En un poema bastante críptico, conservado sólo en fragmentos
citados por otros filósofos de su cuerda o de la contraria, Parménides,
considerado uno de los padres de la filosofía, dijo: «Lo que es es y lo que no
es no es» o «El ser es y no puede no ser» (no confundir con aquella otra
sentencia: «Lo que no pue ser no pue ser y además es imposible» emanada del
círculo taurino, un pozo de sabiduría poco explorado). A primera vista puede
dejarnos perplejos que algo así haya marcado el inicio de la filosofía, pero es
pura metafísica, ciencia que, la verdad sea dicha, nunca sabremos si es o no
es. De hecho otros filósofos la reducen a problemas de lenguaje, y no deben
andar muy lejos del acierto porque el mayor debate hoy sobre la susodicha
proposición es puramente filológico, a ver si donde dice digo dice digo y no
dice Diego; al fin y al cabo estos chicos solían usar el griego jónico-ático de
hace 2500 años, sólo un pelín más inteligible que el lunfardo.