los del Este, los del Sur y los del Oeste que pululan por las calles de su barrio, ellos no tendrían problema. Sabe que es falso, pero también sabe que así los halaga y puede que consiga de ellos su apoyo electoral. Los políticos populistas y demagogos son expertos en estas artes; no tienen vergüenza, pero ¿quién ha dicho que para gobernar se necesite semejante cosa?
Si, contra lo que yo suponía, al final se demostrara que, efectivamente, aquí no cabemos todos, quiero hacer saber a la señora Alicia que yo andaba por estos andurriales mucho tiempo antes que ella; a las pruebas me remito.
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En la imagen el camarote de los hermanos Marx transmutado en camarote del PP, pesadilla recurrente de Alicia Sánchez.