Quizás sea cierto lo que dicen responsables políticos y
algunos progres a la violeta, esta vez de acuerdo, sobre que la religión no es
el móvil de los crímenes del yihadismo; pero, al menos, es la coartada, y hasta
es lícito preguntarse si no está ahí para serlo. No hay acción humana que tenga
una sola motivación. La complejidad de la conciencia y de la sociedad, su
estructura y su evolución, lo impiden. Pero no quitemos importancia al
protagonismo que los propios ejecutores de las fechorías dan a los gestos
religiosos.