La batalla por el libre comercio viene librándose desde el
siglo XVIII. Desde entonces ha sido bandera para unos y aberración para otros,
sin que, hasta el momento, parezca que hayamos resuelto el dilema. Que alabemos
los logros del libre comercio dentro de la UE y en cambio saquemos uñas y
dientes ante el TTIP
(Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversiones), aún en fase de discusión, es
materia digna de estudio porque muestra hasta qué punto el tema está impregnado
de pasión ideológica. Toda la energía movilizadora antisistema, todos los
recursos intelectuales antiglobalización se están trasladando a este objetivo.